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16 de Marzo de 2005 "YO ABORTE"
Latinoamérica sigue siendo una región fuertemente influida por un
profundo
machismo y por la honda inserción y gran poder político y
económico de la
Iglesia Católica, con un nuevo e intenso crecimiento de las
iglesias
evangélicas. Una combinación que conspira contra las mujeres,
contra nuestra
integridad, contra nuestra dignidad, contra el derecho al que no
renunciaremos nunca de decidir sobre nuestras vidas. Decidir,
también, sobre
nuestros cuerpos. Decidir si queremos o no embarazarnos, continuar
un
embarazo o abortar.
Se estima que entre 2.7 y 7.4 millones de abortos se practican
cada año en
toda Latinoamérica (la cifra es poco precisa porque no hay
estadísticas
oficiales, la mayoría no se reportan). Casi todos peligrosos por
realizarse
en la clandestinidad, salvo los que se hacen en Cuba, Barbados y
Belice.
Según la Organización Mundial de la Salud, se estima que 6000
mujeres
latinoamericanas mueren cada año por un aborto practicado en malas
condiciones; sólo 100 mujeres europeas mueren de esta manera.
En nuestro país mueren más de cuatrocientas mujeres al año por
aborto
clandestino. Muchas otras a causa de las malas condiciones en que
se
realizan los abortos y la culpabilización social, sobreviven con
secuelas
físicas y psíquicas que las acompañarán toda la vida. Todas ellas
tomaron la
decisión de desafiar las imposiciones de todo tipo del sistema:
religiosas,
jurídicas, sociales, médicas. En un acto de desesperación, que lo
torna una
rebelión no- consiente en la que saben que se juegan la vida y la
libertad, y
que se exponen a la condena social y también penal, de ese modo
materializan
lo ilegal, pero legitimo de los postulados de las luchas
históricas de los
movimientos de mujeres y feministas del mundo: derecho a decidir
libremente
sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, derecho al placer sin su
asociación
con la reproducción, derecho a una atención sanitaria digna y que
contemple
nuestras necesidades legalizando así, el deseo, la autonomía, las
necesidades propias de cada mujer.
Algunas lo hacen solas o acompañadas por su pareja, la mayoría por
otras
mujeres (amigas, hermanas, madre...), algunas con el dinero
suficiente para
hacer lo en un lugar seguro, muchas sin los medios necesarios para
acceder a
las mínimas condiciones de asepsia. En muchos casos, tampoco
reciben
anestesia, porque el/la médica que hace la intervención
clandestina no
quiere correr riesgos y porque le sale más barato.
Esta decisión marcará un punto de inflexión en sus vidas: más allá
de las
secuelas físicas si las hay, ninguna de ellas dirá que interrumpir
el
embarazo en las condiciones de clandestinidad que nos impone la
ilegalidad y
la sociedad no incidió de alguna manera en su futuro. Sin embargo,
todos
estos actos, desde cierta dimensión parecen pequeños pero que son
de una
magnitud y exigencia poderosos, quedan aislados en el más íntimo
ámbito de
la mujer que decidió abortar. La imposición del silencio por
vergüenza, por
miedo al castigo social o legal, por miedo a las represalias de la
propia
pareja o la familia, constituyen un pesado telón que oculta la
vivencia de
cada mujer. Y así, cientos de miles de mujeres pasan por esa
experiencia en
la soledad.
Y otra vez queda ese acto de violencia del sistema
contra
nuestros cuerpos y contra nuestra dignidad como personas relegado
al ámbito
de lo privado. Se lo muestra como un problema individual, de
solución
individual, con la intención de despolitizarlo y de negar las
complejas
cuestiones de poder, de desbalance entre los géneros y de opresión
de clase,
que están involucradas en el tema del aborto, o de manera más
general, en
todo lo relacionado con la capacidad de las mujeres de gestar. Se
pretende,
por lo tanto, sacar al aborto de las arenas de la discusión sobre
nuestros
derechos y sobre las políticas públicas, descartadas por la nula
separación
existente entre la Iglesia y el Estado y por el negocio macabro de
quienes
dicen oponerse al aborto por supuestas cuestiones de moral pero
lucran con
su práctica clandestina.
La campaña "Yo aborté" en la Argentina
En Argentina, ni siquiera la mujer violada puede realizarse un
aborto.
Frente a los abortos realizados clandestinamente, el Estado, a
través de sus
fiscales, realiza, cada tanto, allanamientos a lugares donde es
sabido que
se realizan abortos, procesando penalmente a las mujeres que ahí
se
encuentran y obligándolas a tener hijos que no desearon. Y no sólo
el
realizarse un aborto clandestino deja marcas en nuestros cuerpos y
nuestras
vidas. No poder hacerlo, no poder interrumpir un embarazo no
deseado, muchas
veces forzado, puede también dejar marcas terribles: ahí está
Romina
Tejerina, dos años presa, por no haber podido abortar un embarazo
producto
de la violación por parte de un vecino, que sigue libre; en shock,
mató al
bebé recién nacido. Todo ese dolor también va a la cuenta de
quienes dicen
oponerse al aborto "por amor a la vida".
