Fundamentalismos, derechos humanos y violencia contra las mujeres
Fuente: RSMLAC
“Toda la vida de las mujeres, desde la infancia hasta la vejez,
está ensombrecida por la violencia, como amenaza o como realidad”.
Marcela Lagarde
Es difícil, en el contexto de las sociedades contemporáneas, que
alguien medianamente informado pueda negar la existencia de la
violencia contra las mujeres como un fenómeno grave y reiterado que
no discrimina entre mujeres pobres o acomodadas; mujeres niñas,
jóvenes o viejas; mujeres con escasa escolaridad o profesionales;
mujeres rurales o urbanas; mujeres que profesan una fe o no tienen
creencia. De ser un hecho oculto y mayormente silenciado hace unas
décadas, hoy emerge al debate público como una problemática de
dramáticas dimensiones que desafía a todos los sectores sociales,
en especial a los gobiernos, en la búsqueda de respuestas urgentes,
tanto en la aprobación de legislaciones que sancionen las distintas
expresiones a través de las cuales esta violencia se expresa, como
también en el diseño y puesta en marcha de políticas públicas
coherentes con la gravedad del fenómeno.
No obstante, a pesar de esta aparente mayor apertura social y
política respecto al tema, lo cierto es que persiste porfiadamente
lo que se ha llamado "la naturalización" de la violencia hacia las
mujeres, es decir, la normalidad con que muchas personas aún miran
los hechos de violencia con sesgo de género, como si en la vida de
las mujeres estuviese escrito que pueden y “merecen” ser
castigadas. Sin duda, esto dice relación con la permanencia en
nuestra cultura de una normativa propia del orden patriarcal, a
través de la cual se ejerce sobre las mujeres un control sobre su
sexualidad y reproducción, su expresión erótica, su maternidad, su
acceso al trabajo y al mundo público, y sobre sus condiciones de
vida en general. Es así como cualquier desobediencia a los mandatos
históricos impuestos, puede significar un castigo para la mujer
trasgresora. E incluso, sin existir dicha “trasgresión”, la sanción
y la violencia pueden emerger igual.
Esto refleja claramente la forma en que el patriarcado se sustenta
como un sistema de propiedad sobre las mujeres, un sistema
regulatorio que controla sus vidas en un sentido muy amplio. Tal
como señala Marcela Lagarde, "es un orden de propiedad social y
privado de las mujeres, a través de la apropiación, posesión,
usufructo y desecho de sus cuerpos vividos, su subjetividad y sus
recursos, bienes y obras".
Cómo ampliar la mirada
La comprensión del fenómeno de la violencia contra las mujeres nos
exige, por lo tanto, identificar las formas a través de las cuales
se concreta la apropiación de los cuerpos femeninos por parte del
patriarcado, y cómo en el ámbito privado y en el público se las
inferioriza y discrimina hasta el extremo de enajenarles sus
derechos humanos fundamentales.
La violencia contra las mujeres, por ende, es una expresión clara
del control de los cuerpos femeninos. El hombre que golpea a su
pareja, que viola a su hija, que acosa a la compañera de trabajo,
que persigue y mata a su ex esposa, está ejerciendo un poder
patriarcal que le permite afianzar la autoridad masculina y
sancionar el incumplimiento de mandatos culturales. Desde la óptica
estereotipada de roles masculinos y femeninos, por tanto, que la
mujer no planche una camisa o no tenga la comida a tiempo pasan a
ser excusas suficientes como para un castigo. El que una mujer
quiera terminar la relación de pareja, es una “afrenta” que puede
castigarse con la muerte, Y de hecho lo es: un alto número de
femicidios ocurre, justamente, cuando la mujer manifiesta su
decisión de alejarse o cuando ya se ha ido.
Sin embargo, lo cierto es que la violencia contra las mujeres va
incluso más allá de expresiones tales como golpes, amenazas, acoso,
abusos, maltrato psicológico, coerción económica, sexo forzado,
femicidio. Asimismo, no son solo las parejas, cónyuges, amigos o
extraños quienes individualmente ejercen violencia contra las
mujeres. Pues si en la violencia con sesgo de género se evidencia
cómo los cuerpos femeninos son sojuzgados, entonces podemos ampliar
la mirada e identificar que esto surge también de los Estados y sus
instituciones, de las ideologías, de las tradiciones, de la
cultura, de las leyes, del sistema educativo, del sistema médico
hegemónico, del lenguaje cotidiano, de los medios de comunicación,
en fin, de un sistema social que domina, subordina y discrimina a
las mujeres a través de distintos mecanismos
Los fundamentalismos, en especial los religiosos, pero también los
filosóficos, ideológicos, económicos, políticos o científicos, son
un claro ejemplo de un sistema que ejerce acciones sobre la base de
un poder ilegítimo, acciones que van dirigidas a resguardar dogmas
y a fomentar modelos únicos de conducta, pasando a llevar los
estándares mínimos de respeto a los derechos humanos universales de
quienes piensan, sienten y actúan de otra forma. Las mujeres –y
otros colectivos humanos, como las minorías sexuales– son blanco
preferente de esas acciones, las que se caracterizan por su gran
virulencia, extremismo e intolerancia. En los meses recientes en
nuestra región hemos asistido a los siguientes hechos
característicos de un fundamentalismo extremo, y cuyo fin es el
control de las mujeres, de su sexualidad y reproducción:
* Eliminación del aborto terapéutico en el Código Penal de
Nicaragua, vigente por más de cien años, el que permitió salvar la
vida de miles de mujeres para quienes la maternidad constituía un
riesgo. Varios partidos políticos, incluyendo el Frente Sandinista
y el hoy presidente Daniel Ortega, transaron los derechos humanos
de las mujeres en un acuerdo político vergonzoso con la jerarquía
de la Iglesia Católica.
