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De: Diario Hoy - La Plata
Fecha: 13.2.07


PRÁCTICA MILENARIA QUE SIGUE ENCLAVADA EN MUCHAS CULTURAS

Les mutilan los genitales a dos millones de niñas cada año


Aunque en Occidente es difícil de entender, por lo menos en 28 países africanos, en Medio Oriente y entre inmigrantes que viven en Europa o EEUU, se realiza la infibulación o circuncisión faraónica. Es una operación -habitualmente casera- que consiste en la escisión del clítoris y los labios, y la sutura de ambos lados de la vulva. En Nigeria, por ejemplo, el 90% de las mujeres es sometida a esta intervención, que tiene 5.000 años. Hay cerca de 155 millones de víctimas, y se calcula que a diario se agregan más de 7.000 niñas


Más de dos millones de niñas sufren cada año la mutilación del clítoris o de todos los órganos genitales exteriores, según las organizaciones humanitarias, que se proponen concientizar a la opinión pública en el Día Mundial contra esta práctica ancestral extendida sobre todo en África.

La organización Save the Children, hizo público un informe en Madrid en el que denuncia que la mutilación genital está al orden del día en 28 países africanos, aunque también entre inmigrantes que viven en Europa, EEUU y Medio Oriente.

La edad en que se lleva a cabo esta práctica varía desde los pocos días de vida a los 20 años, aunque la mayoría suele efectuarse a niñas de entre 12 y 14 años.

Sus consecuencias duran toda la vida y la operación, habitualmente casera, puede causar la muerte, complicaciones en el parto, infertilidad, infecciones, sangrías prolongadas, frigidez o traumas psicológicos.
Los grupos dedicados a denunciar esta práctica han alertado sobre la permisividad en Occidente ante la mutilación practicada clandestinamente a las hijas de inmigrantes africanos.

La Plataforma Austríaca contra la Mutilación Genital Femenina (stopMGF), una organización pionera en este campo y fundada en 2003, pidió el martes último, cuando se celebró dicho Día Mundial, una "estrategia unificada de prevención" en la Unión Europea.

Según un estudio de la universidad de Viena, la cifra de casos en el viejo continente ronda los 500.000.
Para Martin Janata, un experto del instituto Karl Renner, aunque varios países han adoptado leyes que prohiben la ablación, sólo Francia la persigue jurídicamente de forma sistemática.

"Lo único que tenemos a nivel europeo es un llamamiento del Parlamento de Estrasburgo para que se declare claramente un delito penal la mutilación genital femenina", lamentó la diputada Petra Bayr, vocera de la citada plataforma, en declaraciones que realizó a la agencia española EFE.

A pesar de lo difícil que es lograr el objetivo de acabar con una tradición de más de 5.000 años, la presidenta del Parlamento austríaco, Barbara Prammer, aseguró que los esfuerzos desarrollados por diversas iniciativas en los últimos años han dado resultados positivos, tanto en algunos países europeos como en Africa.
"Se ha iniciado un proceso de concientización. Hoy ya no tenemos que explicar lo que es la MGF", dijo Prammer, quien ha sido nombrada "embajadora de buena voluntad" por el Comité Interafricano, una red de 28 estados africanos que han tomado medidas contra la ablación.


Tradición y creencias

Los activistas austríacos recordaron que en el mundo hay cerca de 155 millones de mujeres afectadas y se calcula que a diario se agregan unas 7.000 niñas a esa siniestra lista.

El informe de Save the Children, que cifra en más de dos millones el número de niñas mutiladas anualmente, señala que esta práctica "se basa en tradiciones profundas o creencias religiosas y culturales", pero la razón real es "el control de la sexualidad de jóvenes y mujeres".

La circuncisión femenina está muy extendida en los países del centro africano, pero es prácticamente inexistente en el sur del continente.

Somalia, Eritrea y Yibuti, y en menor medida Etiopía, tienen una incidencia que ronda el 90%, y en el tipo de circuncisión más severo, la infibulación, también llamada circuncisión faraónica.

Esa práctica consiste en la escisión del clítoris, los labios mayores y menores, y la sutura de ambos lados de la vulva, de forma que únicamente se deja un pequeño orificio que permite la salida de la orina y la sangre menstrual.

En otras naciones se vienen aprobando leyes y educando a la población para terminar con esa práctica.
Tanzania, por ejemplo, redujo el año pasado la incidencia al 15%, desde el 18% que existía en 1996, según cifras de las mencionadas organizaciones.

En Nigeria, con 140 millones de habitantes, la mutilación genital femenina afecta a más de la mitad de las mujeres, con niveles que en algunas zonas se acercan al 90%, aunque once de las 36 provincias han aprobado leyes para prohibir esa costumbre.


"Mi madre quería purificarme"

Abdel Majib, profesora de una escuela de Sudán, contó su historia. "Nunca me voy a olvidar de mi circuncisión, que me la hicieron hace 40 años, cuando yo tenía 6. Una mañana, durante las vacaciones de verano, mi madre me dijo que íbamos a visitar a su hermana en Halfayat (Sudán). Fuimos a su casa, pero después me llevaron a 'la casa de ladrillos'. Mientras mi madre golpeaba la puerta, yo trataba de leer el nombre escrito en la puerta. De repente me di cuenta que se trataba de la casa de Hajja Alamin. Ella era la persona encargada de hacer la circuncisión en nuestro vecindario. Quede petrificada y luego trate de arrancar, pero me agarraron entre mi madre y mi tía. Ellas decían que allí me iban a purificar. Hajja era la persona más cruel que yo había conocido... Ordenó a su empleada que fuera a comprar una gilet al almacén cercano. A la fuerza me tendieron en una cama con un hoyo al centro y me ataron a ella. Grité con toda mi garganta. La mujer me dijo: ¿Quieres que venga la policía?. Después de esto y sin anestesia, me hicieron la circuncisión. Durante los tres días siguientes no pude comer ni beber.

Luego, recuerdo que mi madre y mi tía me llevaron nuevamente a la casa de esta mujer. Con una voz fuerte, me ordenó que me agachara en el piso y que orinara. Me costo mucho por el dolor, pero lo logré. Por mucho tiempo, esto fue muy doloroso. Me demoré mucho en normalizarme. Pero entiendo los motivos de mi madre, que quería purificarme".