A pesar de todo, el reclamo por el derecho a decidir sobre
nuestros cuerpos
toma cada vez más fuerza al interior del Movimiento de Mujeres y
de todas
las organizaciones sociales, reflejándose en las multitudinarias
marchas de
cierre de los encuentros Nacionales de Mujeres, donde el derecho
al aborto
es probablemente la consigna más fuertemente reclamada, junto al
acceso a
una anticoncepción eficaz y gratuita y a la educación sexual. Y,
cada tanto,
surgen voces alertando sobre las muertes de mujeres debidas a
complicaciones
por las intervenciones clandestinas y hablando sin tanta
hipocresía sobre la
necesidad de despenalizar el aborto, despertando las más violentas
reacciones de los sectores más conservadores e hipócritas del
país, como las
del genocida obispo castrense Antonio Baseotto u organizaciones
que tras la
fachada de la palabra científica propagan el fundamentalismo
religioso, como
el Consorcio de Médicos Católicos. Estos grupos utilizan todo el
poder
político y económico de la Iglesia Católica, para someter a la
mujer en
nombre del derecho a la vida, que no recordaron cuando
participaron de la
desaparición forzada de personas.
En este marco, surge la Campaña Yo Aborté, que tiene su origen en
RIMA (Red
Informativa de Mujeres de Argentina), que rompe el silencio
impuesto, y lo
hace con mucha fuerza, porque lo hace con la voz más implicada,
sabia y
autorizada: la de las protagonistas, las mujeres que pasaron esta
experiencia en sus cuerpos y en sus vidas. Es cierto que refleja
la
experiencia de ciertos sectores de mujeres, especialmente de clase
media con
acceso a Internet, pero eso no disminuye en nada el valor que han
tenido
esas mujeres para tomar la palabra y arrojarla como una escupida a
la cara
de tanto fascista que pretende tener potestad sobre las mujeres,
que
pretende predicarnos, legislarnos, juzgarnos, castigarnos. Ellas
rompen el
silencio, no sin dificultad, contando en primera persona lo que
pasaron. No
son datos, no son estadísticas: son -somos- mujeres de carne y
hueso, de
todos los rincones del país, feministas o no, con hijos o no, que
trabajan
dentro y fuera de sus casas, que aman... contando su experiencia,
sus
emociones, sus temores y su mirada hoy después del tiempo
transcurrido.
Su grito, su clamor, ha trascendido ya varios medios nacionales y
también
internacionales. En este momento hay ya más de cuarenta
testimonios, y
muchas adhesiones. Su intención: Generar un hecho eminentemente
político,
que abra el terreno para la visibilización, el debate y la
despenalización y
legalización del aborto. Como dicen sus promotoras: "hablar de lo
que no se
habla, poner palabras a lo que nos sume en la parálisis, dar
nombres a lo
que parece prohibido, improbable, inexistente, sin importancia
para quienes
ostentan el poder".
Antecedentes:
Esta iniciativa tiene como antecedente un manifiesto firmado en
Francia por
343 mujeres famosas en 1973, que manifestaban haberse realizado un
aborto.
Fueron las llamadas por los sectores conservadores y retrógrados
las 343
"prostitutas" que dieron el puntapié importante para la lucha por
la
despenalización del aborto en ese país. En Argentina la Revista
Tres Puntos
publicó a doce mujeres famosas que aportaron sus testimonios.
Cómo participar en la Campaña
Hay varias formas de participar: si pasaste por esta experiencia y
querés
participar con tu testimonio, podés enviarlo a
coord.rima@gmail.com
No hace falta que pongas tu nombre y apellido, basta con tus
iniciales, edad
y ocupación. Si acompañaste a tu pareja, amiga, hija, etc.,
también podés
contar tu experiencia.
Otra forma es adherir a la Campaña, tanto hombres como mujeres.
¿Cuándo
termina la campaña? Cuando se logren las circunstancias por las
que las
mujeres estamos luchando desde hace tantos años: aborto legal,
seguro y
gratuito para todas las mujeres de la Argentina.
RIMA es una lista feminista de correo electrónico creada en el año
2000 y
coordinada por dos periodistas rosarinas. En ella participan cerca
de 900
mujeres de toda Argentina, de América Latina y de algunos otros
países del
mundo. Con el tiempo se ha convertido en una importante fuente no
sólo de
información y artículos más o menos académicos o más o menos
reivindicativos, sino también en fuente de debate y de acciones
concertadas
a lo largo y ancho del país.
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