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Triple Jornada, febrero 2005
¿Un freno al fundamentalismo u otra discriminación para las
musulmanas?
La batalla contra el velo en las escuelas públicas francesas:
un debate en que feministas, intelectuales, izquierdistas y las
propias
musulmanas se contradicen
por
Fabiana Sánchez Plata
¿Por qué las mujeres deben ocultar sus cabellos a la mirada de los
hombres?
¿Por qué la mujer debe responder por el honor del hombre? y ¿por
qué la
mentira de que el hombre se deshonra si una mujer desobedece sus
reglas del
pudor? Estas y otras preguntas se formulan en el prolongado debate
sobre la
ley laica, implementada en Francia por el Ministerio de Educación.
Ley que,
entre otras cosas, prohíbe a las niñas, adolescentes y jóvenes
musulmanas
portar el velo en sus múltiples variantes al interior de los
establecimientos académicos, por considerarlo un símbolo religioso
que
coloca a la mujer musulmana en estado de opresión. Ese hecho
revive el
debate de la religión islámica, en particular el eje del islamismo
tradicional, aclarando que existe el islamismo progresista, que es
tema de
otro análisis.
Desde lo académico las posiciones ideológicas difieren. Los
intelectuales y
grupos feministas se dividen mientras militantes de izquierda y
derecha se
contradicen con pronunciamientos a favor y en contra. Para algunas
feministas francesas era necesario elaborar una ley constitucional
que
liberara a las mujeres de llevar el velo en los establecimientos
públicos en
aras de beneficiarlas. Por su lado, los feminismos musulmanes
empezaron por
pensar en una ley escolar que prohibiera a las niñas, jóvenes y
adultas,
portar el velo, porque solo así se podría presionar a los
musulmanes
tradicionales a flexibilizar la cultura, y por considerar que el
velo es una
cárcel en la que han vivido y viven millones de mujeres, lo que ha
orillado
a muchas musulmanas a huir de sus países. Desde que apareció la
iniciativa
de la ley laica, se pensó que ello vendría a concretar dicho
objetivo. Sin
embargo, ésta se elaboro desde una perspectiva institucional sin
dar lugar a
las propuestas de los grupos feministas e incluso de otros grupos.
La
crítica que se le hace a dicha ley es que se aplica con
extremismo, pues si
bien uno de sus principios es que las niñas y jóvenes se
desprendan de todo
distintivo de sumisión, en la práctica las excluye de otros
derechos.
Chahdort Djauann, una de las feministas musulmanas mas respetadas,
se
pronuncia por la eliminación del uso del velo musulmán porque éste
se
configura como una violencia física y sexual hacia las niñas,
dispone de sus
cuerpos y define a la niña y adolescente como un objeto sexual
destinada a
satisfacer los deseos de los otros. Desde esa posición invita a
quienes se
apasionan por el tema a la elaboración de una ley que proteja a
las menores
de los viejos fundamentalismos reduccionistas.
Djauann, en experiencia propia tuvo que salir de Irán huyendo
-como lo han
hecho otras mujeres- por atreverse a transgredir las leyes
musulmanas que la
obligaban a portar el velo. Su crítica va hacia los intelectuales
y los
políticos de izquierda que ingenuamente están en contra de la ley
laica y
defienden el uso del velo en las escuelas, colocándolo como
elemento de
identidad y código de pertenencia. Para esta feminista, con el
argumento del
velo como reivindicación de una nueva identidad, "los
intelectuales
confunden y abusan de su poder intelectual para sostener un
discurso que no
favorece a las mujeres musulmanas. Ellos suponen que todas las
mujeres son
felices al portar el velo, no entienden que detrás hay un padre o
un hermano
que las obliga a usarlo". Si antes de asumir una postura
ideológica,
tuvieran un poco de empatía hacia las musulmanas, comprenderían
que no se
puede hablar de identidad y pertenencia cuando no se les otorga el
derecho a
elegir entre portarlo o no. "¿Cómo se puede pasar por alto que una
niña o
joven porte un trapo en la cabeza que la hace pasar por las burlas
de sus
compañeros de clase, y que en plena actividad deportiva tienen que
hacer
ejercicio con la cabeza tapada soportando una temperatura de hasta
42 grados
durante el verano?
