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La Cuchara, Modemmujer,
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16 de noviembre de 2004
25 de noviembre. Día Internacional de la
No Violencia Contra las Mujeres
2º Llamado a la Acción 2004. Respaldando la Convención
Interamericana para Prevenir,
Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, Convención de
Belem do
Pará. (RSMLAC)
La Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe, a
una década
de la ratificación de la Convención Interamericana para Prevenir,
Sancionar
y Erradicar la Violencia Contra la Mujer, Convención de Belem do Pará, desea
dar continuidad al llamado a la acción lanzado el año pasado para
la Campaña
25 de Noviembre.
Efectivamente, tomando en cuenta que este año 2004 se cumplen diez
años
desde que esta Convención fuera adoptada por la Asamblea General
de la
Organización de Estados Americano, queremos dar continuidad al
esfuerzo
iniciado en 2003 por diversos grupos que trabajan en la región en
pro de los
derechos humanos de las mujeres, en especial, su derecho a vivir
libres de
violencia. Agradecemos el apoyo de las 90 organizaciones
participantes en
esa jornada de activismo, representado a 11 países de la región e
involucrando a una población de más de 12.000 personas, y las
instamos a
continuar este esfuerzo, ojalá involucrando a nuevas
organizaciones
sensibles a esta temática.
¿Por qué es trascendente?
La importancia de esta Convención ha sido significativa para los
derechos
humanos de las mujeres pues tiene características que la
distinguen de otros
convenios o tratados internacionales. Puede decirse que es uno de
los textos
jurídicos que más ha ayudado a esclarecer que la violencia contra
las
mujeres es una violación a sus derechos humanos, y que todos los
sectores
sociales y también los Estados son responsables de que no siga
ocurriendo.
Por tanto, rompe con el manido concepto de que los actos de
violencia y
abuso contra las mujeres constituyen hechos del ámbito privado, y
que por
ende se los considera de natural ocurrencia.
Sin embargo, una de las conclusiones de la campaña de 2003 fue
que, en
general, los grupos de mujeres manifiestan un nivel de
desconocimiento del
potencial intrínseco de protección de los derechos humanos de las
mujeres
que caracteriza a la Convención de Belem do Pará. Por ende, no se
ha
realizado en el curso de la década una vigilancia ciudadana
efectiva y
permanente de su implementación en los países, ni se ha planteado
con
suficiente fuerza a los Estados ratificantes la urgente necesidad
de que la
apliquen en toda su extensión y promulguen leyes contra la
violencia en los
contextos nacionales. O bien, si esas leyes existen, no se ha
exigido que se
constituyan en instrumentos realmente efectivos para la denuncia
de la
violencia contra la mujer y para la sanción de los agresores.
La realidad de la región -y de todo el mundo- es que la violencia
hacia las
mujeres y las niñas es un fenómeno grave, frecuente y con
profundos efectos
en la vida y salud de las afectadas. Las cifras nos dicen que
tanto en la
vida privada como en el ámbito público se producen distintas
formas de
violencia (abuso, castigos físicos, acoso sexual, violación,
torturas,
maltrato psicológico y económico, tráfico sexual, etc.), que se
explican
principalmente por razones de género, es decir, por una
construcción social
del género femenino que se caracteriza por la subordinación, la
dominación,
la subvaloración. Por lo tanto, no hay perfiles únicos de mujeres
agredidas,
cualquiera puede serlo: jóvenes y ancianas, mujeres casadas o
solteras,
mujeres de sectores populares o pertenecientes a clases
acomodadas. Su
riesgo, por lo tanto, se explica por el solo hecho de ser mujer en
una
sociedad aún dominada por un modelo patriarcal y excluyente, donde
las
relaciones de poder son completamente desiguales y jerárquicas.
Especialmente grave es el panorama en aquellos países afectados
por
situación de conflicto armado, ya que se ha comprobado que en
estos
contextos las mujeres y niñas/os constituyen el mayor porcentaje
de las
víctimas y frecuentemente se ven obligadas a desplazarse de sus
territorios
de origen, lo que aumenta el riesgo de abusos y violencias.
Asimismo, los
conflictos sociales que se han recrudecido en la región con un
aumento de la
pobreza, desempleo, migración, tráfico de personas, etc., son
otros
fenómenos que inciden en la profundización de la violencia de toda
índole,
incluyendo la violencia con sesgo de género.
Ante este desolador panorama, la Red de Salud ha estimado
necesario
continuar apoyando las actividades de las organizaciones de
mujeres
tendientes a lograr que los contenidos de esta Convención
histórica pasen a
formar parte no solo del acervo intelectual de las personas, sino
que se
constituyan en elementos claves en la defensa de la integridad de
las
mujeres y niñas, y en la reafirmación de sus derechos en todos los
ámbitos
de la sociedad.
Asimismo, y como se trata de un instrumento jurídico de carácter
vinculante
que obliga a los Estados que la han ratificado a tomar acciones en
el
espíritu de la Convención, esto refuerza la necesidad de
trabajarla desde
las organizaciones de mujeres para hacer uso de ella. Pues no hay
que
olvidar que las omisiones que violen el articulado de la
Convención puede
ser motivo para que las personas o instituciones acudan ante la
Comisión
Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, para presentar denuncias
o quejas.
Objetivos de la campaña
La Red de Salud a través de este llamado se propone:
t Contribuir a la prevención, sanción y erradicación de la
violencia contra
las mujeres en sus distintas expresiones.
t Articular a las organizaciones de mujeres de la región a fin de
que se
pronuncien en torno a la aplicación de la Convención en su país;
informarse
sobre la existencia de legislaciones y mecanismos de sanción de
actos de
violencia hacia la mujer; etc. Asimismo, capacitarlas para
interpelar a los
gobiernos locales y nacionales en torno a la aplicación de la
Convención.
t Solicitar a los gobiernos y a los sectores involucrados para
trabajar
conjuntamente en la prevención, sanción y erradicación de la
violencia
contra la mujer, y en la atención integral a las mujeres
agredidas.
t Educar sobre la prevención de la violencia entregando
herramientas a las
mujeres para que identifiquen y rechacen cualquier conducta que
atente
contra sus derechos e integridad corporal.
t Demandar atención integral para las mujeres agredidas,
incluyendo la
reparación por los daños recibidos. También exigir procesos de
capacitación
a los profesionales de la salud para atender de manera apropiada a
mujeres
que sufren violencia, al igual que el personal policial.
Se pueden desarrollar actividades de difusión, de impacto público,
trabajo
de grupos, presión política, etc., las que deberán contribuir a:
1. Develar la calidad de las respuestas que las leyes locales
ofrecen al
problema de la violencia contra las mujeres.
2. Identificar en forma participativa con las mujeres de sus
comunidades,
los mecanismos de operación de la justicia ante las distintas
formas de
violencia contra las mujeres.
3. Promover abogacía activa con legisladoras/es, profesionales de
salud,
educación y personal policial, para sensibilizarlos en torno al
tema.
4. Implementar grupos de conversación para mujeres que deseen
testimoniar
sobre sus experiencias de violencia y orientarlas acerca de la
protección a
sus derechos y donde deben acudir.
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