Argentina:
AVANCES Y CUENTAS PENDIENTES EN CINCO AÑOS DE VIGENCIA DE LA LEY
DE SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA
Las deudas en salud reproductiva
La aplicación es muy pobre en algunas provincias, donde el
Estado no reparte
anticonceptivos. El diálogo de los médicos con los pacientes
sobre los
métodos es muy limitado. En cinco años se repartieron más
preservativos,
pero muy pocos dispositivos intrauterinos.
"Cuando se trata de adolescentes, la mayor parte de los
profesionales se
niega a aplicar la Ley de Salud Sexual y Reproductiva", dice una
experta.
Por Pedro Lipcovich
Página 12
A cinco años de su promulgación, la Ley Nacional de Salud
Reproductiva ha
dado frutos como el acceso a la anticoncepción de emergencia en
mujeres
violadas, la disponibilidad de preservativos (pese a los
faltantes
registrados este último año) y de anticonceptivos orales. Pero
su aplicación
es muy limitada en provincias como San Juan, Mendoza o las del
norte del
país, donde llegan a pasar cosas como que los médicos entierren
los
preservativos para que nadie pueda usarlos. En todo el país, es
muy limitado
el diálogo de los médicos con los consultantes para que éstos
sean los que
determinen qué método prefieren. Y falta, nada menos, la
integración de los
programas de salud sexual con la prevención del VIH/sida.
"En 2003, luego de la sanción de la Ley Nacional de Salud Sexual
y
Procreación Responsable, el Consorcio Nacional de Derechos
Reproductivos y
Sexuales (Conders) había efectuado una encuesta sobre el tema
entre unos 250
'informantes clave': representantes de organizaciones de la
sociedad civil,
médicos y otros agentes de salud. En 2008 repetimos la encuesta
para evaluar
los cambios producidos en estos cinco años", explicó Mabel
Bianco, titular
de la Fundación para Estudios e Investigación de la Mujer, que
forma parte
del Conders.
En 2008, el 67,7 de los encuestados advierte que el Programa
Nacional de
Salud Sexual y Procreación Responsable -creado por esa ley-
funciona "en
todos los niveles" de la atención; en 2003, sólo el 39,5 por
ciento decía lo
mismo; era más frecuente que funcionara sólo en grandes
hospitales, sin
llegar a los centros de atención primaria. "Este es uno de los
aspectos más
favorables de esta evaluación", comentó Bianco.
No es auspicioso el juicio de los informantes sobre la calidad
del
asesoramiento en métodos anticonceptivos ofrecido por los
profesionales de
la salud: sólo el 15,2 por ciento la considera "muy buena", el
36,3 por
ciento la juzga "buena", el 28,17 por ciento la califica como
"regular" y el
9,4 por ciento como "mala". En 2003 los números no eran tan
distintos: el
10,8 contestaba "muy buena", para el 32,9 por ciento era
"buena", para el
27,9 por ciento "regular" y para el 12,8 por ciento "mala".
Bianco señaló
que "según establece el Programa Nacional, no se trata de
'prescribir' un
método, 'Tome estas pastilla, m'hijita', sino de informar a la
persona o a
la pareja consultante, asesorándolos de modo que puedan tomar su
decisión".
La encuesta también examina la evolución del acceso a métodos
anticonceptivos. En cuanto a los orales, el 44,8 por ciento
consideró
"buena" la provisión; sólo el 31,8 lo consideraba así en 2003.
"En el caso
de los anticonceptivos orales, el avance es evidente -comentó Bianco-, no
así en los anticonceptivos inyectables, cuya provisión desde la
Nación falló
bastante."
Donde la encuesta registra un avance importante es en la
provisión de
preservativos: el 21,5 por ciento la considera "muy buena"; sólo
el 6,2 por
ciento decía lo mismo en 2003. El 39 por ciento la juzga
"buena", contra un
20,9 por ciento hace cinco años. El 21,1 la considera "regular",
como lo
hacía el 20,5 por ciento en 2003; y el 9 por ciento evalúa que
es "mala",
contra el 26, 3 por ciento en la encuesta anterior.
En cambio, sólo el 10,3 por ciento considera "muy buena" la
provisión de
dispositivos intrauterinos; menos que el 11,2 por ciento que la
juzgaba así
en 2003. El 30 por ciento la considera "buena", como el 28,7 por
ciento de
los encuestados en 2003. El 11,7 por ciento la juzga "mala",
como el 31,2
por ciento en 2003. "En este caso -señaló Bianco-, el problema
no es la
falta de provisión, sino la resistencia de los médicos a
colocarlo, a
diferencia de lo que hacen en su práctica privada, donde sí lo
sugieren, lo
colocan y lo cobran."
En cuanto a la provisión de anticoncepción de emergencia
("píldora del día
después"), sólo el 9,9 por ciento de los encuestados la juzga
"muy buena" y
sólo el 22 por ciento la califica como "buena"; es cierto que,
en 2003, las
cifras respectivas eran el 1,9 y el 4,2 por ciento. "Si bien el
Ministerio
de Salud distribuyó el fármaco, muchos médicos no lo quieren
usar", explicó
Bianco.
En cambio, creció entre los profesionales la aceptación de la
anticoncepción
de emergencia en casos de violación. El 63,3 por ciento de los
informantes
dice que los profesionales de su zona aceptan apelar a este
recurso; sólo el
15,9 decía lo mismo en 2003. En aquel año, el 50,8 por ciento
decía que los
profesionales se negaban a este método, y en 2008 sólo el 27,8
por ciento da
esa respuesta (el resto no sabe/no contesta).
"Lo que sigue faltando y es esencial -destacó Bianco- es la
integración de
los programas de Salud Sexual con la prevención del VIH/sida,
que se
expresaría en asesoramiento específico y ofrecimiento del test."
Y se advierten grandes diferencias entre las regiones del país.
"Hay
provincias que todavía no han dictado sus propias leyes de salud
sexual y
reproductiva y se resisten a aplicar la ley nacional. Esto
sucede en Salta,
en Jujuy, donde el programa se aplica sólo en algunos servicios;
en Formosa,
se aplica en los grandes hospitales pero no en los otros niveles
de
atención. Corrientes y Misiones también están en mora al
respecto. Tucumán
no tiene ninguna ley de este tipo, aunque en algunos hospitales
se están
brindando las prestaciones. Y San Juan actúa con mucha lentitud
en este
orden", enumeró Bianco.
Gabriela Ramos -investigadora de la UBA- agregó que "bajo la
actual gestión
del Ministerio de Salud, este año la entrega de insumos se ha
vuelto
irregular. Eso se suma a la actitud de muchos médicos, que dejan
vencer los
fármacos anticonceptivos o han llegado, aduciendo objeciones de
conciencia,
a enterrar los preservativos para que no puedan ser
distribuidos".
|