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Para RIMA de P 12
Las/12|Viernes, 04 de Abril de 2008 La moral, la costumbre, la técnica
Aborto, salud reproductiva, diagnósticos genéticos y
reproducción asistida son temas tan difíciles de resolver como de pensar por fuera de
categorías
morales y filosóficas. Precisamente por eso en Bioética: nuevas
reflexiones
sobre debates clásicos (FCE) las doctoras en filosofía Florencia
Luna y
Arleen Salles despliegan debates y hacen hincapié en dos
necesidades: la de
pensarlos desde América latina y la de reconocer los aportes que
sobre esos
asuntos ha hecho el pensamiento feminista.
Por Soledad Vallejos
Decidir nunca es fácil. Ante ciertos asuntos, qué decisiones
tomar y por qué
nunca han sido preguntas sencillas, ni en la vida privada ni en
la pública.
Los argumentos de la moral, a veces más o menos libres, otras
más bien
sometidos a revisiones y miradas no tan libres de prejuicios,
suelen cargar
con un peso extra. No siempre, pero sí con una frecuencia
notable, ese peso
extra tiene un nombre y una presencia insoslayable: básicamente
porque atañe
al cuerpo. Y claro, la moral aplicada a los cuerpos deriva en biopolíticas y
esquemas de poder, pero, también, en dimensiones privadas, que a
fin de
cuentas no pueden ignorarse como parte del mismo asunto. Puede
pensarse en
ello o no, pero de un tiempo a esta parte el discurso de las
tecnologías del
cuerpo aparece a la vuelta de cada esquina: en políticas
públicas sobre
salud reproductiva (y derechos sexuales), en decisiones privadas
ante el
aborto (y debates políticos públicos sobre su status legal, o su
pertinencia), en decisiones sobre la muerte voluntaria y la
negación de la
eutanasia, en negocios vinculados con el conocimiento médico
sobre la
reproducción asistida, en las fantasías que la posibilidad de la
clonación
desata en la imaginación técnica de cualquier hijo de vecino
(como si de
esos comics de los años '30 se tratara), en las esperanzas
informes y
nebulosas que se cifran en la genética y el proyecto Genoma
Humano, en las
preguntas ante la información que la investigación genera, casi
como si de
un ente todopoderoso y ajeno a las voluntades humanas se
tratara. Rehuir la
mirada ante algo que apela necesariamente a las condiciones
mismas en que se
vive y que, a la vez, delinea un mundo futuro posible es tan
absurdo como
inútil. Sería como no mirar el camino pero seguir arriba del
tren, digamos,
y por eso es que Florencia Luna, doctora en filosofía y
especialista en
bioética, explica que en un principio ella y Arleen Salles
(también doctora
en filosofía) habían pensado que el nombre "un mundo complejo"
cuadraba a su
nuevo libro, aunque finalmente lo bautizaran Bioética: nuevas
reflexiones
sobre debates clásicos (FCE).
Un punto de partida puramente filosófico ("planteos clásicos y
teoría de los
principios") capaz de poner al corriente de debates antiguos y
no tanto
hasta a los más distraídos precede a un repaso de "enfoques
éticos
alternativos", que recorre preguntas recientes y generalmente
contradictorias, sin olvidar lo que miradas politizadas
provenientes del
pensamiento feminista aportaron para sacudir respuestas sólidas.
Básicamente
porque Bioética... pareciera encargarse de que cuanto podía
considerarse una
respuesta segura y unívoca tambalee bajo el peso nuevas
preguntas, o quizá
no tan nuevas, pero sí formuladas desde lugares poco habituales.
Se trata,
en ese sentido, de un volumen básicamente inquietante: sólo
podría dejar más
preguntas. El plus es que lo hace desde una perspectiva
localizada y clara,
vale decir, netamente latinoamericana, lo que implica considerar
tanto los
vacíos legales como las contradicciones de políticas públicas
(que, por
ejemplo, aunque puedan atender cuestiones de salud reproductiva,
descuidan
otros factores supuestamente básicos que derivan en
consecuencias
permanentes: la falta de higiene como causa de la infertilidad
secundaria,
por caso) y realidades económicas dispares.
Florencia Luna: La bioética es un área de reflexión
relativamente nueva, no
tiene más de treinta años, y que comenzó en el mundo anglosajón,
aunque
posteriormente se desarrolló en Latinoamérica, y en último
término en
Europa. Pero lo que va pasando es que deja de ser básicamente
anglosajona
para anclar en los contextos locales. Y con la globalización de
la bioética
y nuevos discursos, se empieza a ver más fuertemente la
necesidad de hacer
una reflexión local. Justamente nosotras que estamos acá, que
conocemos
nuestra realidad, la podemos aportar, eso es parte del desafío
de hacer
bioética contextualizada.
