PÉREZ ANDA, GIL CAMINA
por Lucy Garrido
Iglesia docente e iglesia creyente. La primera definía,
interpretaba y
enseñaba la verdad al rebaño de dios. La segunda obedecía. Estaba
compuesta
por las ovejas. Antes del laicismo éramos como bobos. La raíz
etimológica de
laico es lego, y lego quiere decir "simple" e "ignorante". Con el
Renacimiento las cosas empezaron a cambiar y gente como Copérnico,
Galileo o
Miguel Angel, todos legos, todos laicos, decían que estaban
iluminados por
la "docta ignorancia". Volvía el tiempo del ser humano, volvía la
razón, la
individuación, nacía el sujeto, la autonomía. Empezaba una
sociedad que
sobre los principios morales elegía los principios éticos. Una
sociedad en la
que como dice Martín Ballero "la capacidad de que cada quien para
decidir
sobre su propio destino se transforma en un derecho y el papel del
Estado por
proteger esta realidad se convierte en un deber."
El Estado laico no resuelve la pobreza ni paga la deuda externa.
Pero es una
condición fundamental para que la democracia y los derechos se
amplíen y
redunde en una mejor calidad de vida para toda la población. En un
Estado
laico el espacio público es plural y diverso y la legitimidad
deriva de las
argumentaciones políticas y no de verdades reveladas. En la
iglesia, en
cambio, el debate libre no existe, existe el dogma. Y me parece
muy bien:
quien crea en eso que lo practique. El problema empieza cuando la
iglesia
cree que al viejo estilo de evangelización colonial - cuando "en
el nombre de
dios" te quemaban si no creías en él - puede saltar al espacio
público y
demandar financiamiento para la enseñanza religiosa, conseguir
exenciones de
impuestos o decirle a la ciudadanía toda, la católica y la no
católica, qué
tiene que pensar, cómo debe vivir, a quién debe amar. Entre otros
muchos
nombres, eso se llama "tutelaje" y la sociedad uruguaya ya está
bastante
crecidita como para aguantar tutores como esos.
Sin embargo, el paternalismo existe. Tabaré entró como "presidente
progresista" a almorzar con el obispo y salió como "padre" de
todos nosotros
a decirnos que vetaría una ley que despenalizara o legalizara el
aborto.
Cuando los periodistas le preguntaron por el apoyo ciudadano a la
ley de
salud reproductiva, contestó "Problema de la ciudadanía". Es
decir: en el caso que las feministas hayamos estado equivocadas
tantos años
denunciando las muertes por abortos clandestinos; en el caso de
que los
legisladores se equivoquen y voten una ley para que las mujeres
más pobres
puedan abortar en las mismas condiciones sanitarias que lo hacen
todas las
demás; en el caso de que la mayoría de la población uruguaya se
equivoque al
defender su derecho de darse las leyes que quiera en el sistema
democrático
que ella misma ha construido; en ese caso el Sr. Presidente va a
sacarnos de tamaña
equivocación y va a decidir por sí solo qué es lo que debemos
querer, y le va
a decir a los legisladores qué es lo que deben votar. Por
desobedientes. Por
tontos. Yo aborto, tú votas. El veta.
Pero las mujeres seguiremos abortando en cualquier condición...
problema
nuestro. Muchas quedarán con secuelas... problema de ellas. Otras
morirán en
el intento... problema de sus familias.
Las mujeres seguiremos abortando en la clínica clandestina, con
remedios
contra la úlcera, con perchas de metal, con esencia de perejil,
con agujas de
tejer, con veneno de ratas.
A principios de mayo se cumple un año que se perdiera en el senado
por tres
votos el Proyecto de ley de defensa de la salud reproductiva.
Uruguay tiene
ahora un gobierno progresista y el Frente Amplio, por resolución
de sus congresos, apoya la despenalización del aborto. El 63% de
la población (Encuesta Equipos Mori, abril 2004) está de acuerdo
con el proyecto de ley.
Este 4 de mayo a las 5 de la tarde realizaremos un acto simbólico
en el parlamento llevándole a las legisladoras y los legisladores
ramos de perejil. Un mes después llevaremos perchas, luego veneno
de ratas o agujas de tejer...
En el fondo, el Sr. Presidente tiene razón: es un problema de la
ciudadanía. Tonto es el que no lo adivina.
|