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Las/12, diario Página/12
15 de octubre de 2004
Mujeres en llamas
El XIX Encuentro Nacional de Mujeres en Mendoza fue masivo y, como
colectivo, se pronunció otra vez a favor de la despenalización del
aborto
como una herramienta fundamental para que las mujeres tengan
derecho a
decidir sobre sus propios cuerpos. Pero la violenta intervención
de sectores
fundamentalistas católicos exige debatir sobre el modo de
preservar este
espacio democrático que se ha ido ampliando a lo largo de dos
décadas.
Por Marta Dillon
Que la frustración puede convertirse en violencia es algo que
sintieron en
el cuerpo la mayoría de las que participaron del XIX Encuentro
Nacional de
Mujeres. Había que estar en el escenario que se montó sobre la
explanada que
corona la fuente de la plaza Independencia, en el centro de
Mendoza termina en un abismo de varios metros sobre el agua que
danza sabiendo que
detrás formaban, con estilo militar, palos y disciplina ad hoc,
las mismas
huestes católicas fundamentalistas que intentaron obstruir los
debates
durante todo el fin de semana para saber que violencia es más que
una bomba
molotov detonada para evitar una fiesta. Violento fue también el
miedo que
generó separarse de un grupo cualquiera para andar la ciudad
cuando los
debates habían concluido y escuchar, casi en el oído, como un
susurro
sibilino: "asesina", sólo porque en el pecho había quedado
olvidada la
credencial del Encuentro. Violentos son los mails que siguen
llegando a la
comisión organizadora, firmados con exultante "¡Cristo Reina,
Cristo Vence,
Cristo Impera!" y que no sólo se dedican a jactarse por la quema
de material
del Programa Provincial de Salud Reproductiva sino también a poner
en duda
la existencia de desaparecidos que no serían más que "muertos en
la guerra
justa contra la subversión marxista", algo que ya había tenido que
escuchar
Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, en el
taller de
derechos humanos en el que participó durante el Encuentro. Y
violento
también fue tener que terminar a los gritos los talleres de
anticoncepción y
aborto, de pie sobre los bancos de las escuelas, para poder
imponer la voz
de la mayoría por sobre el mínimo grupito de mujeres que no se
llamaban a
sí mismas católicas sino Pro vida que amenazaban con el llanto y
la
intervención judicial cada vez que las coordinadoras intentaban
redactar las
conclusiones. Es verdad que las acciones destinadas a quebrar el
Encuentro
no pudieron evitar que el último domingo a la tarde las más de 20
mil
participantes se expresaran de todas las maneras posibles con
cantos, con
los conocidos pañuelos verdes reivindicando el derecho a decidir
sobre sus
cuerpos y reclamando el derecho al aborto como una necesidad para
que esa
decisión alcance a todas las mujeres y desculpabilice a quienes
pretenden
elegir cuándo convertirse en madres más allá de accidentes
contraconceptivos. Pero no es menos cierto que la frustración fue
el aire
que se respiró entre todas las que, con mucho esfuerzo,
pretendieron gozar
de un espacio de libertad, reflexión y discusión que sirva para,
en
definitiva, mejorar la vida de las mujeres. ¿Cómo continuar en
adelante?
¿Cómo garantizar que el espacio que se construyó en los últimos 19
años
desde el feminismo y el movimiento de mujeres no sea oclusado por
fundamentalismos misóginos? ¿Es que la horizontalidad tiene
límites? Las
preguntas quedaron como un caramelo en la boca que no termina de
disolverse.
Un caramelo de hiel, podría decirse, que obliga a buscar el agua
de alguna
estrategia nueva que sirva para defender un espacio que en estas
dos décadas
se ha masificado, sí, pero que también exige una autocrítica para
no
estancarse.