En el libro tratan la relación médico-paciente, el manejo de la
información
médica en torno del consentimiento informado y la
confidencialidad, el
suicidio asistido, la anticoncepción, el aborto, la reproducción
asistida,
la clonación, la genética... todos los temas son conflictivos y
por eso
mismo productivos, pero ¿creen que alguno lo es más que los
demás?
Arleen Salles: Sobre algunos temas existe un cierto acuerdo en
que es muy
difícil que se llegue a acuerdo. Uno de ellos obviamente es el
aborto,
parece ser el más típico. Pero lo que hemos intentado fue no
quedarnos con
el debate clásico tal como fue formulado, sino aportar nuevos
elementos
teóricos para rever y reconsiderar esos debates clásicos. El
aborto es un
tema sumamente importante, muy relevante no sólo en países
latinoamericanos,
sino aun en países como Estados Unidos, donde la tendencia clara
es a poner
cada vez más restricciones, donde hay muchas personas que se
están
preguntando por cuánto tiempo más el aborto va a ser legal. Lo
que tratamos
de hacer es explicar esas formulaciones clásicas para después
decir hay
nuevos aportes. Y aunque estos nuevos aportes no nos ayudan a
encontrar una
solución simple, sí nos ayudan a reflexionar. Si existe la falta
de acuerdo,
que sea una falta de acuerdo respetuosa, sabiendo de dónde viene
cada uno,
no dogmática, no adoctrinadora.
Aunque hablar de bioética suene lejano, los temas que abordan
forman parte
de una agenda pública, se plantean como urgentes y tan presentes
en la vida
cotidiana que pueden aparecer en charlas casuales, o en noticias
impactantes, como el caso de la mujer que pidió la eutanasia en
Francia.
F.L.: Sí, uno de los primeros artículos que escribimos juntas
hacía
referencia a problemas sexies y problemas aburridos. Claro, uno
habla de
clonación, de genética, de aborto, esos son problemas sexies. En
general son
los temas que convocan. Pero también están todos esos problemas
aburridos,
como la relación médico-paciente, el consentimiento informado,
la
investigación con sujetos, los comités... que también siguen
siendo
relevantes y que en realidad se imbrican, no están aislados unos
de los
otro.
Y al formar parte de una agenda pública, aunque no
necesariamente informada,
también circulan en un imaginario que asocia lo técnico a la
vida cotidiana,
se eche mano de esas tecnologías o no.
F.L.: No solamente eso, sino que en cuestiones como la
reproducción
asistida o la genética pareciera que el tema está resuelto. ¿Por
qué? Porque
es uno de estos temas sexies en que el norte, los Estados Unidos
o Europa,
ya tienen el modelo de asistencia. Pero cuando uno se pone a
analizar qué es
lo que pasa en nuestros países, se da cuenta de que tenemos un
nivel muy
alto de lo que se llama "infertilidad secundaria". ¿Secundaria a
qué? A
enfermedades, por ejemplo, infecciosas, a una mala educación
sexual, a un
mal tratamiento de la salud sexual y reproductiva, a la cantidad
de abortos
ilegales que tenemos. Entonces resulta que eso que tal vez en
ciertos países
es una problemática de cierta población profesional, digamos,
educada, que
por ahí posterga su maternidad, no es la situación nuestra, en
donde no
solamente puede haber mujeres de clase media profesional que han
postergado
su maternidad y que de repente se encuentran con la necesidad de
acceder a
estas técnicas, sino que también se vincula con la falta de un
adecuado
tratamiento de la salud de las mujeres en general, y de la salud
sexual y
reproductiva. Entonces se empieza a ver que esas supuestas
soluciones que
vienen de otros países no terminan de funcionar, o que generan
paradojas, o
que generan problemas en nuestros países. Eso es lo interesante:
ver no sólo
lo seductor o lo hechizante que tiene la técnica, sino también
la
perplejidad que esa técnica genera en estas sociedades.
A eso hacen referencia, por ejemplo, cuando plantean que en
Argentina está
permitido el diagnóstico prenatal, para determinar si un feto
carga con una
enfermedad genética, pero a la vez se impide la eliminación del
embrión, con
lo cual se evidencia una doble moral, que también nombra al
desarrollo de
embriones como "adopción prenatal"... Son ese tipo de cuestiones
las que
atraviesan la experiencia cotidiana.
F.L.: Claro. En realidad, todos somos pacientes en algún
momento de nuestra
vidas, y continuamente esto forma parte de nuestra vida, y aun
los médicos
pasan a tener esta mala suerte de ser pacientes... es una
realidad.
Entonces, son asuntos que nos tocan en tanto pacientes, en tanto
médicos o
decisores, la persona que está pensando en políticas públicas. Y
en ese
sentido no sólo nos toca este tipo de temas, sino que la
bioética recoge
parte de todo este tipo de reflexiones.
