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Aborto: Una polémica que divide a la sociedad

Argentina: En medio de posiciones irreconciliables, crece la cantidad de casos

(RIMA)

Según estimaciones, en Argentina hay 20 veces más muertes por aborto que en los países que lo han legalizado.

Polémico. Incómodo. Complejo. Al debate en torno al aborto se lo puede calificar de una o diez maneras, pero todas terminan igual: con aguas divididas y posiciones irreconciliables. ¿Delito o necesidad? ¿Asesinato o una decisión en la que el Estado no puede ni debe intervenir? Entre una y otra mirada, sin embargo, aparece una realidad que no deja lugar a disyuntivas: mientras la polémica crece y se corporiza en opiniones siempre encontradas, el número de abortos clandestinos en nuestra región y el país aumenta a velocidad récord. Y las muertes maternas, también.

Según un estudio reciente realizado por un conjunto de organizaciones de la sociedad civil de Argentina en el marco del Programa 2002-2004 de los Derechos Sexuales y Reproductivos, en Argentina hay 20 veces más muertes por aborto que en los países que lo han legalizado. Concretamente, la investigación asegura que en el país se realizan unos 500 mil abortos por año, con una población de 37 millones y aproximadamente 700 mil nacimientos anuales.

El dato, que viene así a revelar que en la Argentina se producirían unos 1.300 abortos por día, se confirma casi a la fuerza con otro proporcionado por el INDEC: el 37 por ciento de los embarazos que se registran en suelo argentino termina en aborto.

Según las investigadoras del trabajo, entre las que se encuentra por ejemplo Liliana Vázquez -del grupo Católicas por el Derecho a Decidir-, si bien la sanción de la Ley 25.673 de Salud Sexual y Procreación Responsable es aún reciente, "es previsible que su adecuada implementación produzca en el mediano plazo una disminución en la cantidad de abortos, debido a que las dificultades para el acceso de las mujeres a una anticoncepción segura, ubica al aborto como un método de planificación familiar más, pero con serios e indudables costos para las mujeres".

El tema, reavivado en los últimos días con la llegada a nuestro país de la ONG holandesa que promueve la legalidad del aborto, se vuelve aún más espinoso y preocupante cuando se refleja en algunas de las tantas estadísticas del universo adolescente. Si bien la maternidad juvenil no aumentó demasiado en los últimos cinco años, los egresos hospitalarios por aborto en la franja adolescente sí lo hizo. Según el Centro de Estudios Legales y Sociales, de hecho, en los grupos de edad entre los 15 y 24 años y entre los 25 y 34 años, el aborto constituye la segunda causa de egresos de hospitales.

Para Vázquez, como para el resto de las hacedoras de la investigación, esta situación "está señalando que muchas adolescentes optan por el aborto, tanto el quirúrgico como el medicamentoso". Los números son claros: de los 788.994 egresos por complicaciones de abortos ocurridos en 2000, 11.015 correspondieron a adolescentes de entre 15 y 19 años y 550 a niñas de entre 10 y 14 años de edad.

"Por supuesto que el aborto no es un método deseable para evitar un embarazo -dice Guillermo Cocozzella, profesor consulto de la facultad de Medicina de la UNLP-. Pero no creo que la solución pase por prohibir, sino más bien por prevenir. Hasta el momento la penalización, se observa en la realidad, no ha brindado ninguna solución".

Según el especialista, si realmente se quiere disminuir esta práctica, "la despenalización debe ir acompañada de dos políticas a implementar de forma urgente. La primera es la provisión e información de todos los métodos anticonceptivos disponibles en forma gratuita, algo que pocos sectores encargados del cuidado de la salud lo cumplen. Y la segunda política es la educación sexual en las escuelas, una medida que lamentablemente parece estar lejos de ser aceptada por las autoridades responsables".

De acuerdo a un informe elaborado por el Centro Latinoamericano de la Salud y la Mujer, casi el 30 por ciento de los muertes maternas en Argentina se producen por abortos realizados en forma clandestina. Claro que los datos corresponden sólo al sector de la salud pública, y no incluyen así cerca de un 50 por ciento de muertes por subregistro.

Se dijo: la polémica siempre está. Pese a coincidir con Cocozzella en que se debe profundizar la educación sexual entre los chicos, Carlos Caprile, director del Instituto de Bioética de la Universidad Católica de La Plata, lejos está de pensar la despenalización como una opción posible. Según su visión, incluso, se debe "condenar desde el raspado uterino o el parto inducido en niños malformados hasta los abortos encubiertos, como los provocados por los anticonceptivos hormonales combinados, la anticoncepción de emergencia, el dispositivo intrauterino o el Misoprostol, un antiinflamatorio de venta libre promocionado ahora por los abortistas. La educación sexual debe ser formadora de valores y debe tener en cuenta a la persona constituida".