Fue el martes a la mañana cuando la comisión organizadora se
presentó en la
Comisaría 3ª de la ciudad de Mendoza para hacer efectivas las
denuncias que
ya se habían anunciado en la conferencia de prensa dada el domingo
pasado,
último día de debates, pocos minutos después de que se intentara
incendiar
el aula magna de la escuela Agustín Alvarez usando como material
combustible
la información impresa sobre salud reproductiva. El humo comenzó a
salir del
aula cuando las integrantes de la comisión estaban informando a
los
organismos de derechos humanos de Mendoza sobre las agresiones
sufridas la
noche anterior y que hasta el momento no se habían querido hacer
públicas
para, al menos, desarticular el efecto del miedo. "Han sido
mujeres las que
provocaron el incendio dice Rosana Rodríguez, de Las Juanas y las
Otras,
una agrupación feminista que participó en la organización, aunque
la
presencia de hombres rondando era constante y eso, a nuestro
entender,
dificulta garantizar la seguridad de las compañeras. Pero ya ves,
mientras
nosotras intentábamos que las mujeres pudieran debatir en un
espacio
exclusivo casi nos queman la escuela." Fueron mujeres también las
que pedían
que se incluyeran entre las conclusiones algunas propuestas
directamente
misóginas como "cárcel para las mujeres que abortan" o
"prohibición de la
anticoncepción de emergencia", que pretenden volver al punto cero
lo
avanzado en dos décadas de Encuentros. "Estas posturas no las podés admitir"
dice Mercedes Simonici, trabajadora social, integrante del Area
de la Mujer
de la Municipalidad de Rosario. "Los Encuentros se plantean una
apertura que
en principio es democrática pero que termina obturando. En un
momento éramos
60 mujeres a favor del derecho a decidir y 15 que obstaculizaban y
pretendían que su posición quedara en el mismo nivel de
conclusiones que la
nuestra. Entonces, lejos de ser una discusión, se transformó en
una pelea."
¿Cómo seguir defendiendo, entonces, la horizontalidad y el
consenso? ¿Es que
no se puede plantear, por ejemplo, el derecho de admisión? ¿Y cómo
podría
ponerse en práctica? "Puede ser que en principio sea difícil
reconocer a las
mujeres que vienen con la consigna y la predeterminación de
quebrar el
espacio, pero en principio creo que habría que tomar la decisión
de excluir
a estas personas. Porque si no es como un caballo de Troya abrir
las puertas
a todas, la Iglesia no denuncia a sus sectores más reaccionarios dice
Martha Rosemberg, participante histórica de los Encuentros e
integrante del
Foro de Derechos Reproductivos, los ampara, y esto se convierte
en problema
porque son muchas las que no quieren romper directamente con la
Iglesia
porque en algún caso comparten el trabajo social o el reparto de
planes
sociales en el barrio, en la parroquia." Lo cierto es que
pretender excluir
a un grupo no es sencillo, sobre todo porque si se ha avanzado en
estos años
es porque cuando las mujeres pueden enfrentarse con sus
contradicciones y
pueden decidir libremente de qué modo participar frente a la
experiencia de
tantas otras, que es de lo más valioso que se pone en común en los
Encuentros, pueden dejar de lado el consignismo que no es
propiedad del
fundamentalismo católico, conseguir nuevas herramientas para
pensarse a sí
mismas y en muchos casos, cambiar la opinión cerrada con la que
llegaron. ¿O
acaso se puede decir que todas las mujeres de los barrios
populares, más
allá de sus prácticas, reivindican el derecho al aborto? Si la voz
de estas
mujeres se hace escuchar cada vez con más fuerza en favor de ese
derecho es
porque ha habido procesos de elaboración que les han permitido empoderarse
más allá de los mandatos familiares y de las consignas políticas
que muchas
veces obturan tanto como la religión.
Hasta el momento en que este suplemento se está cerrando no se
había
escuchado ninguna voz que, desde el Estado provincial, se refiera
a los
distintos atentados que sufrió el Encuentro Nacional de Mujeres.
