Sexo y Género, dos conceptos diferentes
Ser distintos no significa ser desiguales
por Mónica Pérez
Mujeres y hombres poseemos por naturaleza cuerpos y
características físicas
que nos hacen diferentes desde que nacemos, sin embargo, tomando
en cuenta
esas particularidades biológicas de nuestros cuerpos, socialmente
se han
establecido funciones y roles distintos para ambos sexos.
Como resultado de la diferencia que se establece socialmente entre
hombres
y mujeres, se generan condiciones de marginación, discriminación,
y por lo
tanto de desigualdad en todos los ámbitos, las cuales se
manifiestan y
afectan de manera diferente a unos y a otras.
Debido a que ser distintos no significa ser desiguales, es
importante
reconocer la diferencia entre el concepto de sexo y el de género,
palabra
muy utilizada en los últimos años a la cual se le han dado
interpretaciones
erróneas pues se suele relacionar únicamente con cuestiones de
mujeres.
Sexo y género: dos conceptos diferentes
De acuerdo con un manual sobre este tema elaborado por la
Secretaría de
Desarrollo Social del Gobierno del Distrito Federal, desde el
momento en que
nacemos, dependiendo de si se es niña o niño, empezamos a recibir
un trato
diferenciado por parte de quienes nos rodean.
Además, se nos inculcan valores y creencias que desde pequeños
delimitarán
los atributos y las aspiraciones sociales que según nuestro sexo
debemos
tener; se nos educa para comportarnos de cierta manera a partir de
la
diferencia sexual sin que esto se relacione con las capacidades
reales de
los individuos.
Por ejemplo, se promueve la destreza física, el liderazgo y la
fuerza en los
varones; mientras que en las niñas se fomenta la dulzura y la
pasividad.
Según la antropóloga Marta Lamas, el género es el conjunto de
ideas sobre
la diferencia sexual que atribuye características femeninas y
masculinas a
cada sexo, a sus actividades y conductas, y a las esferas de la
vida;
mientras que el sexo se refiere a las diferencias biológicas y
naturales que
las personas tenemos al nacer.
De esta forma, el sexo está determinado por las características
genéticas,
hormonales, fisiológicas y funcionales que a los seres humanos nos
diferencian biológicamente; y el género es el conjunto de
características
sociales y culturales asignadas a las personas en función de su
sexo.
Por ejemplo, cuando una persona nace con determinadas
características
biológicas o sexuales, se le designa determinadas actividades,
valores,
roles y comportamientos diferenciados, unos que deben cumplir las
mujeres y
otros que deben cumplir los varones.
Por ello, la forma como nos relacionamos mujeres y hombres está
determinada
por las normas de orden jurídico, social, religioso, tradiciones,
reglas y
roles que son las bases de una cultura en un momento histórico
determinado.
Especialistas en el tema explican que a través de la cultura se
trasmiten
las normas y valores de una sociedad, cuya permanencia se logra
mediante el
proceso de socialización y aprendizaje en las instituciones
sociales como
son la familia, la escuela, la iglesia, el estado y los medios de
comunicación.
Es decir, este proceso de aprendizaje suele repetir las formas de
pensar y
de actuar lo que finalmente también reproduce los valores
negativos y las
inequidades entre hombres y mujeres.
Por todo lo señalado, podemos concluir que el hacer cosas que
tradicionalmente hace el otro género, no implica un cambio de
sexo, por el
contrario, nos abre la posibilidad de compartir y decidir qué es
lo que
queremos ser y hacer, sin estar sujetos a un destino fijo antes de
nacer.
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