Derechos Reproductivos desde nuestra realidad
Siempre que he hablado sobre los derechos reproductivos, la salud
reproductiva
y los derechos sexuales me ha parecido importante ubicarnos
históricamente
dentro de esta dramática revolución de nuevos conocimientos sobre
la
reproducción humana que ha permitido a la mujer controlar su
fertilidad.
Estamos hablando de un periodo de tiempo que cubre menos de 50
años y que ha
introducido la posibilidad de que la mujer pueda decidir sobre la
procreación,
si quiere o no tener hijos y cuándo y cuántos hijos desea tener.
Estas
decisiones son tan vitales, tan fundamentales a nuestro concepto
de autonomía y
dignidad personal que tendemos a olvidar que somos la primera o
segunda
generación de personas tan favorecidas y que nuestras madres,
abuelas y tías no
gozaban de estas posibilidades. En un periodo de menos de
cincuenta años hemos
afirmado el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, hemos
adquirido la
posibilidad de replantear nuestra sexualidad como un valor en sí,
liberada de
la amenaza de múltiples embarazos.
Debemos tomar conciencia también que es durante el curso de los
últimos 15 o 20
años, que esta posibilidad de decidir sobre su fertilidad y
controlar su cuerpo
ha sido reconocida no solamente como una expresión de la autonomía
personal de
la mujer, sino como un derecho humano, intrínsecamente vinculado
con los
derechos sociales y políticas de mujeres y hombres. Me refiero
específicamente
al concepto de los Derechos Reproductivos. introducido alrededor
del año 1980
para combatir las políticas demográficas coercitivas de países
imperialistas. y
luego aceptado universalmente en la Conferencia sobre Población en
el Cairo en
1994.
El decidir libremente sobre la fecundidad, el poder decidir sobre
el número de
hijos que una desea tener no ocurre en un vacío. Quiero poner
mucho énfasis en
este punto: hablar de nuestros derechos reproductivos es hablar
también de las
condiciones sociales que permiten a la mujer ejercer estos
derechos. La
discriminación basada en género, la pobreza y el sexismo, los
credos y dogmas
patriarcales, y la marginación laboral y educativa de la mujer,
invalidan las
posibilidades de optar libremente y de tener control sobre su vida
y su cuerpo.
Luchar en favor de la integridad corporal de la mujer y su
autonomía significa
denunciar las condiciones sociales, culturales y económicas que
obstaculizan el
ejercicio de su sexualidad, de una maternidad libre y de su
desarrollo pleno.
Es una falacia hablar de los derechos reproductivos, sociales,
económicos y
políticos de las mujeres de los sectores populares y del campo si
no existen
condiciones de vida adecuadas para su desarrollo humano y si no
hayan podido
tomar conciencia de su dignidad personal y su capacidad de actuar
libre de la
dominación masculina.
Por estas mismas razones tenemos que decir que es una falacia
hablar del aborto
fuera del contexto social, económica y cultural de miles de
mujeres y
adolescentes en nuestro país. Quisiera poner especial énfasis en
decir que la
decisión de terminar un embarazo nunca pueda estar separada o
disociada del
contexto social en que sucede y de los recursos disponibles que
permitan a la
mujer realizar su maternidad adecuadamente.. .Cuando una mujer
toma la decisión
de terminar un embarazo, lo hace en el marco de su relación de
pareja, sus
múltiples responsabilidades familiares y personales, su situación
económica, el
abandono físico o psicológico, las discriminaciones de género las
condiciones
laborales, y de los muy deficientes servicios sociales y
sanitarios a su disposición.
El Perú es uno de los países de la región con mayor número de
abortos
provocados, El Perú ocupa el segundo lugar entre los países de
América del Sur
con el más alto índice de mortalidad materna y 60% de todos los
embarazos de
mujeres peruanas son indeseados y terminan en un nacimiento no
deseado o en un
aborto inducido. Ninguna discusión o polémica sobre el aborto es
válida si no
está ubicada dentro de esta dramática realidad de millones de
mujeres peruanas
y la precariedad de la vigencia de todos sus derechos y
especialmente los
derechos reproductivos.
Es dentro de esta perspectiva que me parece tan pertinente la
posición de Ivone
Gebara, teóloga brasileña, quien ha afirmado que no es cuestión de
condenar al
aborto o condenar a la mujer que recurre al aborto: : más bien
debemos condenar
a la sociedad que no provee las condiciones humanas de vida para
mujeres y
adolescentes. Ivone Gebara califica a toda sociedad que no ofrece
condiciones
de vida adecuadas como una sociedad abortiva.
"Una sociedad que no tiene condiciones objetivas para dar empleo,
salud,
vivienda y escuelas, es una sociedad abortiva. Una sociedad que
obliga a las
mujeres a escoger entre permanecer en el trabajo o interrumpir un
embarazo, es
una sociedad abortiva. Una sociedad que silencia la
responsabilidad de los
varones y sólo culpabiliza a las mujeres, que no respeta sus
cuerpos y su
historia, es una sociedad excluyente, sexista y abortiva".
Yo añadiría, que una sociedad que restringe las posibilidades de
la mujer a
controlar su fertilidad y evitar embarazos no deseados es una
sociedad abortiva
aunque pretende defender la vida de "los no nacidos".
Negar a la mujer las condiciones que la permitan ejercer sus
derechos
reproductivos es reforzar el sistema de violencia y injusticia que
ha marcado
nuestras vidas y nuestra historia como nación.
Yo entiendo esta realidad que estamos enfrentando como un gran
reto que
requiere una nueva ética auténticamente " en favor de la vida".
Estar en favor
de la vida es querer transformar este sistema de discriminación y
violencia, es
querer transformar las injusticias de una sociedad abortiva.
Comprometernos a
luchar en favor de los Derechos Reproductivos de la mujer y la
atención
humanista del aborto requiere que nos comprometamos a luchar en
favor de
mejores condiciones de vida para todas y todos , en favor de la
justicia y la
transformación de todas las estructuras de dominación y
explotación; en favor
de una autentica democracia,. La formulación de un sistema ético
en favor de
las mujeres y sus derechos reproductivos es inseparable de la
formulación de
sistemas éticos que promuevan la justicia y libertad para toda la
humanidad.
Rosa Dominga Trapasso
Julio 2004
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