A la alza, el machismo islámico en guetos
franceses
Ni Putas Ni Sumisas, por un feminismo laico
España, Dic. (CIMAC)
Las mujeres de los suburbios franceses
están
perdiendo los derechos adquiridos. Expulsadas en la práctica de
las zonas y
actividades de ocio; obligadas por los hombres de la familia a
llevar velo;
víctimas en miles de casos de violencia sexual y poligamia, las
jóvenes
observan cómo se reconstruye el poder machista en los guetos.
El Parlamento francés ha denunciado la inquietante regresión de la
condición de las mujeres entre los colectivos procedentes de la
inmigración, fruto en parte del auge del islamismo radical. El
movimiento
Ni Putas ni Sumisas propugna un feminismo laico y republicano con
el
objetivo de equiparar los derechos de las mujeres de la periferia
con los
del resto de las francesas, informó el portal La ciudad de las
Mujeres en
la Red.
UNA HISTORIA DE VIDA
Samira Bellil dejó escrito su testimonio antes de morir a los 31
años de
edad: Excitado por mis gritos, K. me golpea con todas sus fuerzas
(...) No
tiene piedad alguna de mí; continúa golpeándome hasta que no tengo
fuerzas
para reaccionar, hasta que me doy cuenta de que tengo que seguirle
si
quiero continuar viva. Por lo tanto, le obedezco (...) Se acerca
al
reproductor de video e introduce un casete; es una película X.
"¡Aprende y
hazlo igual!", me grita.
Nacida en Argelia y trasplantada a un pueblo de la periferia
parisiense,
Samira tenía 14 años cuando sufrió la primera agresión sexual por
parte de
un hombre que luego la traspasó a otros colegas. Su relato,
publicado en
2002 en forma de libro (El infierno de los migrantes), fue la
primera
denuncia de las violaciones colectivas que se producen en ciertas
barriadas
de las ciudades francesas.
NI PUTAS NI SUMISAS
Más allá de las fachadas elegantes de París y otros grandes
núcleos
urbanos, se despliega un mundo de guetos donde la vida es difícil
para la
mayoría de los habitantes, particularmente si son mujeres: un
clima de
violencia sexual y de acoso responde a la reconstrucción del poder
machista, favorecido por la tradición patriarcal de las familias
de
inmigrantes y potenciado por la instalación del islamismo
extremista, que
cuestiona todos los avances de la condición femenina.
De esos mismos barrios ha surgido también una reacción: el
movimiento
generado por la asociación Ni Putas Ni Sumisas, que propugna un
feminismo
laico y republicano para equiparar los derechos de las inmigrantes
con los
del resto de la población femenina francesa.
"Las mujeres de los barrios populares han perdido las libertades
que habían
empezado a conquistar" asegura Fadela Amara, la presidenta de esa
asociación. Hija de un argelino, Fadela Amara no lleva velo y ha
apoyado
firmemente decisiones significativas del presidente francés
Jacques Chirac,
como la prohibición del velo islámico en la escuela pública.
A su juicio, la presión moral que se ejerce sobre las chicas de
las
barriadas populares es muy fuerte. Si una mujer pierde la
virginidad, los
hombres del barrio pueden permitírselo todo con la afectada, desde
las
palizas y las violaciones hasta el asesinato.
La preservación de la virginidad supone un freno a las libertades
y un
sometimiento al control masculino y al tribunal de la comunidad.
Esto no
afecta exclusivamente a las mujeres procedentes de la inmigración:
en
barrios donde quedan franceses de pura cepa, las jóvenes viven
casi igual.
El caldo de cultivo es la sensación de encierro que produce la
pobreza
material y cultural. En los años ochenta ya existían barrios
problemáticos
en muchas ciudades, pero disponían de equipamientos públicos y
había en
ellos cierta mezcla social. No como ahora: en esos barrios se
encuentran
casi todos las y los desempleados y quienes dependen del subsidio
para
sobrevivir, explica la socióloga Hélène Orain, especialista en la
vida en
los suburbios.
DISTURBIOS SIN MUJERES
Sorprende la ausencia total de mujeres en los recientes disturbios
del
otoño en Francia, que fue, teóricamente, un grito de rabia por la
marginación en los guetos.
¿Por qué la revuelta fue tan marcadamente masculina? "En primer
lugar,
porque las asociaciones hicieron cuanto pudieron para que las
mujeres no se
implicaran", contesta Hélène Orain. "Pero también se debió al
estricto
sistema de control ejercido por las familias sobre la presencia de
chicas
en la calle".
Otras veces, las mujeres han sido movilizadas por asociaciones
musulmanas,
por ejemplo, contra la prohibición del velo en la escuela; sin
embargo, en
la última revuelta, los grupos islamistas "no tuvieron papel alguno
en el
desencadenamiento de las violencias y su expansión" y además
manifestaron "todo el interés en una vuelta rápida a la calma, para evitar
confusiones",
según un informe del servicio policial de Investigaciones
Generales.
El pasado mes de noviembre, las mujeres se libraron de engrosar la
cifra de
más 4 mil detenidos porque los incendiarios no contaron con ellas
como
carne de cañón frente a las filas policiales. Lo más frecuente es
que no
cuenten con las chicas ni siquiera en momentos cotidianos, de tal
forma que "las actividades para la juventud se han convertido en ocios
organizados en
provecho casi exclusivo de los varones", dice Orain.
