Los avances de las saharahuíes ejemplo para el mundo árabe
Texto de Blanche Petrich
Enviada Triple Jornada- Campamento 27 de febrero, Tindouf, Argelia
Hacen fiesta cuando se divorcian y no es inusual que alguna haya
pasado por dos o más matrimonios; no se sienten obligadas a
procrear niños como medio para alcanzar su plenitud, aunque hay
una política de Estado que alienta los embarazos, por la urgencia
de sumar ciudadanos que contrarresten la alta tasa demográfica de
Marruecos, su enemigo. Las que lo deseen y sepan hacerlo, pueden
conducir un auto. Más bien, un jeep, que es lo único que se mueve
en esas arenas.
Y en 30 años de vida en el exilio, sólo se conoce un caso de
poligamia en los campamentos. Son las mujeres saharauíes, que usan
el velo que ordena el Corán, pero lo hacen “con mucho cariño”,
como un signo de “identidad y orgullo”. Se tapan la cara, los ojos
y hasta las manos cuando salen a la intemperie, pero lo hacen
solamente para protegerse de la agresividad del sol y del siroco
(viento caliente y seco del desierto). Consideran con mucho
orgullo que su experiencia y sus logros en la lucha de género
debería ser “una joya” para el mundo árabe y un ejemplo a seguir
para todas las mujeres musulmanas. Pero son ignoradas, no sólo por
el resto de la población islámica sino por el mundo entero.
Cuando se produjo el éxodo forzado de las tribus saharauíes a la
frontera con Argelia, hace 30 años, sólo 10 de cada 100 mujeres
sabían leer. Esa proporción se ha invertido. Hoy sólo 10 por
ciento de las mujeres adultas son analfabetas. En ese renglón,
como en otros, han superado a los hombres.
La tasa en la población general es de 75 por ciento que saben leer
y escribir y 25 por ciento que permanecen analfabetas.
Al finalizar la colonia española y desatarse la ocupación
marroquí, no había ni una saharahuí universitaria. Hoy un alto
porcentaje de las mujeres son profesionistas. Mientras los hombres
iban a la guerra, ellas se hicieron cargo de construir la
infraestructura material, social, política y administrativa del
pueblo en el exilio. El grueso de la gestión del Estado está en
manos de ellas. Todos los servicios de salud y educación son
brindados por cuadros con educación superior y casi todas son
mujeres.
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