* Intento de eliminación del Art. 447 del Código Penal de Ecuador
que permite el aborto terapéutico, lo que finalmente fue rechazado
gracias a la acción decidida de parlamentarias, de organizaciones
de mujeres a nivel nacional, de la movilización del Consejo
Nacional de las Mujeres y la solidaridad regional. Se acordó no dar
trámite al informe de minoría y se archivó el proyecto.
* Demanda de inconstitucionalidad contra las Normas Nacionales de
Regulación de la Fertilidad en Chile, presentada por el Frente de
Parlamentarios por la Vida, que de ser aprobada podría significar
un retroceso gigantesco en las políticas sobre anticoncepción en el
país y el riesgo real de que se ilegalice la entrega de todos los
anticonceptivos que contengan el Levonorgestrel, y por supuesto la
anticoncepción de emergencia.
* En Brasil, la XIII Conferencia Nacional de Salud rechazó una
propuesta con respaldo del gobierno que buscaba despenalizar la
práctica del aborto en el país, donde solo se permite en caso de
riesgo de vida de la madre, por violación y anencefalia. Cerca del
70 por ciento de los 2.627 delegados/as con derecho a voto
rechazaron la propuesta, que será excluida del informe final de la
Conferencia para ser entregado a los poderes Ejecutivo, Legislativo
y Judicial. La recomendación de las organizaciones feministas,
apoyada por el gobierno, proponía "asegurar los derechos sexuales y
reproductivos, respetar la autonomía de las mujeres sobre su
cuerpo, reconociendo el aborto como problema de salud pública y
discutir su despenalización por medio de un proyecto de ley".
* En Uruguay el Senado aprobó la Ley de Defensa de la Salud Sexual
y Reproductiva, que incluye el aborto a demanda de la mujer en el
primer trimestre del embarazo, propuesta que pasa a Diputados Sin
embargo, el Presidente Tabaré ha reiterado su propósito de vetarla.
* En Paraguay el Congreso Nacional votó en contra de un proyecto de
ley sobre salud reproductiva y sexual presentado por tercera vez,
como una clara demostración de la alianza con los sectores de la
Iglesia Católica. Su articulado contenía importantes avances en el
resguardo de la salud sexual y reproductiva de las mujeres y
hombres en dicho país.
* En Chile se constituyó la Asamblea Mundial de Parlamentarios por
la Vida, con la participación de más de medio centenar de
parlamentarios/as de 17 países asistentes a la Cumbre Mundial del
Frente Parlamentarios por la Vida, instancia que tiene un año de
creación. La declaración final de dicho encuentro compromete a los
firmantes a “rechazar todo proyecto de ley o iniciativa que acepte
o suponga cualquier tipo de práctica abortiva, eugenésica,
eutanásica, de encarnizamiento terapéutico, mutilante, clonizante o
que manipule la vida humana”. También pide a los legisladores hacer
lo posible por revertir leyes que permiten el aborto, y señala lo
ocurrido en Nicaragua como un ejemplo para la región, y crear
legislaciones y estructuras que promuevan y defiendan la vida
“desde el momento de la concepción a la muerte natural”.
En todos los ámbitos, a denunciar la violencia contra las mujeres
El respeto, la promoción y la protección de los derechos humanos
constituyen una exigencia de las sociedades actuales, y los
derechos de la mujer no pueden verse limitados ni trasgredidos bajo
ningún pretexto, ni por personas a título individual, ni por
instituciones, ni por los Estados ni por las ideologías, incluyendo
las religiosas. Nada puede estar por encima del respeto de los
derechos humanos fundamentales y las libertades democráticas de las
mujeres, en tanto sujetas humanas.
Es así como las democracias, para ser reales, efectivas y
respetuosas de la justicia social y de género, necesitan garantizar
la plena vigencia de los derechos de las mujeres, incluido su
derecho a la autodeterminación, a la libertad, a la igualdad, a la
seguridad, a la autonomía de decisión sobre su cuerpo, su
sexualidad y reproducción; a la maternidad voluntaria, gozosa y
protegida; a la integridad corporal y psíquica; a no estar
sometidas a torturas ni penas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes.
Al visualizar con claridad y precisión desde donde surge la
violencia contra las mujeres, con sus múltiples expresiones, desde
los golpes, los ataques a su autonomía y libertad, hasta la
imposición de modelos y roles estereotipados, podremos, entonces,
demandar a nuestras democracias que avancen a su erradicación. Y
podremos también reparar las heridas históricas del cuerpo y la
psiquis de las mujeres.
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