Curiosamente, el diario Los Andes fue el único que recibió un
comunicado de
la Iglesia local que afirmaba que no había habido participación
orgánica por
parte de la institución. Sin embargo, y esto está agregado en la
causa que
se está instrumentando en el Juzgado de Instrucción de turno a
cargo del
juez Correa Llanos, hubo reuniones en la Universidad Católica de
Buenos
Aires y en el Obispado de Mendoza en las que se impartieron
instrucciones a
las mujeres sobre el modo en que debían participar del Encuentro.
"Las
instrucciones fueron precisas y a esas reuniones sólo se podía
asistir si
una se identificaba como parte de una parroquia. Dos compañeras de
la
comisión organizadora, Mariela Villegas y Paula Lucero, estuvieron
y hasta
recibieron quejas porque su parroquia era muy pobre y no tenía
Internet para
enviarle el resto de las instrucciones. Fueron el 11 y 12 de
septiembre y la
principal consigna era participar en la mayor cantidad de talleres
posibles
y evitar por todos los medios que se pudiera redactar las
conclusiones si
éstas eran adversas a la posición de la Iglesia", dice Rosana
Rodríguez. Y
aunque la Iglesia se haya manifestado en contra de los actos de
violencia,
nada dijo sobre las misas que se celebraron en las puertas de
algunas
escuelas como la Monseñor Verdaguer, en Guaymallén, para
"exorcizar" los
predios donde se alojaban algunas participantes del Encuentro. Que
se
despertaron con el tono monocorde de los rezos. Pero el repudio
del Estado
todavía no se hizo escuchar, ni siquiera del Ipemh Instituto de
Políticas
de Equidad entre Hombres y Mujeres, a cargo de Graciela Olmedo.
Es cierto
que estos Encuentros se declaran y son independientes en su
organización y
financiamiento, pero eso no alcanza a justificar la indiferencia
del Estado,
lo cual, más que descuido, parece una estrategia para evitar
enfrentamientos
a los que otros sectores no temen.
Mar del Plata será la sede del próximo Encuentro, cuando se
cumplan 20 años
exactos desde aquella primera vez en que apenas mil mujeres de
distintas
organizaciones, la mayoría vinculadas con agrupaciones feministas
o con el
incipiente movimiento de mujeres, se reunieron en Buenos Aires
para empezar
a pensar estrategias políticas que permitan convertir sus
aspiraciones en
derechos legítimos y legales. Como ya se ha escrito en este
suplemento,
mucho se ha avanzado desde entonces y algunas de las primeras
consignas hoy
son realidades, al menos aquellas que tienen que ver con el cambio
en la
categoría del delito de violación, la asistencia a las mujeres que
sufren
violencia de género y hace realmente muy poco, la Ley de Salud
Sexual y
Reproductiva nacional. Sin embargo, algunas de las propuestas que
quedaron
escritas exigen un cuidado extra en adelante. "Que sea Mar del
Plata la
próxima sede ya es una estrategia afirma Magui Bellotti,
integrante de Atem
y otra Oencuentrera¹ histórica, porque es evidente el hecho de
que Mendoza,
donde la derecha es muy fuerte, favoreció la violencia de la
reacción. Los
grupos que operaron son minoritarios pero sin embargo muy activos
y eso no
se da en cualquier lugar." En Rosario, donde el Encuentro del año
pasado fue
masivo, si bien hubo presencia de mujeres católicas organizadas
para imponer
sus consignas, no fue suficiente para que se destacaran. Al
contrario, el
año pasado los medios nacionales tuvieron que tomar en cuenta la
participación de las miles de mujeres y la voz unánime a favor de
los
derechos sexuales y reproductivos, incluyendo el derecho al
aborto. Esta vez
la cobertura fue más que despareja y en algunos casos tan
tendenciosa como
para que el único espacio que se le dedicó a la reunión de más de
20 mil
mujeres fuera el que destacara el conflicto en un taller sobre si
