Dulzura de Venus
por Yadira Calvo
yadicafa@racsa.co.cr
Las tierras descubiertas por Colombo, el cirujano, se reducían a
un pequeño montículo, al parecer tan despreciable que se le
definía como un "cuerpecillo carnoso eréctil".
La historia de los descubrimientos abunda en extrañas
coincidencias. En 1492, el navegante genovés Cristóbal Colombo
descubrió América. Sesenta y siete años más tarde, el anatomista
cremonés, Realdo Colombo, descubrió el clítoris. Cada uno de ellos
narró las rarezas y particularidades de su hallazgo; el primero en
cartas a los reyes de España; el segundo en la obra De re
anatómica a un "muy notable lector".
Las tierras descubiertas por Colombo, el navegante, estaban
conformadas por vastos territorios; las tierras descubiertas por
Colombo, el cirujano, se reducían a un pequeño montículo, al
parecer tan despreciable que todavía en la penúltima edición del
diccionario de la Real Academia se le definía como un "cuerpecillo
carnoso eréctil". Es de imaginar que en una cultura de burro
grande ande o no ande, no dejaría de ser humillante para Realdo
esta insignificancia física de su descubrimiento, por lo que se
apresuró a explicar en dónde radicaba su verdadera grandeza: se
trataba nada menos que del "asiento fundamental del placer
femenino". Además le puso un nombre: lo llamó "amor o dulzura de
Venus"; y explicó al "lector" en detalle su mecanismo porque,
según él decía, "nadie" lo había percibido. Como no faltan
envidiosos, dos años después Falopio se autoatribuyó el
descubrimiento, y ya en el siglo XVII, Kaspar Bartholin anunció
que ni el uno ni el otro reivindicaban derechos legítimos puesto
que el tal cuerpecillo realmente era conocido por todos ¡desde el
siglo segundo! Esta importantísima revelación lógicamente nos
induce a pensar que Eva, sabiéndolo, no lo dijo; o que tal vez lo
dijo pero Adán no la oyó.
Ya plenamente enterados de su existencia, poco a poco y a lo largo
de los años, los anatomistas y ginecólogos fueron notando que el
montículo de Realdo escapaba al ordenamiento social, por cuanto no
solo parecía burlarse con descaro del sexo procreativo, sino que
además se prestaba para el sexo solitario, y hasta para el sexo
con gente del mismo sexo. Los franceses, que son tan listos, ya se
habían dado cuenta de eso: en 1612, Jacques Duval escribía que en
su país se le llamaba "aguijón del placer sexual", "desprecio de
los hombres" y gaude mihi o "dame gozo". En una enciclopedia de
1813, se indica que el nombre por el que hasta hoy le conocemos
deriva de un verbo griego que significa tocar o excitar
lascivamente. Poco después algunos médicos encontraron que su
excitación curaba la catalepsia.
Hasta ahí todo iba bien pero, al descubrimiento y la conquista,
sigue la colonia, en la que
los invasores imponen sus leyes a los invadidos, a quienes se
acusa de no saberse gobernar. Así, en 1858, algunos médicos
empezaron a culpar de desorden al cuerpecillo carnoso que
descubrió Realdo. Lo encontraron causante de "enfermedades
nerviosas" femeninas, tales como la masturbación, el lesbianismo y
el orgasmo, las tres muy graves (sobre todo para el orden
patriarcal). El ginecólogo Baker Brown sabía, como todo el mundo,
que el remedio contra los insubordinados es volverlos dóciles
mediante sanciones y castigos. En consecuencia, dictó pena capital
contra el ingobernable miembro eréctil, y a partir de él, la
cuchilla fue práctica común de la medicina occidental durante unos
diez años en plan serio,
y más raleada, todavía hasta bien entrado el siglo XX. De este
modo, tanto el continente descubierto por Colombo, el navegante,
como el montículo descubierto por Colombo, el anatomista,
estuvieron a punto de exterminio. Triste destino común de los
colonizados.
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