Católicas, aborto e Iglesia
Por Marta Lamas*
Fuente: Periódico Diario Monitor. México, de
agosto, 2004
Las personas católicas progresistas están de fiesta: la
organización Católicas por el Derecho a Decidir, A.C. festeja su
décimo aniversario. Con oficinas en seis países de América Latina
(Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia y México), en dos de
Europa (España y Francia), en Canadá y en Estados Unidos, esta
organización internacional manda un mensaje claro: hay personas
católicas que no están de acuerdo con los planteamientos de El
Vaticano relativos al lugar de las mujeres en la Iglesia y a las
prohibiciones en materia de sexualidad, reproducción y aborto.
Desde que las leyes relativas al aborto se liberalizaron en los
países occidentales, la jerarquía de la Iglesia católica empezó a
impulsar los llamados comités "pro-vida", en un intento de frenar
la tendencia a la legalización de esa práctica. La oposición de la
Iglesia católica a todo aquello que suponga una intervención en
los procesos de la vida nace del dogma religioso de que la mujer y
el hombre no dan la vida, sino que son depositarios de la voluntad
divina. De ahí que la religión católica considere que desde el
momento de la fecundación, el ser humano en formación tiene plena
autonomía de la mujer, cuyo cuerpo es un "mero instrumento
divino"; y por eso cree también que, desde ese mismo momento, el
producto en formación es alguien absolutamente equiparable al ser
humano nacido, pues desde el primer instante tiene "alma".
Convencido de que hay que prohibir los abortos, El Vaticano ha
emprendido una especie de "cruzada" para "salvar" a "almas
inocentes" (aunque después se desentienda del sostenimiento
material y emocional de esas vidas). Esta "guerra santa" ha
derivado en acciones terroristas (como matar a médicos y
bombardear clínicas que practican abortos legales) y ante tal
horror un número creciente de católicos practicantes, inclusive
monjas, teólogos y sacerdotes, está manifestando públicamente su
discrepancia con la jerarquía católica.
Y como la consigna de El Vaticano de aceptar "todos los hijos que
Dios mande" no está respaldada con recursos materiales por ninguna
instancia de la Iglesia católica, y como ningún Estado garantiza
tampoco las condiciones básicas para una vida digna a esos hijos,
las personas actúan en concordancia: si tener hijos es una
responsabilidad privada, también no tenerlos lo es. Al enfrentarse
a la cerrazón vaticana, la argumentación de estos grupos católicos
progresistas en relación con el derecho a elegir de acuerdo con la
propia conciencia ha abierto un camino de esperanza para millones
de mujeres creyentes que usan anticonceptivos y han abortado, y
también para los hombres de fe que las han apoyado, y que
continuarán haciéndolo.
No es posible formular la complejidad de las cuestiones asociadas
con la interrupción voluntaria del embarazo en un maniqueo
posicionamiento de "a favor" o "en contra". ¿Quién puede estar "a
favor" del aborto? Todas las personas coincidimos en el deseo de
que nunca más una mujer tenga que abortar.
Nadie en su sano juicio puede estar "a favor", así, en abstracto.
Por otro lado, ¿qué significa estar "en contra"? ¿Acaso se
pretende impedir que las mujeres violadas aborten, que las que
tienen embriones con patologías graves tengan que llevar a término
sus embarazos o que las embarazadas en peligro de morir sean
sacrificadas por la llegada de una nueva vida? Millones de mujeres
se preguntan: "¿quién sabe mejor que yo si debo seguir este
embarazo, si puedo emocionalmente, si hay condiciones en la
familia, si hay recursos?" ¿Quién puede decidir por ellas?
Tener la posibilidad de ser congruente con las propias creencias,
sin que la carencia de recursos económicos o informativos se
convierta en una causa de enfermedad, de riesgo de muerte o de
extorsión económica, introduce la cuestión de la justicia social.
En nuestro país, no todas las mujeres tienen igualdad de
oportunidades para interrumpir un embarazo no deseado, y esto se
agrava si lo hacen de manera ilegal. En contraste con quienes sí
tienen medios o información para acceder a abortos ilegales en
óptimas condiciones, la gran mayoría de quienes recurren a manos
clandestinas se arriesga y es maltratada psicológicamente, además
de que paga sumas totalmente desproporcionadas. El sector más
pobre sufre las complicaciones y la fatalidad de los abortos mal
practicados, mientras la jerarquía de la Iglesia católica presiona
y chantajea a legisladores y gobernantes, y de esta manera
favorece una política del "avestruz", con las muertes y tragedias
concomitantes.
Desde una verdadera postura cristiana, Católicas por el Derecho a
Decidir trabaja para que las mujeres más vulnerables del país
encuentren una salida a sus conflictos religiosos, sexuales y
reproductivos. Con fundamento informa sobre las distorsiones
políticas que los jerarcas vaticanos han introducido en el
discurso oficial e intenta recuperar el sentido último del mensaje
católico: la primacía de la propia conciencia.
En México, el grupo Católicas por el Derecho a Decidir recibió en
abril del 2002 el décimo premio anual Obispo Méndez Arceo,
otorgado a luchadores en Derechos Humanos por un conjunto de 42
grupos católicos. Esto es, a todas luces, un signo alentador de
que la postura sobre los derechos sexuales y reproductivos de esta
organización es compartida por muchas otras organizaciones
católicas en nuestro país.
¡Felicidades compañeras!
* Antropóloga, directora de la revista Debate Feminista, y
profesora en el ITAM.
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