A.S.: Otra cosa que tratamos específicamente de incluir en el
libro es la
perspectiva de género, pero de una manera muy crítica. No fue
fácil, pero
eso está bien: si hubiera sido fácil, no tendría valor. Las
respuestas
simplistas, si alguien las tiene, entonces muy probablemente no
sean las
respuestas adecuadas, porque estos son temas complejos.
F.L.: Uno se encuentra muchas veces en bioética con slogans:
investigación
sí, investigación no, aborto sí, aborto no... pero no se
resuelve así. Las
dicotomías no funcionan. Y bueno, hay que arremangarse, tener
paciencia,
pensar en otras teorías, pensar en el contexto, pensar en cómo
esto incide,
cómo lo puedo incorporar.
En un tramo del libro se ponen camorreras: plantean que los
problemas no son
tan nuevos, que la técnica reactualiza preguntas viejas.
F.L.: Es que es verdad: hay muchos problemas que en realidad no
aparecen
recién ahora. Tanto en genética, como en cuanto al SIDA, por
ejemplo:
discriminación ha habido a lo largo de toda la historia, ¿no?
Hay
enfermedades o situaciones que ponen de manifiesto esto de
manera más
exacerbada. También ha habido muchas veces problemas con el
manejo de la
información y la confidencialidad. Muchas de estas cosas vienen
de la mano
de posiciones exitistas que lo único que pretenden es vender y
vender
tecnología. Muchas veces uno se pregunta cuánta tecnología en
los últimos 15
años realmente ha producido cambios drásticos y sustanciales. Y
hay
cuestiones, vuelvo al tema de la pobreza, que son como básicas:
agua potable
es básica, electricidad es básica... y eso evitaría un montón de
enfermedades infecciosas. Los primeros antibióticos fueron
revolucionarios
realmente, pero ahora, toda la investigación que se está
haciendo no es tan
revolucionaria, muchas veces se trata de conseguir una nueva
patente de la
misma droga con un pequeño cambio que me permita tener esa
patente durante
otros 20 años. Y esto es parte de lo que uno tiene que poder
desembozar en
el discurso actual. Con la genética pasa un poco lo mismo: era
como que la
genética venía a salvar el mundo. Bueno, paremos un poquito:
¿qué es lo que
puede salvar? Me da mucho diagnóstico, ¿pero cuánto me está
dando de
tratamiento? Quiero decir: hay cuestiones tecnológicas que
pueden ser muy
interesantes, pero paremos un poquito, pensamos qué nos están
ofreciendo.
Trabajaron con colaboradoras que aportaron algunos de los
capítulos, y
además incluyeron un apéndice de Susana Sommer, sobre la
situación de las
mujeres en Latinoamérica. ¿Por qué?
A.S.: El apéndice trata de describir cómo la bioética puede
tener un
impacto en el bienestar de las mujeres, especialmente en América
latina. En
América latina, por el aborto, la anticoncepción, el feminismo
se ha metido
antes que otras corrientes en la bioética. Entonces, de alguna
manera
queríamos reconocer que el movimiento de las mujeres, bien o
mal, ha estado
casi desde el comienzo muy involucrado, y tratando de discutir
temas
bioéticos, aun cuando no los definieran así. Cuando se habla de
anticoncepción, de aborto, se utilizaron consideraciones de la
bioética para
discutir esos temas. Pensamos que era bueno decir "ok,
entendemos de dónde
viene todo esto y reconocemos que han tratado de ini12ciar la
discusión". Lo
dejamos aparte, como apéndice, porque la argumentación es
diferente de los
otros capítulos: es un agregado en el cual queremos reconocer un
aporte,
pero no se trata de argumentación filosófica.
F.L.: Y también porque en Argentina el feminismo es casi una
mala palabra.
Si sos feminista, ya parece que vas a salir a matar a todo el
mundo.
Entonces nos parecía que era una forma de mostrar un poco lo que
ha hecho el
movimiento de mujeres, de qué manera ha trabajado, la
importancia que ha
tenido. Es también una forma de reconocer para promover, para
que se vea que
hay mucha más tela para cortar, que puede haber mucha más
sutileza. Por eso
tratamos de mostrar toda la complejidad que ha tenido el
pensamiento
feminista en estas áreas.
A.S.: Las otras dos coautoras, Graciela Vidiella y María
Victoria Costa,
vienen dedicándose a esos temas sobre los que escriben (salud y
Justicia
una, manejo de la información médica la otra) desde hace un
tiempo, son
colegas que respetamos y trabajan sobre eso en profundidad.
Entonces nos
pareció interesante sumarlas.
F.L.: En el libro somos todas mujeres y dedicamos el libro a
nuestras
hermanas, que también es como una metáfora de contar con otra
mujer como una
hermana, tiene que ver con esto de los vínculos.
A.S.: Creo que también tiene este espíritu que pusimos al
recoger parte de
los desarrollos que vienen del feminismo.
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