RECHAZO Y RACISMO
A su vez, el rechazo mostrado por gran parte de la sociedad
francesa hacia
los jóvenes de los suburbios hace que aquéllos se sientan
confinados. "El
racismo fuerza a los chicos a seguir residiendo en el barrio y
ellos
construyen redes para dominarlo; en cada uno suele haber cuatro o
cinco
individuos que mandan", cuenta una militante de Ni Putas Ni
Sumisas, la
menor de una familia de cinco hermanos, que pasó toda su infancia
y
adolescencia en el gueto industrial de Clermont Ferrand.
"El barrio es difícil para todo el mundo, pero en primer lugar para
las
madres y las hijas. Los chicos hacen prácticamente lo que quieren,
pero no
los acuso en bloque: muchos se sienten obligados a tener actitudes
duras
debido a la presión del barrio".
En estos guetos también se produce un choque cultural entre los
inmigrantes
de edades avanzadas, con una tradición de fuerte autoridad
patriarcal, y
los hijos e hijas que, mal que bien, están escolarizados; algunos
padres o
abuelos siguen siendo analfabetos y dependen de los jóvenes hasta
para leer
cartas o documentos. Progresivamente, la autoridad patriarcal va
pasando
desde el cabeza de familia al mayor de los hermanos de sexo
masculino.
Para las mujeres de edad, llevar un pañuelo en la cabeza puede ser
sólo una
cuestión de costumbre, como la del chal en las portuguesas; pero
cada vez
hay más chicas jóvenes que se velan en Francia, tapándose bien la
cabeza y
el cuello a partir de la pubertad.
SEXO Y DISCRIMINACIÓN
"La sexualidad ya era un tema tabú para las familias que practican
el
Islam", explica Hélène Orain. "Pero desde hace años asistimos a la
llegada
de imanes procedentes de otros países que han implantado una
versión muy
tradicional de la mujer musulmana: velada, en casa, sumisa,
sufriendo las
humillaciones que se le impongan. Es un discurso extremadamente
patriarcal,
machista y reaccionario".
DESERCIÓN ESCOLAR
Hace tiempo, las chicas de los barrios se dieron cuenta de que la
escuela
era la única posibilidad de cambiar de vida. Sin embargo, las
adolescentes
de hoy creen menos que sus mayores en los estudios como vía de
emancipación. Un hecho tanto más lamentable cuanto que sus
resultados
escolares son mejores que los de sus hermanos.
Entre las y los jóvenes de origen magrebí, 27 por ciento de las
chicas
abandonan la escolaridad obligatoria sin haber logrado diplomarse,
frente a
nada menos que un 42 por ciento de varones. Sólo 20 por ciento de
mujeres
de origen magrebí cursa estudios superiores, frente a un 34 por
ciento de
chicas procedentes de otros países europeos y un 44 por ciento de
mujeres
de origen francés, según un estudio de los investigadores sociales Frédéric
Lainé y Mahrez Okba aportado a la comisión parlamentaria.
POLIGAMIA
En plena Europa, y en el seno de una sociedad formalmente laica,
existen
entre 8 mil y 15 mil familias polígamas, según datos de la
comisión
parlamentaria. La poligamia implica además un mecanismo de
obtención de
subvenciones públicas. Cada persona nacida en Francia, a partir
del segundo
hijo, genera el derecho a una ayuda pública hasta que alcanza la
mayoría de
edad; tres o cuatro retoños suponen unos 500 euros mensuales.
A menudo, el derecho al reembolso de las prestaciones sanitarias
es
reclamado por todas las esposas de un mismo marido. En 1993 se
adoptó una
ley destinada a contener este fenómeno, que consiste en prohibir
la entrega
del permiso de residencia a los miembros de familias polígamas:
reconoce
excepciones, pero acentúa la inseguridad en que viven las
sucesivas
esposas. Un padre con tres o cuatro mujeres y una quincena de
hijos puede
ganar mucho más con prestaciones sociales que con trabajos pagados
con el
salario mínimo.
Muchas primeras esposas, con hijos nacidos en Francia, siguen en
el país
aunque el marido regularice a la segunda mujer, lo cual deja a la
primera
sin derechos. Más que un matrimonio, esa situación se parece a la
esclavitud. Pero existe un convenio franco-marroquí por el cual
los
marroquíes que viven en Francia pueden divorciarse y repudiar a
las mujeres
cuando los dos miembros de la pareja son marroquíes "para conservar
los
fundamentos de su identidad nacional".
Por otra parte, en este tenor, unas 70 mil mujeres en Francia son
víctimas
de matrimonios forzosos, según datos del Alto Consejo de la
Integración. "Las bodas forzadas están presentes por todas partes, más como
consecuencia
del acoso moral que de la presión física", confirman militantes de
Ni Putas
Ni Sumisas.
"Ninguna familia acepta que sus hijas se vayan de casa antes de
casarlas.
Muchas chicas aguantan porque no quieren enfrentarse a sus padres,
incluso
las que trabajan y tienen algunos medios económicos para tratar de
marcharse. Lo impide la cultura de los barrios".
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