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Alain Touraine, sociólogo francés, analiza:
La hora de las mujeres
Revista YA, El Mercurio (Chile)
Texto: Daniela Mohor
28 de marzo de 2006
Gentileza de Gloria Careaga (Facultad de Psicologia, UNAM)
Se acabaron los tiempos de dominación masculina. Hoy, bajo la
influencia de las
mujeres, se configura un mundo en que lo privado invade lo público.
"Las
mujeres de ahora se interesan en la transformación ética, moral,en
cómo vivir.
Diría que el mundo de los hombres era hacia afuera, el universo de
la
conquista. Ahora hay un mundo hacia adentro", dice Alain Touraine,
quien
analiza este nuevo escenario en "El mundo de las mujeres", el libro
que acaba de publicar en París y que detalla por primera vez en
Chile con
Revista Ya.
Alain Touraine ha recorrido el mundo, pero tiene con Chile una
relación
especial. Aquí conoció a su esposa, quien murió de cáncer en 1990,
lo que,
según ha dicho, inspiró su reflexión sobre el gran cambio cultural
que se
está viviendo. Alain Touraine es considerado uno de los sociólogos
contemporáneos más destacados. Lleva décadas investigando la
relación entre
individuo y sociedad, y a sus 80 años sigue publicando libros. En
un primer
tiempo enfocó sus estudios en la sociología del trabajo,
investigando,
entre otros, a los obreros de las minas de la zona de Lota en los
años '50.
Luego, las revueltas de Mayo de 1968 y los movimientos sociales,
tras el
ascenso de gobiernos militares en América Latina. Más recientemente
ha
investigado el tema del sujeto, como principio central de acción de
los
movimientos sociales. Así fue como llegó a desarrollar una
reflexión sobre
el pensamiento de las mujeres y su efecto sobre la sociedad.
En sus dos últimas publicaciones, "Un nuevo paradigma" - el libro
que presentó en la Universidad Arcis hace dos semanas- y "El mundo
de las
mujeres", recién estrenado en Francia, explica que la modernización
ha
puesto fin a los antiguos modelos occidentales de sociedad en los
que la
realidad se pensaba en términos socioeconómicos. Ahora, dice Touraine,
entramos a una era en que las cosas se definen en términos
culturales. Ya
no se habla de clases, huelgas, riquezas y redistribución, sino que
nos
preocupan temas como los derechos humanos, el aborto, el espacio
que hay
que darles a las minorías o el rol de la sexualidad. Y las mujeres
tendrían
mucho que ver con eso. "Las mujeres de ahora se interesan en la
transformación ética, moral, en cómo vivir. Diría que el mundo de
los
hombres era un mundo hacia afuera, el universo de la conquista.
Ahora hay
un mundo hacia adentro. No se trata de conquistarlo, sino de
construirse a
sí mismo. Las mujeres dejaron de ser víctimas. Antes les pasaban
cosas: las
embarazaban, cumplían las funciones que les pedían, decían nosotros
para
hablar de la familia, del grupo social o incluso de las mujeres.
Ahora
pueden decir "yo"; se definen por lo que afirman y no por lo que
soportan, sabiendo que soportan. Esa es la gran transformación",
dice.
¿Qué rol juegan las mujeres en este nuevo paradigma?
- En el nuevo modelo cultural se reconstruye lo que fue rasgado.
Nuestro
modelo occidental de modernización, tal como se desarrolló hace 500
o 600
años, subió a un caballo a una élite científica, política,
administrativa y
económica que fue a conquistar el mundo creando tensiones,
desigualdades.
Funcionó igual que una máquina de vapor en la que hay un polo
caliente y
uno frío, y mientras más tensión existe entre los dos, más se crea
energía.
La élite planteó "las mujeres son una figura de la inferioridad";
se formó una especie de bloque de la inferioridad que está definida
esencialmente por la no subjetividad. El ser inferior es el que no
puede decir
"yo". Así vivimos en los siglos XVI, XVII y XVIII. Luego los
dominados se
cansaron y empezaron a decir "basta". El ciudadano le cortó la
cabeza al rey;
el obrero se sindicalizó y las mujeres inventaron el feminismo,
logrando así
transformaciones muy importantes. Finalmente, en este modelo
occidental se
distendió la cuerda y no quedó nada, sólo el mercado: la gente lo
pasa
bien, se da gustos, hace cualquier cosa. Yo me pregunté, entonces,
¿qué
idea sostiene este nuevo mundo?, y la hipótesis más razonable era
decir que
se trataba de las mujeres porque fueron el grupo social más
totalmente
"inferiorizado". Como las instalaron en la categoría inferior,
quieren volver a reconstruir lo que se quebró, rasgó. Ellas son las
sostenedoras de este nuevo modelo cultural.
¿Qué quieren volver a recomponer?
- Por ejemplo, lo privado y lo público, o todo lo que constituye la
oposición hombre-mujer. No están haciendo una sociedad de mujeres
para
reemplazar una sociedad de hombres. Reconstruyen para los hombres y
las
mujeres. Ellas se construyen como sujetos a través del rechazo de
todas las
polarizaciones. Rechazan la separación sexualidad-amor, por
ejemplo. Son
las que mejor perciben, y muy conscientemente, el carácter
insoportable del
quiebre, de la polarización. A veces resumo el asunto de la manera
siguiente: el mundo que hicieron los hombres era un mundo en que
primaba la
conjunción o: o la casa, o el trabajo; o la guerra o la paz; o la
derecha o
la izquierda, o el capitalismo o el socialismo. El mundo que hacen
las
mujeres es ambivalente, un mundo de la conjunción y, pero cada vez
hay una
pérdida porque es imposible dar al ciento por ciento de los dos
lados. Eso
significa que las mujeres están muy frustradas, pero para ellas es
la única
manera aceptable de ser. Es una solución muy costosa; de hecho sólo
hablan
de eso: ¿cómo me ocupo de mí y de mis hijos. Si tengo a un hijo
enfermo,
voy o no voy a trabajar?; sé perfectamente que no haré carrera si
me
embarazo, etcétera. Pero soltar algo no es una posibilidad.
