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Uruguay:
Sexualidad y muerte temas tabú para la sociedad
Intervención de la Senadora
Dra. Mónica Xavier en hora previa del Senado, el día 5 de junio de 2007
Desde hace 20 años cada 28 de mayo se conmemora el Día
Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres.
La Red Mundial por los Derechos Reproductivos no sólo reconoció la
necesidad de reflexionar y discutir sobre las políticas y programas
en torno a la salud de las mujeres, sino que resaltó la importancia
de proponer acciones a favor de la salud de la población femenina
mundial. Por ese motivo no podemos dejar pasar esta fecha sin
referirnos a la necesidad que nuestro Parlamento aporte a la
realización de acciones efectivas por la salud de las mujeres en el
Uruguay.
En nuestro país a través de diferentes programas y tareas se han
vuelto políticamente visibles los invisibles, cada vez más se
incluyen quienes estaban marginados de nuestra sociedad en
diferentes formas. También las políticas de género han ganando
espacios por el esfuerzo y lucha cotidiana de las mujeres y los
hombres que no cejan en reivindicar no sólo los derechos de las
mujeres sino también en desplegar sus potencialidades y
capacidades. Sin embargo, en pleno siglo XXI hay voces que ponen en
cuestión el derecho de las mujeres a defender y exigir que no se
les impongan maneras de vivir la sexualidad, como por ejemplo, su
salud reproductiva.
Las mujeres, como los hombres tenemos el derecho inalienable a
decidir sobre nuestro propio cuerpo. ¿Quién si no?. Que se cercenen
las libertades de la mujer en cuanto a su vida sexual y
reproductiva implica claramente que otros están decidiendo por
ellas. Aunque esos otros aparezcan desdibujados en su capacidad de
decidir por ella. ¡No escondamos esas responsabilidades tras el
nombre de la NATURALEZA o la CIENCIA!
Reconocerá el Sr. Presidente de la Cámara, en esta expresión el
sentir de las mujeres y de muchos hombres que asumen la necesidad y
responsabilidad de exigir y proponer la DEFENSA DE LA SALUD SEXUAL
Y REPRODUCTIVA, el Parlamento de nuestro país no debe ni puede ser
ajeno en la búsqueda de las mejores maneras de implementación de
esos derechos. Por motivos anatómicos y fisiológicos las
consecuencias de las acciones en el ámbito reproductivo recaen
mayoritariamente en los cuerpos de las mujeres. Mientras que por
motivos culturales las decisiones sobre esas consecuencias no las
puedan tomar las mismas mujeres que lo sufren en su cuerpo, extraña
paradoja que no podemos dejar de denunciar en este día.
Hablar de fundamentos basados en la naturaleza o científicos en
contra de que la mujer decidida sobre su propio cuerpo,
escamotearía la exigencia de que un tema tan complejo alcance todas
las dimensiones que abarca, entre ellas la política y la ética.
Un científico que marcó el rumbo de la ciencia en el siglo XX,
Albert Einstein, señaló con total justeza que “es mucho más
sencillo disolver un átomo que un prejuicio.” Defender la Salud
Sexual y Reproductiva de las mujeres es poner en la agenda de
discusión del parlamento todos los prejuicios y tabúes adheridos a
la sexualidad. Por esos motivos las mujeres hemos sido acusadas de
brujas, a la vez que se nos pone en el lugar de diosas cuando se
trata de la maternidad. ¿Cómo salir de esa falsa dicotomía que nos
ha marcado a través de los siglos?
Sabemos de la complejidad y sensibilidad del tema que ha despertado
y despierta en todo el mundo profundas controversias y
movilizaciones. El respeto y visibilidad de las diferentes
posiciones será fundamental para producir un debate que nos
enriquezca y muestre lo mejor de nuestras tradiciones laicas,
democráticas y de defensa de los derechos de las mujeres a nivel de
Estado.
Muy lejos estamos de pretender estigmatizar las diferencias en la
manera de analizar la salud sexual y reproductiva, así como en las
acciones que aportan a mejorarla. Ya muchos estigmas hemos cargado
las mujeres sobre nuestras espaldas y en nuestros vientres como
para facilitar desviar el debate hacia esos campos. Entre otros, la
estigmatización del embarazo de la madre soltera, del que se
produce sin pareja estable, de la madre adolescente, de la que
decide interrumpir el embarazo.
Hoy queremos resaltar sólo algunos de los ejes sobre los que
buscaremos dar el debate -una vez más- en torno a la Salud Sexual y
Reproductiva, ya que hemos comenzado a tratar el proyecto de ley en
la Comisión de Salud Pública. Pero, esta no es la única
problemática que nos preocupa de la salud de las mujeres en nuestro
país.
Cuando se trata de definir el tema para las acciones de las que nos
ocuparemos en el año 2007, en el Día Internacional de Acción por la
Salud de las Mujeres no podemos dejar de resaltar la problemática
del suicidio en nuestro país. Si bien las tasas alcanzadas en el
2002 han descendido, aún no se ha llegado a los niveles previos a
los años 90, que ya eran elevados.
Desde una perspectiva estadística el suicidio de mujeres en nuestro
país alcanza a un 0,5% de la población femenina. La frialdad de las
cifras no permite ver el sufrimiento de las mujeres que ya no
soportan su vida, ni tampoco el de los lazos afectivos que cada una
de esas mujeres tenía. Una vez más, hemos escuchado la
estigmatización de quienes culpabilizan a la que se quitó la vida o
a la familia que no la contuvo.
¿No será tiempo de preguntarnos si hemos hecho el mayor esfuerzo
para comprender el lenguaje mudo de la agresividad contra sí mismo
y los más cercanos?. La sordera que muchas veces invade a la
sociedad frente a ese sufrimiento y pretende dejar en el ámbito
estrictamente privado una problemática que lo desborda?. Baste como
triste y lamentable ejemplo el brutal aumento de las estadísticas
de suicidio en el año 2002 en nuestro país, que pasó de 10 personas
cada 100.000 a 20 cada 100.000, la ruptura de las redes sociales de
contención producto de la terrible crisis financiera que vivió
nuestro país se vio claramente reflejada en la duplicación del
número de suicidios.
El suicidio implica múltiples y complejos factores que han de ser
analizados en su pluralidad. Factores tanto individuales como
sociales, pero al igual que la problemática de salud sexual y
reproductiva anteriormente señalada estamos ante un problema que
enfrenta a la sociedad y cada uno con sus tabúes más arraigados: la
muerte.
Sexualidad y muerte han sido los grandes temas tabú de la
humanidad. Quizás por eso, también, se nieguen con tanta
obstinación las condiciones de riesgo a las que se somete a las
mujeres que han de abortar en la clandestinidad. La muerte de
muchas de esas mujeres pareciera, por momentos, no existir o no
alcanzar el nivel necesario de preocupación de parte de quienes
podrían aportar para evitarlas.
Para terminar, resaltaremos que ambas problemáticas Salud Sexual y
Reproductiva en las mujeres y Suicidio contienen una gran
complejidad imposible de resumir en esta exposición.
Reafirmamos nuestro compromiso de continuar aportando acciones
efectivas para la prevención del suicidio. Un paso fue la
aprobación de la Ley 18097 de Prevención del Suicidio y el
seguimiento de su implementación para tender las redes de
prevención y su utilización. En la misma línea buscamos desarrollar
acciones que apunten a la prevención y promoción de la salud sexual
y reproductiva de las mujeres y a minimizar los riesgos de muerte
innecesarios por estos motivos con el del Proyecto de Ley de
Defensa del Derecho a la Salud sexual y Reproductiva.
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