era
pertinente o no que participara una travesti. "La horizontalidad
fue la que
permitió que año a año fuera creciendo la participación, no creo
que sea un
problema. Sí que no hayamos podido ser capaces de perfilar los
límites
políticos. Hay cosas en las que no se puede retroceder. Ya no
podemos decir
que la violencia de género sea una simple enfermedad que la
familia debe
contener, no hay dudas de que estos Encuentros se organizaron en
torno del
derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, que la heterosexualidad
no es una
norma y que tenemos una posición contraria a las políticas de
hambre y exclusión", dice Bellotti. "Sería muy bueno que en los próximos
Encuentros
de mujeres las personas que desean interferir con la realización
del mismo
se quedaran en sus casas. Sería muy bueno que asistieran solamente
quienes
tengan reales intenciones de debatir de manera democrática y no de
interferir en la realización de los talleres", escriben Gabriela
De Cicco e
Irene Ocampo, coordinadoras de Rima, una red de información de la
que
participan casi mil mujeres de la Argentina y Latinoamérica. Más
allá de lo
políticamente correcto, y de lo posible, son muchas las
participantes
históricas que se plantean el modo en que se podría debatir en
adelante para
poder avanzar en lugar de estar empezando siempre de nuevo con una
paciencia
digna de monje tibetano para poder escuchar los argumentos
"científicos" que
ya no se conforman con asegurar que la cigota es una persona si no
que
insisten en que el preservativo no puede proteger del vih porque
tiene
orificios microscópicos que permiten su paso. Argumentos que es
ocioso (y
agotador) rebatir. "Yo no me anoto y participo de un retiro
espiritual para
decir que la Iglesia fue cómplice del genocidio en la Argentina
porque creo
que no es el espacio y porque sería una provocación. ¿Entonces por
qué
vienen a pedir la derogación de la Ley de Salud Reproductiva en un
espacio
que la apoyó y la impulsó?", se queja Claudia Anzorena, también
integrante
de la comisión organizadora en Mendoza. Y en ese sentido también
se
pronuncia Martha Rosemberg: "La táctica que usan excede cualquier
operativa
democrática, porque si te invaden para destruirte te tenés que
defender. Y
no va a ser yendo a misa para gritar en el medio que son asesinos
porque se
niegan a favorecer el uso de preservativos". Rosemberg, impulsora
de la
inclusión del taller de Estrategias por el derecho a un aborto
legal y
seguro, cree, en coincidencia con muchas participantes, que en esa
inclusión
hay de por sí una estrategia. Para participar en ese taller hay
que partir
del acuerdo de que se está a favor del derecho al aborto. Desde la
comisión
organizadora de Mendoza creen que incluso podrían dejar de hacerse
los
talleres de anticoncepción y aborto y reemplazarlos por el de
estrategias.
Porque el acuerdo por el derecho a decidir tiene tantos años como
el
Encuentro, aun cuando por minoría se haya anotado su prohibición
en algunas
conclusiones.
Lo cierto es que tal como están planteados, los Encuentros tienen
un único
requisito para participar: ser mujer. Y de alguna manera eso pone
al cuerpo
en primer plano, incluso por encima de los acuerdos alcanzados en
años
anteriores. Tal vez sea hora de cruzar el género con definiciones
políticas
que sienten las bases en adelante y que limpien el camino de
discursos
predeterminados que en eso también tienen mucho que ver los
partidos de
izquierda que pretenden sacar definiciones en contra del pago de
la deuda
externa aunque se esté hablando de sexualidad para empezar a
avanzar sobre
las contradicciones, que suelen ser el caldo donde se cuecen las
mejores
sopas.
Informes: Sonia Tessa.