En el país, por cada 100 mil nacidos vivos en un año mueren 35 madres por diferentes causas (hemorragia, hipertensión, abortos, problemas obstétricos y otras enfermedades). Basta con comparar las cifras de Canadá (4 por cada 100 mil) o Estados Unidos (5 por cada 100 mil) para comprender la gravedad del asunto. Y más: si el análisis estadístico se realiza hacia adentro de nuestro país, vemos que la provincia de Formosa registra 177 muertes maternas por cada 100 mil nacidos vivos; San Juan 99 y Jujuy, 73.

Para Estela Díaz, secretaria de Género de la CTA, "frente a un tema que es controvertido las posiciones dogmáticas no permiten una visión pluralista y democrática del mismo, además de generar una falsa división entre pro- abortistas y anti-abortistas. Siempre el aborto es una situación límite, y está demostrado que no se resuelve ni disminuye la problemática con la penalización".

Las tasas de fecundidad, hay que decir, esconden profundas diferencias entre las mujeres según su condición económica y también entre las regiones de que se trate. La Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) da cuenta de ello: considerando el promedio de 3 hijos por mujer, cuando se trata de mujeres pobres asciende 4 hijos promedio y entre las no pobres, el promedio es de 2,5.

La encuesta también señala que el 39 por ciento de las mujeres de los hogares no pobres no tienen hijos. Y entre las que tienen hijos, el 84 por ciento tiene entre 1 y 3 hijos y sólo el 16 por ciento tiene 4 y más hijos. En contraste, sólo el 29 por ciento de las mujeres de los hogares pobres no tienen hijos y entre las que sí los tienen, el 41 por ciento tiene 4 o más hijos.

Entre las diferencias regionales, el trabajo indica que mientras en la ciudad de Buenos Aires la tasa es de 1,37 hijos por mujer, en las provincias más pobres alcanza valores más altos: el 2,8 en Formosa, el 3,2 en Santiago del Estero y el 2,9 en Catamarca, siempre tendiendo en cuenta que la tasa de fecundidad global es de 2,1 hijos por mujer.

"El aborto ilegal es aborto inseguro -dice Cocozzella-. Sin embargo, esta inseguridad no lo es por igual para todas las mujeres. Las pobres deben recurrir a personas no preparadas, mientras que las que tienen un mejor nivel económico acceden a lugares con personas idóneas y técnicas seguras.


Qué dice la Ley

En el año 1974 se promulgó el decreto Nº 659/74 por el cual se "prohibía el desarrollo de actividades destinadas, directa o indirectamente, al control de la natalidad", y se programaba "llevar a cabo una campaña intensiva de educación sanitaria a nivel popular que destaque los riesgos de las prácticas anticonceptivas". En el año 1977, el gobierno militar ratificó este decreto incluyéndolo en lo que denominó una Ley de Población. En el proyecto de dicha ley se establecía la necesidad de "tender al incremento del nivel de fecundidad mediante una política que facilite la constitución de la familia (...) y eliminar las actividades que promueven el control de la natalidad".

En diciembre de 1986, en tanto, el Poder Ejecutivo del gobierno democrático decidió que "el Ministerio de Salud y Acción Social, a través de las Secretarías de Salud y Desarrollo Humano y Familia, según sus respectivas competencias, promoverá acciones tendientes a mejorar la salud de la madre y el niño y fortalecer y desarrollar la familia, en su carácter de célula básica de la sociedad..."

El Código Penal argentino se refiere al aborto como un delito contra la vida y contra la persona, y penaliza tanto al tercero que lo provoca como a la mujer que se lo provoca a sí misma o que se deja asistir. Al mismo tiempo, en su artículo 86 establece algunas condiciones especiales bajo las cuales se despenaliza un aborto: "el aborto practicado por un médico diplomado, con el consentimiento de la mujer encinta no es punible: 1) si se ha hecho con el fin de evitar un grave peligro para la vida o la salud de la madre, y si este peligro no puede ser evitado por otros medios y 2) si el embarazo proviene de violación por la cual la acción penal haya sido iniciada. Cuando la víctima de la violación fuere una menor o una mujer idiota o demente, será necesario el consentimiento de su representante legal".


