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Al oír al cardenal López Trujillo se entiende por qué se ahonda el cisma entre católicos e Iglesia

No es justo que llame malhechores a quienes están cumpliendo la ley, en particular porque ni el violador de la niña, ni los abusadores infantiles han suscitado condenas tan rechinantes.


Diario El Tiempo de Colombia
EDITORIAL



La lengua del Cardenal

Utilizando un lenguaje insólito en personas a las que corresponde un liderazgo social, el cardenal Alfonso López Trujillo tildó de "red de malhechores" a quienes atendieron en Bogotá el aborto de una niña de 11 años embarazada por un padrastro violador. La calificación de malhechores encierra una calumnia, pues el diccionario la reserva "a quien comete un delito, especialmente quien lo comete por hábito". Al mencionar, además, la existencia de una "red", sugiere que se trata de una agrupación criminal. Por sencilla deducción suponemos que de ella forman parte los magistrados que, en interpretación de la ley, consideraron justificable el aborto en este caso, y los médicos que, obedeciendo a la Corte Constitucional, practicaron la suspensión del embarazo en la niña víctima de la monstruosidad. Por el mismo camino, habría que considerar parte de la "red" a los periodistas que hemos apoyado la decisión de jueces y médicos y -¿por qué no?- a los miles de lectores que ayer abrumaron nuestros foros con sus mensajes de apoyo a los facultativos y de rechazo a López Trujillo. Por si hubiera dudas, el jerarca excomulgó a los médicos del Hospital Simón Bolívar que participaron en la operación, anatema que ya había salpicado las cabezas de los magistrados.

López Trujillo preside en el Vaticano el Consejo Pontificio para la Familia. Es inquietante que prelado tan notable se declare en abierta rebeldía contra las leyes de Colombia en temas como el aborto y la unión legal entre homosexuales, que es otra de sus obsesiones. Pero no es la primera vez que lo hace. España y otros países que modernizan por acuerdo social sus estatutos familiares también han tropezado con este anacrónico Savonarola, que fomenta la desobediencia civil y cree detentar la facultad de privar de Dios a quienes discrepan de sus doctrinas extremas.

Agrava su postura el lenguaje usado. No es justo ni puede ser aceptable que llame malhechores a quienes están cumpliendo la ley, en particular porque ni el violador de la niña, ni los abusadores infantiles, ni los sacerdotes pederastas, ni el criminal que asesinó a decenas de niños han suscitado, que recordemos, condenas tan rechinantes de este supuesto ángel guardián de la familia cristiana. Al oírlo resulta fácil entender por qué se ahonda el cisma entre católicos y jerarquía.

Con todo, las discrepancias del cardenal y los laicos es asunto de su territorio espiritual y canónico. Caso totalmente distinto al de una sociedad civil plurirreligiosa como la colombiana, donde las leyes no tienen por qué someterse al nihil obstat vaticano: les basta el imprimatur de la Constitución y la ley.

Sea el momento de decir que vemos con preocupación los desafueros verbales de influyentes personajes como López Trujillo y el ex presidente de la Cámara de Representantes Julio Gallardo Archibold, quien ha comparado a los periodistas que lo critican con asesinos de motosierra. Lejos de amilanar a quienes cumplen su labor de fiscalización de la cosa pública, las palabras altisonantes de Gallardo revelan que es preciso continuar con tenacidad, imparcialidad y profesionalismo el escudriño de las actividades públicas de este político y su familia.

En cuanto al cardenal, le aconsejamos humildemente moderación, temperancia y lecturas pías, que brindan sosiego al espíritu. Bien le haría dar un repaso al capítulo 3o. de la Epístola Universal de Santiago, donde el patriarca advierte que "ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal". ¡Cuánta razón tenía el santo!

Son insólitos los desafueros verbales del cardenal López Trujillo en su arremetida contra las normas sobre el aborto.