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Clarín.com
30.03.05
Debate: ¿Se debe despenalizar el aborto?
El derecho a tomar decisiones
Por
Silvina Ramos, Mariana Romero y Mónica Petracci
INVESTIGADORAS
DEL CEDES
¿A favor o en contra? Esta pregunta habitualmente ordena el debate
público
sobre el aborto. Es tramposa, habría que evitarla.
Lo que la ciudadanía tiene que discutir es si el aborto sigue
penalizado o si
el aborto es despenalizado en la Argentina. Esto es, si una mujer
tiene o no
tiene que ir presa por realizarse un aborto.
Nadie está a favor del aborto, pero sí somos muchos -una mayoría,
según
indican las encuestas de opinión pública realizadas en el país en
los últimos
años- quienes estamos de acuerdo con la despenalización de la
interrupción
voluntaria del embarazo.
¿Qué quiere decir? Quienes estamos de acuerdo con la
despenalización estamos a
favor de que las mujeres no mueran por complicaciones de abortos
inseguros: un
tercio de las muertes maternas en la Argentina se deben a esta
causa.
Estamos a favor de que las mujeres no sufran física y
psicológicamente por
hacerse un aborto en condiciones riesgosas: alrededor de 80.000
mujeres por
año se internan en los hospitales públicos por complicaciones de
abortos
inseguros y muchas de ellas sufren infecciones que las dejan
infértiles.
Estamos a favor de que las mujeres no se vean forzadas a seguir un
embarazo
que implicará responsabilidades que no están en condiciones de
asumir. Y los
niños necesitan madres y padres que los amen y puedan cuidar y
criar
adecuadamente. También estamos a favor de que las mujeres no
retrasen la
búsqueda de atención médica por temor a la denuncia policial que
en la mayoría
de los casos las espera cuando se internan en los hospitales.
Por último, también estamos a favor de que las mujeres puedan
tomar decisiones
de acuerdo a sus convicciones personales.
Quienes estamos de acuerdo con la despenalización también estamos
a favor de
que las mujeres puedan evitar un aborto. Para ello, prevenir un
embarazo no
deseado es la única alternativa. Y para que esto sea posible para
todas las
mujeres, en especial las más pobres y vulnerables de nuestra
sociedad, la
anticoncepción y las relaciones sexuales consentidas son piezas
clave.
El acceso a la anticoncepción es un eje de la política pública
actual. No fue
fácil conseguirlo y todavía hay sectores que se oponen a que el
Estado asuma
su responsabilidad para garantizar esta prestación básica de salud
y este
derecho humano de varones y mujeres.
Las relaciones sexuales consentidas necesitan cambios culturales
en las
relaciones de poder entre los varones y las mujeres. También de
cambios en las
políticas públicas. La educación sexual en las escuelas -que,
lamentablemente,
todavía pendiente- puede y debe ayudar en esa dirección.
A pesar de la penalización vigente, las mujeres de nuestro país
recurren al
aborto porque no pueden ni quieren llevar adelante un embarazo.
Despenalizar
el aborto no hará que las mujeres practiquen más abortos; sólo
hará que puedan
hacerlo de acuerdo a su decisión y en condiciones que no pongan en
riesgo su
vida y su salud.
Despenalizar el aborto no hará obligatoria su práctica; quienes
estén en
desacuerdo con esta opción también podrán decidir conforme a sus
convicciones.
Una sociedad democrática debe respetar estas diferencias y la
política pública
debe garantizar la salud de todas las mujeres.
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