Qué dice la Ciencia

Está claro que la noción de vida es manejada de muy distinto modo según sea la posición que se adopte. Aristóteles sostenía que en caso de decidirlo, el aborto debía ser practicado "antes de que se produzca en el embrión la sensación y la vida, pues la licitud o ilicitud de aquel acto se definen por la sensación y la vida".

Claro que en el ámbito científico resulta bastante problemático ubicar ese momento para lograr un criterio ético sobre el aborto. La historia de la medicina en este terreno está dividida según lo que se entiende como el órgano que produce o simboliza la vida: al comenzar a latir el corazón, al definirse la materia gris del encéfalo o cuando el recién nacido insufla por primera vez los pulmones.

Para James Nelson, experto en ética, existe "un amplísimo espectro de definiciones sobre lo que es un embrión. Van desde una persona hasta un trozo de tejido como cualquier otro grupo de células del cuerpo". Según algunos especialistas, incluso, la ciencia está incapacitada para decidir, dado que todas las respuestas morales y personales son aceptables y por tanto relativas.


Sin condena

Sin tener en cuenta el número de abortos que se hacen en nuestro país (cerca de 500 mil al año), nadie duda en afirmar que son muy pocos los casos donde se ha castigado penalmente a médicos o parteras que hayan incursionado en esta operación. En la práctica, se apunta, el aborto clandestino está rodeado de una ley que no se aplica y que, se remarca, sólo funciona como amenaza social.


De riesgos y anticonceptivos

Los riesgos que entraña para la salud el aborto sin garantías de seguridad, se explica desde la Organización Mundial para la Salud, pueden eliminarse en la práctica facilitando el acceso al aborto practicado en las condiciones debidas.

En los países donde el aborto provocado es legal y es difícil obtener anticonceptivos, se han encontrado tasas muy elevadas de abortos. Las tasas más bajas, se indica, coinciden con niveles altos de utilización eficaz de los anticonceptivos. Claro que los métodos anticonceptivos pueden fallar, por lo que es ingenuo pensar que pueden evitarse totalmente los embarazos no planificados y el aborto
 


Por la vida y la salud de las mujeres

Por Estela Díaz
Secretaria de Igualdad Género y Oportunidades
Central de los Trabajadores Argentinos



En la mayoría de los países del mundo el aborto es legal, y en un porcentaje muy grande, se lo considera no punible en situaciones especiales. Frente a un tema que es controvertido las posiciones dogmáticas no permiten una visión pluralista y democrática del mismo, además de generar una falsa división entre pro - abortistas y anti - abortistas. Siempre el aborto es una situación límite, a la que se llega por fallas anticonceptivas, de muy diversa índole.

Está bastamente demostrado que no se resuelve ni disminuye la problemática del aborto con penalización. Su despenalización es parte del camino hacia una mayor democratización de la salud pública. El Estado, en su rol de garante del bien común debe facilitar los medios en cantidad y calidad, como para que la decisión del aborto, no conlleve las tragedias derivadas de la clandestinidad y la pobreza. Quien por razones religiosas o morales no lo considere una práctica posible o necesaria, no tiene ninguna obligación al respecto.

La CTA en su último congreso, con la presencia de más de 9000 delegados/as de todo el país, ha ratificado su postura por la plena vigencia de los Derechos Sexuales y Reproductivos, la educación sexual en todos los niveles de la enseñanza pública y privada, con contenidos curriculares universales; la plena vigencia e implementación del programa de salud sexual y reproductiva, con participación y control social y la despenalización del aborto como aspecto de una política universal y laica, como el más eficaz criterio para ampliar y mejorar la salud de nuestro pueblo y especialmente la de las mujeres.
 


"No miremos para otro lado"

Por Paola Buoninfante (*)

Hablar del aborto es diferente a hablar de la persona que decide abortar. Cada historia es una historia única y como tal merece ser escuchada y respetada en su singularidad. Decir simplemente sí o no al aborto es olvidar que detrás de una decisión tal, hay una mujer enfrentada a una situación traumática a la que no se suele llegar fácilmente, y en la que quedan expuestos no sólo su cuerpo sino su integridad psíquica.

Hablemos del aborto, pero hagámoslo al modo de una sociedad adulta y reflexiva. Es necesario un gran descentramiento de todo juicio de valor para entender que la posibilidad de poder desear y ser responsables del "dar vida" es una construcción particular en el devenir histórico social. No queremos mujeres muertas o mutiladas por prácticas ilegales, ni mucho menos niños que pueblen los internados o las calles. La sociedad debe crecer para permitir crecer a nuestros hijos, y para crecer debe imponerse un debate serio y comprometido: negar a ultranza la legalización del aborto es tan sólo mirar para otro lado, negando una realidad que sí existe y que es nefasta.