Mujeres hasta en la sopa
Aun cuando se podía leer cierto espanto en los ojos de quienes
pretendían
cumplir con el rito tan mendocino de tomarse un fernet en los
bares de la
peatonal y se encontraron con un mar de mujeres pidiendo agua para
el mate,
lugares para conocer a las apuradas, piolas para atar las banderas
y baños
disponibles los químicos sufrieron el ataque ya mencionado hasta
el
hartazgo, hubo quienes festejaron esa luz que se desprendía de
tantas
chicas y no tan chicas juntas. Así, desde los negocios del centro
de la
ciudad llegaron algunas mujeres que no habían pensado en
participar y de
pronto se encontraban contando sus experiencias en ruedas
silenciosas y
sedientas de palabras. Pasó en los talleres de abuso infantil siete y de
violencia hubo seis, donde a pesar de que se escuchó el valor de
la
familia por sobre la necesidad de expulsar del hogar al golpeador,
hubo
tiempo para mirarse en otros ojos y entender que lo que parecían
situaciones
aisladas era un problema de muchas. "Tres cada cinco", dijo
Soledad Muñoz,
presidenta de Amnesty Internacional en Argentina, para graficar
las
dimensiones de la violencia de género que atraviesa las clases
sociales y la
geografía, en cuanto pudo hacer un alto en la indignación que le
causaron
las intervenciones violentas "que sólo pueden verse en el contexto
global de
esta problemática".
Hubo también otros talleres que pudieron abstraerse, a medias, del
conflicto: en Mujeres Adultas Mayores, las ídem pasaron la mañana
del
domingo sin poder ocultar las carcajadas que generaba la
conversación sobre
novios, relaciones sexuales, las expectativas de las viudas y el
amor como
un derecho básico. Trabajo, desocupación, partidos políticos,
fábricas
recuperadas, fueron temas que también se pudieron tratar a pesar
de que se
podía olfatear cierto discurso bajado desde alguna cúpula
partidaria que
impedía el debate. Y en los de Sexualidad también hubo tiempo para
consensuar la reivindicación de la masturbación como una
posibilidad de
reconocimiento del propio cuerpo y como fuente de placer para
compartir en
pareja, punto que cuando fue leído a voz en cuello mientras los
fundamentalistas intentaban desconectar el sonido, hizo poner
colorados a
los que desprevenidamente pasaban por la plaza Independencia. Y de
pronto
eligieron quedarse.
Lesbianas que se dejaron ver
por Sonia Tessa
La marcha del XIX Encuentro ya pasó y la tan importante como
visible
presencia de lesbianas quedará como un hito mendocino. No será el
único,
también el desdoblamiento del taller entre lesbianismo y activismo
lésbico
será recordado como un avance para las activistas de todo el país
que
definieron la articulación de acciones entre lugares tan diversos
y
distantes como Córdoba, Rosario, Neuquén, Buenos Aires y Mendoza.
En el
taller de lesbianismo, también hubo mujeres de todo el país, de
Uruguay y
República Dominicana, pero, además, muchos testimonios que
pusieron palabras
a silencios de años. "Es la primera vez que vengo a este taller,
tenía
inquietudes y quería escucharlas", dijo en un tono de voz bajísimo
una mujer
de Santiago del Estero a la hora de presentarse ante las 50 que
habían
llegado con sus sillas a cuestas al aula asignada. A su turno, una
cordobesa
contó: "Soy lesbiana y estoy queriendo ser feminista".
El taller también albergó a una mujer, vestida con boina y chaleco
negro,
que cuestionó desde la intolerancia. Como muchas de las presentes
tenían
hijos de relaciones anteriores, que criaron con sus parejas
lesbianas, la
mujer apuntó a los roles. Durante un rato, el tema pasó por allí.
"Si vos no
decís que tenés un marido, cualquiera de nosotras piensa que sos
normal", le
tiró Gabriela Adelstein, quien con la misma soltura le explicó que
"las
parejas que mejor funcionan son aquellas que alternan los roles".