Al revisar puntos de vista de gentes que participan en la
discusión,
encontramos que, efectivamente, algunos de los que atacan la ley
lo hacen a
partir de las consecuencias, es decir, la expulsión de las jóvenes
de las
escuelas, pero no cuestionan las causas, o sea la imposición de
las
prácticas religiosas más tradicionales como eje sobre el cual se
construye
todo el problema. Citamos el caso de Ludovic Wolfgang, un
intelectual que
está en contra de la ley laica y argumenta que dicha ley se
convirtió en un
elemento de lucha contra el islamismo, llevado a sus extremos al
expulsar a
varias niñas y jóvenes de las aulas, pues justamente en los
establecimientos
académicos es donde las adolescentes y jóvenes musulmanas logran
sentirse
libres del control opresivo paternal y conseguir una instrucción
que
desarrolla su inteligencia, y que el acceso a la educación puede
ayudarlas a
encontrar el camino a la emancipación intelectual. Por ello,
argumenta, "no
se les ayudará a las jóvenes musulmanas organizando o
posibilitando un acto
de exclusión o represión adicional a la opresión que ya sufren
(sea aceptada
o no) por el lado de su familia".
Adentro los discursos, en la calle, las acciones
En medio de prolongados debates en favor y en contra de la
prohibición del
uso del velo en las escuelas, un grupo de jóvenes musulmanas
emprendió un
activismo en regiones como París, Montpellier, Lille, Nantes,
Bordeaux.
Ciudades donde los Consejos de Disciplina de cada escuela
prohibieron la
entrada a las aulas a todas las niñas que portaran el velo
islámico. Con la
consigna "¡No a toda ley de exclusión de las bachilleres que
lleven velo, no
a los actos de exclusión!", organizaron jornadas de universidades
plurales
para hacer explicito el rechazo a la aplicación de la ley laica.
Fue la
primera vez que estas jóvenes de tercera generación, como algunos
las
identifican, tomaron voz y figura, salieron a dar la cara por la
comunidad
femenina musulmana
Muchas de ellas han vencido las fronteras de la religión islámica
y con voz
propia sostuvieron "el mundo musulmán tiene reglas que no nos
favorecen del
todo, pero no queremos que el gobierno francés nos vea como punto
débil en
esta guerra contra el islamismo". (Nabilia, 21 años, carrera de
química de
alimentos).
En una de las manifestaciones, una estudiante portando el velo
regalaba
playeras impresas con el slogan "Al Aqsa est dans notre coeur"
(Alá está en
nuestro corazón).
Estas jóvenes reconocen que al interior del sistema religioso
islámico el
velo sí es una imposición de los padres pero declaran que algunas
mujeres,
ellas por ejemplo, lo retoman como una decisión personal. Su
cuestionamiento
de fondo es que el Estado Francés con su ley laica afecta a niñas
y jóvenes
sin que ellas sean responsables de nada. Cuando ocurrió la
expulsión de las
jóvenes de los colegios, ni la misma Unión de Organizaciones
Islámicas en
Francia (l'UOIF) y ni otras organizaciones musulmanas salieron a
defenderlas. "Si la escuela dice "no puedes entrar", entonces ¿que
les
queda?, regresarse a la casa porque ya vemos que los padres no
protestan si
una hija es expulsada, prefieren que se queden sin estudiar". (Keftoum,
23
años, Escuela Superior de Comercio de Montpellier). Pero en
cambio, la l'UOIF se preocupó en buscar alianzas con los judíos para proteger a
los
jóvenes contra toda prohibición por portar la kippa, las grandes
cruces y el
turbante.
Atraer al análisis a este movimiento es una manera de mostrar cómo
el debate
no se puede reducir sólo al discurso, ni dejar a las musulmanas en
el
banquillo de la victimización, porque esto ayuda muy poco a la
reflexión,
sino visibilizar las diferentes formas de vivir y enfrentar el
problema
desde dentro, desde la condición de mujeres musulmanas.
Así, para este ciclo escolar, de alrededor de 600 niñas y
adolescentes que
portaban el velo, unas 500 se lo quitaron para evitar pasar por el
Consejo
de Disciplina; otras 70 niñas y adolescentes musulmanas fueron
sometidas a
consejos de disciplina para decidir sobre su ingreso. No se sabe
bien cual
ha sido el destino escolar de esas niñas, si acaso se habló de la
posibilidad de utilizar las mezquitas para reanudar sus clases. En
Seine-Saint-Denis, Paris, se dio la expulsión de tres alumnas sikhs. La
inspección académica les propone entrar al sistema de educación a
distancia
y disponer de fondos sociales para el pago de la educación; nada
seguro.
Mientras tanto el activismo de las jóvenes musulmanas se vio
fortalecido por
otras organizaciones que el 7 de noviembre pasado salieron a la
calle a
protestar con la consigna "una escuela para todos y todas".
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