Claro que es posible, además, abrir un debate acerca de la vida y la muerte antes del nacimiento, pero para que este debate de sus frutos debemos asegurarnos primero que haya verdadera vida después de él.


(*) Psicóloga e integrante del Equipo Interdisciplinario del Centro Integral
de Psicología Aplicada

 


El Papa dice

Juan Pablo II advirtió ayer que los "ataques" al matrimonio y a la familia "se hacen cada día más fuertes y radicales" y volvió a cuestionar la práctica del aborto. El Papa dijo que "ningún progreso civil puede derivar en la subestimación social del matrimonio y de la pérdida de respeto por la dignidad inviolable de la vida humana". Juan Pablo II habló al recibir en el Vaticano a los participantes del Forum de las Asociaciones Familiares. Allí cuestionó "el intento de reducir a la familia a una experiencia afectiva privada", y sostuvo que "aceptar la supresión de vidas humanas inocentes con el aborto voluntario y desvirtuar los procesos naturales de la generación de los hijos introduciendo formas artificiales de procreación, son sólo algunos de los ámbitos en los que se viola la dignidad humana".
 


El barco de la discordia

La médica holandesa Rebecca Goomperts sumó esta semana la tercera denuncia en los tribunales argentinos por promocionar la llegada al país del llamado "barco del aborto". La última presentación fue realizada ante el juzgado de instrucción 24 por el abogado Juan Carlos Iglesias, quien consideró que la ginecóloga debe ser investigada por "instigar a cometer delitos", figura que prevé una pena de entre dos y seis años de prisión.

Como se sabe, Goomperts ya fue denunciada por el diputado porteño del macrismo Jorge Enríquez ante la jueza Silvia Ramond y por el fiscal Alejandro Molina Pico ante María Cristina Bértola, en este último caso también por instigación a delinquir.

Goomperts es fundadora de la organización no gubernamental "Women on Waves" (Mujeres sobre las Olas), que opera una clínica ginecológica móvil a bordo del barco "Aurora". Este barco navega hacia los países en los que la práctica del aborto está penada por la ley y traslada a las mujeres que desean interrumpir sus embarazos hasta zonas no jurisdiccionales, para practicarles la intervención.

En su escrito, Iglesias sostuvo que la médica "a través de medios televisivos, radiales y escritos de difusión ha instigado a cometer delitos", dirigidos a "una persona (en este caso por nacer), pero con todas las aptitudes legales que merecen ser consideradas".

La semana pasada, cuando Goomperts dio una serie de conferencias en nuestro país, habló sobre el barco que pertenece a su fundación e informó que su idea es traer la embarcación al país en el corto plazo, lo cual generó una enorme polémica y que se produjeran incidentes durante una de las charlas que ofreció


Qué dice la religión

Se sabe que muchos de quienes defienden la moral antiabortiva tienen la religión como argumento y reconocen así la potestad de un Supremo Hacedor. "La vida humana procede de Dios... Dios es su único Señor, el hombre no puede disponer de ella", reza por caso la encíclica Evangelium vitae.

La insistente posición de la Iglesia Católica es que hay persona humana desde la fecundación, por lo que el aborto debe ser condenado como "asechanza del Diablo", según dijo Juan Pablo II invocando al eterno enemigo ante cincuenta mil feligreses en Plaza San Pedro, la vez que beatificó -para ejemplo- a Gianna Beretta Molla, que con un tumor uterino prefirió morir antes que practicarse un aborto, y a Elisabetta Mora por haberse mantenido fiel a su marido, a pesar que éste la castigaba brutalmente.

El islamismo, por su parte, se expidió en la Conferencia de la UN sobre "Población y Desarrollo" de 1994, solicitando eliminar "lo que contradice la ley islámica y las religiones celestes, judaísmo, cristianismo e islamismo", con un documento en el que pidió revertir la autorización del aborto, las relaciones entre personas de un mismo sexo y libres relaciones entre sexos fuera del matrimonio.

En el judaísmo, en tanto, no son pocos los rabinos que dicen que en los textos sagrados no hay una explícita condena del aborto. En general, se explica, el judaísmo considera al feto como parte del cuerpo de la madre. No le da el carácter de persona hasta el nacimiento. Pero claro: que no haya condena expresa no significa que el judaísmo apruebe el aborto. Para nada. Significa, como dicen en la comunidad Bet El, que el judaísmo "propone un concepto de vida que implica alegría y felicidad de vivirla. Que los hijos sean hijos deseados y bien recibidos y no una carga en la vida".