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8 de Marzo Día Internacional de la Mujer

UNIR LA LUCHA Y EL DESEO una fuerza altamente subversiva

por Liliana Daunes

El próximo miércoles, 8 de marzo, las mujeres volveremos a salir a las calles, a las plazas, en todo el mundo, para realizar una jornada de lucha. Claro que nuestras batallas contra el patriarcado y contra el capitalismo no se resumen en una fecha. No se reducen a un acto o a una movilización. Es un esfuerzo cotidiano, que involucra a millones de mujeres en el mundo, que hemos ido aprendiendo a reconocernos, a nombrarnos con voz propia, a identificar nuestras demandas, a festejar nuestras conquistas, a nutrirnos de la memoria fértil de nuestras mártires, a celebrar las posibilidades de pensar con libertad  nuestra sexualidad, nuestros cuerpos, nuestros deseos, y a actuar cada vez más coherentemente con las libertades ganadas. Es una pelea por nuestros derechos humanos como mujeres, y también, por re-conocernos como mujeres, por pensarnos a nosotras mismas y dejar de ser explicadas por otros. Esto implica una gigantesca batalla cultural, que comenzó por el acceso a la educación, en todos los niveles, y que ahora implica profundos cambios que atraviesan a disciplinas tan diversas como la medicina, la filosofía, la economía, o el derecho. Desmontar la marca patriarcal de las explicaciones del mundo hechas sin nosotras o sobre nosotras, y poder no sólo pensarnos, sino también comunicarnos desde nuestra propia identidad.

El 8 de marzo entonces, salimos a las calles, para visibilizar esas múltiples cotidianas. Para ocupar el espacio público que nos sigue siendo retaceado por las concepciones que escinden lo público y lo privado, y pretenden relegarnos en el espacio de la llamada vida privada. Cuando las feministas afirmamos: "lo personal es político", comenzamos a desarmar esa construcción cultural que nos vuelve víctimas de una esfera agobiante que se resume en reproducción de la vida, la reproducción gratuita de la fuerza de trabajo (a través de la esclavitud del trabajo doméstico no valorado ni remunerado), e incluso víctimas de la violencia de género, de la explotación sexual y hasta del femicidio.

Pero junto con la afirmación de que lo personal es político, la batalla más eficaz ha sido la de llevar a las calles las demandas que realizamos de transformación de la cultura y de la vida cotidiana. En esta perspectiva la campaña por el derecho al aborto, que se reimpulsará en este 8 de marzo, es parte de esta voluntad de ganar el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. Nosotras parimos, nosotras decidimos. Y cuando decidimos sobre nuestros cuerpos, ya no se trata sólo de cuándo parir, e incluso si queremos o no parir. Se trata también de cuando y con quién gozar, cuando y con quién y cómo es nuestra sexualidad, nuestro deseo, nuestro placer. Deseo y placer, condenados por la cultura inquisitorial capitalista y patriarcal, burguesa, racista, machista, homofóbica, occidental y cristiana.

Unir la lucha y el deseo, es una fuerza altamente subversiva. Por eso nos han quemado en hogueras como brujas. Por eso nos siguen estigmatizando, cuando marchamos en las calles con alegría, sin olvidar cada una de las conquistas obtenidas, y a las vidas de mujeres entregadas generosamente en esa lucha.

Lo cotidiano politizado, y lo político vuelto parte de nuestras acciones cotidianas. Junto a las batallas por los derechos de las mujeres, nuestra jornada internacionalista ha sido siempre un momento de lucha por la paz, contra la guerra imperialista.

Propuesto el Día Internacional de la Mujer por la líder comunista Clara Zetkin, en el Congreso de Mujeres Socialistas realizado en 1910, esta fecha nació como memoria de las obreras textiles que por luchar por sus derechos fueron asesinadas en Nueva York. Y al mismo tiempo, estas luchas por los derechos de las obreras, de las mujeres trabajadoras, contra el capitalismo y el patriarcado, se entrelazó rápidamente con las batallas contra la guerra imperialista.

Casi un siglo después que Clara Zetkin junto a su amiga y compañera Rosa Luxemburgo organizaron la Conferencia Internacional por la Paz, en la que las mujeres socialistas se reunieron en Suiza para condenar la primera guerra mundial, las mujeres participantes del Foro Social Mundial levantaron como eje para este 8 de marzo, el reclamo del fin de la guerra imperialista contra Irak.

Y ya que nombramos a Rosa Luxemburgo, la rosa roja de la revolución, quisiera recordar que esta mujer que nació el 5 de marzo de 1871, sigue siendo la profeta del mundo que soñamos construir con nuestra lucha. Rosa Luxemburgo, socialista, libertaria, colocó tempranamente un llamado de atención sobre el dilema civilizatorio que ahora se nos vuelve una encrucijada vital: "socialismo o barbarie", expresó, frente a la convicción que el capitalismo lleva al mundo, a su propia destrucción. Pero también señaló con mucha claridad, la necesidad de un socialismo que permitiera expandir las capacidades humanas, a partir de expandir las libertades y la democracia. Fustigó todos los rasgos de oportunismo, reformismo y autoritarismo nacidos en el socialismo de su tiempo. Rosa Luxemburgo afirmó: "La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que éste sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente".

8 de marzo. Una vez más la cita es en las calles. Por nosotras, por nuestra cotidiana reinvención del mundo, por nuestros deseos, por nuestros derechos, por nuestros sueños, por nuestras mártires, por nuestras brujas, por nuestra
libertad.