Mientras
otras heterosexuales que participaron del taller plantearon las
dificultades
para definirlos en sus propias parejas, una de las asistentes
aportó que "los roles son otro mito, que se debaten en la condición lesbiana,
pero no
en la hetero; allí se trata de maridos colaboradores". A colación
de este
debate, una de las conclusiones del taller es el rechazo "de los
estereotipos basados en el mito de la lesbiana como reproductora
de los
roles masculinos".
Fue el turno de una antropóloga que vivió casi toda su vida en
lugares como
la Polinesia y planteó que en esas culturas no existe la obsesión
alrededor
de los roles. Contó que su hija, de 30 años, "debe ser
heterosexual, porque
siempre tiene muchos novios", y que cuando se plantea qué
significa para
ella tener una madre lesbiana y un padre homosexual, concluye que
"sólo
significa eso. La educamos en otras opciones".
Pero también se abrió una brecha para reflexionar sobre la
cotidianidad de
las relaciones. "Somos lesbianas, que combatimos al patriarcado,
pero en
muchas de nuestras relaciones seguimos creando vínculos de poder,
y creo que
eso es un tema para trabajar", indicó una de las asistentes.
Durante dos días, el taller concluyó que "la visibilidad es la
herramienta
esencial para el logro del reconocimiento de nuestros derechos, en
los
ámbitos privado y público", al tiempo que impugnó "la norma de la
heterosexualidad como única forma de relación de pareja y
construcción familiar". También exigieron una ley nacional que reconozca los
derechos de
las parejas lesbianas a pensión, herencia, tenencia de hijos,
adopción y
obra social.
Como cada año, la comisión organizadora del Encuentro discute si
incluye o
no un taller de lesbianismo, el taller exigió su continuidad, así
como la
apertura de otros para analizar la violencia y el entorno de las
mujeres
lesbianas. Mientras tanto, el taller de activismo permitió conocer
las
acciones de cada uno de los grupos de todo el país, y además de
concluir el
rechazo a "la norma de la heterosexualidad obligatoria",
propuso "revisar la
producción académica realizada desde la heteronormatividad". Otro
reclamo
del taller fue "que los programas de salud contemplen temas
específicos de
las lesbianas, como las enfermedades de transmisión sexual y que
se trabaje
la lesbo/homofobia en los hospitales públicos". El pedido de una
educación
sexual no sexista ni heterosexista prevista en la currícula
educativa fue un
punto álgido, que se sumó a la propuesta al movimiento de mujeres
para que
tome las reivindicaciones y acciones de los grupos de lesbianas.
Gabriela De Cicco e Irene Ocampo, coordinadoras de la Red
Informativa de
Mujeres de la Argentina (RIMA), fueron impulsoras del
desdoblamiento en un
taller de activismo. "El desdoble no sólo en dos comisiones, con
mucha
concurrencia cada una y con contenido temático no sólo se hizo
visible la
presencia de las lesbianas en el Encuentro, sino además de las
activistas
lesbianas y bisexuales", consideraron. Para ellas, "una vez más
este
Encuentro ha dado lugar a la posible conformación de grupos
locales de
lesbianas, y a la articulación a nivel nacional de los diferentes
grupos,
organizaciones y activistas independientes en una red nacional".
En el taller de lesbianismo (no activistas) estuvo Adelstein, que
participó
por primera vez de un Encuentro. "Lo más fuerte, para mí, fue ver
cómo se
articularon inmediatamente lesbianas mendocinas que hasta ese
momento no se
conocían. El domingo en la marcha, con el cartel de Lesbianas
Exageradas, se
nos acercó una artesana mendocina eufórica porque era la primera
vez que
salía como lesbiana en su propia ciudad", relató ya en Buenos
Aires, con un
montón de trabajo atrasado: "Te juro que estoy tan emocionada, tan
positivamente en shock. Afónica, con las consignas resonándome en
los oídos
y el pañuelo verde atado a la mochila".
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