¿Por qué no?
- Porque eso es lo que ellas conquistaron, hacer las dos cosas,
suprimir la
frontera entre lo público y lo privado. Lo que define a las mujeres
es la
voluntad de hacerlo todo. Hice una investigación con mujeres tanto
individualmente como en grupo, y cuando se les pregunta "si se
comparan
con los hombres, ¿existe alguna superioridad?", ellas dicen con
mucha
simplicidad: "Nosotras somos un poco superiores porque sabemos
hacer
varias cosas a la vez". Eso significa que no sólo sabe llevar una
vida privada
y profesional o pública a la vez, sino que además quiere hacerlo.
El cuerpo y
el espíritu, la naturaleza y la cultura, el hombre y la mujer: son
todas
cosas que para ella hay que volver a juntar, hay que reconstruir de
manera
completamente consciente. Otro aspecto interesante es que para esas
mujeres
lo más importante es la construcción de sí mismas; el nivel de
relación más
alto es la relación consigo mismas. La con el otro sólo es
intermediaria.
De hecho, las mujeres no hablan mucho de los hombres. Hablan de las
mujeres.
Las mujeres parecen estar frente a una exigencia enorme...
- Pero es nuestro mundo. Así como tener un trabajo libre, con
garantías y
bien negociado fue el asunto del siglo XIX, el mundo de hoy es un
mundo en
el que el problema central es el de las mujeres.
Alain Touraine vino a Chile como invitado especial al cambio de
mando entre
Ricardo Lagos - con quien se reunió durante su estadía en Santiago-
y la
Presidenta Michelle Bachelet. Así pudo observar en primera línea
las
transformaciones que vive el país. En su opinión, el ascenso de
Bachelet no
es casual. "Precisamente porque es tan importante ser mujer, que
Bachelet le permitió a Chile salir de sus impotencias, de su
silencio, de su
mala conciencia. Hay mucho resentimiento frente a cierta época en
Chile y ella
es capaz de llegar y pronunciar el nombre de Víctor Jara o de
Violeta Parra
sin tapujos". Sigue: "Eso no tiene que ver sólo con el hecho de
que sea mujer. Hay un fenómeno absolutamente asombroso, que es su
capacidad de
aparecer como una persona privada en una situación pública. Por
ejemplo,
generalmente los políticos saludan con un gesto formal de la mano;
ella lo hace
moviendo la mano más abajo, como uno saluda a los niños. Hace
gestos de mujer
privada, de individuo. Se baja del auto y abraza gente. Eso no
tendría sentido
si no hubiera detrás un fenómeno femenino".
¿Y cómo ve usted a las mujeres chilenas?
- No sé mucho, pero hicimos hace unos años un estudio de una
población
chilena, compuesta esencialmente de mujeres. Algunas de ellas eran
incluso
de campamentos. Lo primero que descubrimos, y no fue sorpresa, fue
que los
hogares son mayoritariamente monoparentales. Lo otro es que lo que
se
espera de los hombres no es mucho. Las mujeres decían "no me hace
la
mala vida, no llega borracho y no trae otra mujer a la casa"; es
decir, lo
que esperan es bastante limitado. Estas mujeres se ocupan de la
vida pública.
Son ellas quienes negocian para conseguir un consultorio,
alcantarillado,
una unidad de Carabineros, un colegio. Y lo entretenido es que
estas
mujeres que se ocupan de las relaciones con las autoridades
públicas
también hablan, entre ellas, de sexualidad. En Chile, mi
sentimiento o mi
pequeña experiencia es que el hombre está dominado por su madre. Un
chileno
de Santiago que va a hacer negocios a Concepción, por ejemplo,
cuando llega
la noche no llama a su mujer ni a su amante, sino que a su madre.
Es un
hombre relativamente débil. En Chile el hombre tiene una posición
muy
inferior a las mujeres.
¿O sea que no considera que sea un país machista?
- Para nada. No hay que abusar de las palabras. Vaya a México si
quiere ver
a un macho. Hay que decir que los hombres no reaccionan para nada a
lo que
está pasando. Están más bien de acuerdo con este cambio de cultura.
Si se
juntan diez mujeres y diez hombres para hablar de sus relaciones,
¿qué
ocurre? Las mujeres hablan, los hombres no; las mujeres vuelven a
hablar y
los hombres dicen que las mujeres tienen razón. Ese es el esquema.
Y los
hombres agregan: "Estamos de acuerdo con el modelo, pero nosotros
no
podemos funcionar así. Somos trabajo, trabajo, trabajo. Nada de
ambivalencia entre lo privado y lo público". Tuvimos un mundo
dominado
por modelos masculinos y desde los años '60 ya estamos siendo
dominados por
modelos femeninos. Y los hombres siguen esta nueva tendencia con
atraso,
así como lo hicieron las mujeres antes.
¿Y cuál es el rol de los hombres hoy en día?
- Hay un progreso con los nuevos padres. Tengo un hijo, por
ejemplo, que es
profesor de medicina; trabaja mucho, pero cocina y baña a los
niños. Pero
esos progresos no van en el sentido unisex. Yo defiendo la idea de
que lo
que movió el mundo antiguo, la época de la conquista, seguirá
siendo un
asunto de hombres. No es por nada que en las expediciones se ven
más
hombres que mujeres. Hay una búsqueda de aventura por parte de
ellos, y yo
encuentro que no está mal quedarse con eso.
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