Campaña «Por la erradicación del lenguaje sexista» de la
Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres
Don Víctor García de la Concha, director de la Real Academia
Española, en el IV Congreso Internacional de la Lengua Española,
que se celebró en Cartagena de Indias (Colombia) en 2007, en un
panel en el que se planteó que para cuándo la revisión con
perspectiva de género del diccionario de la docta corporación,
dijo que había "encargado a un grupo feminista que hiciera
proposiciones y las aceptamos casi todas". Pero agregó que no
habían aceptado todas las sugerencias "porque no quisimos hacer
militancia feminista". Nótese que no entró a valorar si las
aportaciones de las feministas lingüistas eran pertinentes o no,
sino simplemente que ya valía. Queda la sensación de que las
aportaciones eran lingüísticamente correctas porque de no
haberlo sido, hubiese tenido la salida más airosa de que habían
recogido sólo las aceptables. Ante tamaña arbitrariedad ningún
intelectual o autoridad lingüística hizo ninguna observación, ni
los medios de comunicación y blogs se llenaron con artículos,
cartas al director, comentarios firmados por nombres sonoros
sobre el desatino de don Víctor.
Cuando en 2004, se debatió y aprobó en el Parlamento Español la
Ley de Violencia de Género, la RAE se pronunció en contra de
usar la expresión violencia de género en una Ley Orgánica,
alegando que en español "no existe tradición de uso de la
palabra sexo como sinónimo de género". Tampoco hubo comentarios
a su informe, ni siquiera se preguntó nadie porqué el DRAE
recoge términos como overbooking, free-lance o cameraman frente
a los castizos sobreventa, autónomo/a o cámara y todavía no ha
incorporado la acepción de género como una construcción cultural
que atribuye a cada sexo características sociales y
comportamentales, resultado de la socialización y el
aprendizaje, y que, al menos desde 1975, se está utilizando en
todo el mundo hispano -hay cátedras de Género en muchas
universidades y doctorados y posgrados-, con una bibliografía
amplísima y que ha calado ya en la comunidad hablante.
Sin embargo, cuando una organización feminista, la Plataforma
Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres, pone en marcha
una campaña «Por la erradicación del lenguaje sexista», y en una
rueda de prensa habla de la importancia que tiene el lenguaje
como constructor de nuestra identidad y de nuestra visión del
mundo y que, lógicamente, si vivimos en una sociedad
androcéntrica su lenguaje tiene que serlo o estar contaminado
porque es su expresión. Y yendo más allá dice que tampoco es
cosa de ayer por la mañana sino que el lenguaje cambia y que el
español es una lengua románica que por lo tanto deriva del latín
y que algo le tocará.... entonces se arma.
Eso es coger el rábano por las hojas. O... o demuestra que esa
campaña es mucho más necesaria de lo que cabría imaginar, que
hay una resistencia militante sexista a que cambie la sociedad y
el lenguaje o el lenguaje con la sociedad. Van juntos.
Que proponen términos como jovena, miembra, lidera y otros. ¿Y
qué? Son propuestas individuales, usos, demos tiempo al tiempo y
veremos si triunfan. Don Miguel de Unamuno habló de nibolas, voz
que no ha triunfado, Juan Ramón Jiménez se negó a usar la g ante
e, i y fue premio Nobel, el académico Pérez Reverte escribe
bluyín, cuando todo el mundo dice vaqueros y un poco más arriba
iban unas perlas sancionadas por la RAE.
Menos hipocresía
De los muchos artículos críticos con respecto a esta Campaña que
se pueden rastrear en Internet, ninguno critica la campaña en sí
misma sino que se quedan en la anécdota y el chascarrillo. Y de
todos ellos el más lacerante es el del referido académico Pérez
Reverte, por eso, por ser académico. Cabría esperar de una
autoridad lingüística que midiera sus palabras.
Con respecto al contenido no dice nada. Pero insulta, insulta
mucho, hace valoraciones sesgadas e incluso confunde porque
habla de "palabras de género neutro", cuando debería saber que
en castellano sólo hay dos géneros gramaticales el masculino y
el femenino; el género neutro no existe, hay formas
lexicalizadas neutras como lo blanco, lo imbécil -por usar un
término que le debe ser muy familiar a juzgar por la cantidad de
veces que lo usa en su artículo.
Este académico se permite valorar la inteligencia y capacidad de
comprensión de la presidenta de la Plataforma Andaluza porque no
está de acuerdo con su opinión, porque no ha hecho la lectura de
la historia de la lengua como él, y eso para él es ignorancia,
no otro punto de vista, aunque incluso lo juzgue disparatado.
Cierto que está en su derecho a rebatirlo con argumentos y
cortesía. Y cabe la pregunta, si en vez de haber sido una mujer
y feminista hubiese sido un varón intelectuata que propusiera
suprimir la h inicial de las palabras porque es muda, ¿hubiera
respondido así? Es decir ¿habría argumentado o insultado? ¿No
nos encontraremos ante un claro ataque misógino (desprecio a las
mujeres), sexista (lo masculino vale más que lo femenino) y
androcéntrico (el varón es el patrón único)? Luego la campaña es
pertinente.
Las abajo firmantes apoyamos la campaña de la Plataforma
Andaluza, que se une a otras muchas iniciativas como la de la
UNESCO que en 1991 sacó sus Recomendaciones sobre un uso no
sexista del lenguaje y que empiezan con el siguiente párrafo:
"El lenguaje no es una creación arbitraria de la mente humana,
sino un producto social e histórico que influye en nuestra
percepción de la realidad. Al transmitir socialmente al ser
humano las experiencias acumuladas de generaciones anteriores,
el lenguaje condiciona nuestro pensamiento y determina nuestra
visión del mundo". Así que no es una nimiedad el hecho de que en
nuestras lenguas románicas el género masculino se presente como
el universal no marcado, además del masculino marcado, y de que
el femenino sea el particular marcado. Esta simple exposición
gramatical nos está dando mucha información sobre la disciplina
lingüística y quienes la han fijado. La sociedad se transforma,
evoluciona, y esos cambios no sólo deben recogerlos las lenguas,
sino que las mismas lenguas deben modificarse para recoger los
cambios, cosa que, por cierto, ha sucedido en muchas ocasiones.
Hoy no hablamos como en el siglo de Oro, ni siquiera como a
principios del siglo xx.
Por último, unas palabras de la antropóloga y feminista mexicana
Marcela Lagarde: "Incontables mujeres construimos desde hace por
lo menos dos siglos nuestra identidad de género, marca de
nuestra condición humana específica. Al dotar a la palabra mujer
de una historia hasta ahora misóginamente silenciada e
inferiorizada, la hemos resignificado y la hemos hecho
imprescindible en todo discurso abarcador. Es evidente que la
condición masculina resulta limitadísima y equívoca para
representar y simbolizar a las mujeres; además, el uso
generalizador y homogeneizador de hombre viene de la pretensión
de entronizar a los varones en cuantas identidades someten a su
regencia".
Plataforma Andaluza de Apoyo
al Lobby Europeo de Mujeres - Campaña «Por la erradicación del
lenguaje sexista»
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