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Diario La República (Montevideo)
Suplemento La República de las Mujeres


Historia de amores ocultos

En 1900 Uruguay era un país homofóbico por acción: se perseguía y castigaba por sodomía a aquellas personas que osaban transgredir los patrones de "normalidad" sexual, regidos sobre todo por el catolicismo dominante. En los 2000 esas situaciones parecen legendarias, pero sin embargo se sigue aplicando condena moral a homosexuales y lesbianas. ¿La única diferencia será que la acción se sustituyó por omisión? Las dudas surgieron el 28 de junio cuando presenciaba un debate sobre homosexualidad y lesbianismo títulado "Historia de los Amores Ocultos en Uruguay", que tuvo lugar en la Facultad de Humanidades.

El encuentro, que contó con los historiadores José Pedro Barrán y Graciela Sapriza, el periodista Roberto Spada, el psicoanalista José Assandri y el escritor Fernando Frontán como panelistas, se realizó para conmemorar el Día del Orgullo Gay. Fue organizado por la Coordinadora Uruguaya del Orgullo, integrada por el Grupo Diversidad, Encuentro Ecuménico para la Liberación de las Minorías Sexuales, Asociación de Lesbianas Uruguayas, Grupo LGTTB Amnistía Internacional, Biblioteca LGTTB, Hermanas de la Perpetua Indulgencia, Centro de Investigación y Estudios Intersexuales.

El motivo de la convocatoria me retrotrajo a la adolescencia para recordar una oportunidad en que se conmemoraba el Día Internacional de la Mujer. Aquel 8 de marzo me encontré con una mujer de la familia, a la que saludé esgrimiendo un ¡feliz día! Su respuesta me asombró, ya que con notoria ofuscación me contestó : "¿Feliz?, ¡feliz voy a ser el día en que este día deje de existir!". En ese momento pensé que se había levantado "rayada" y, como dirían los adolescentes, "la dejé por esa". Tiempo después, hablando del tema, me explicó el porqué de su reacción: "Mientras exista un día para homenajear a la mujer, existirá la discriminación contra la mujer. Cuando seamos iguales, dejará de existir".

Mucho tiempo después, recuerdo esa frase en el Día del Orgullo Gay, cuya existencia significa que en nuestro país, en pleno siglo XXI, se sigue discriminando a quienes tienen una orientación sexual diferente a la que la sociedad estructurada considera "normal".


LA CONDENA

La historia que rodea a la homosexualidad es de muy difícil reconstrucción, debido a una concepción social que la entendía como algo malo, y por tanto la ocultaba. Recién comienza cuando las personas homosexuales se visibilizan. Es así que en Uruguay los datos indican que entre 1886 y 1903 se condenaba por sodomía a una persona por año. La cifra aumenta a 10 personas en el período comprendido entre 1904 y 1919; para alcanzar su máximo pico entre 1920 y 1934, cuando la cantidad de condenados anualmente por ese delito llegó a 41 personas.

Para José Pedro Barrán el hecho obedece netamente a la visibilización de la homosexualidad y los números indican que, mientras que en ese período la población se triplicó, el número de procesados por sodomía se multiplicó por cuarenta.

La asunción de la realidad llegó por el lado de la dificultad para mantenerla oculta. La población homosexual crecía y sentía la necesidad de hacerse visible, mientras que, por los mismos factores, al resto de la población se le dificultaba cada vez más taparla.


LA PATOLOGIA

Los primeros datos clínicos acerca de la homosexualidad empiezan a surgir a principios del Siglo XX. Barrán sostiene que publicaciones prestigiosas de nivel médico tienen entre su material la primera historia clínica de un paciente homosexual, fechada en Buenos Aires en 1901.

A principios del siglo XX, la homosexualidad era considerada una deficiencia, y algunos médicos de la época la describían con síntomas que podrían considerarse pintorescos, pero que hoy en día deberían catalogarse de tétricos. La comunidad médica percibía que la homosexualidad alteraba los aspectos relacionados con la virilidad: "el hombre homosexual presenta tetillas más desarrolladas y genitales menos desarrollados que el resto de los hombres, y la mujer lesbiana tiene sus senos menos desarrollados y más cantidad de bello en el cuerpo".

La conclusión fue que la persona homosexual no lo era porque quería sino porque era lo que podía ser, teniendo en cuenta sus deficiencias. Por supuesto, que "el problema" también era vinculado por los médicos a deficiencias mentales y psicológicas.

La medicina fue avanzando y con ella los estudios referidos a la homosexualidad. Durante la mayor parte del siglo XX, la homosexualidad fue considerada una enfermedad y, sólo dejó de entenderse de esa forma cuando ya sobre finales de siglo la Organización Mundial de la Salud se expidió sobre el tema, descartando su vinculación con la patología.


LA INTOLERANCIA

Fue entonces cuando debieron dejarse de lado los mitos que vinculaban a la homosexualidad con la enfermedad, para cambiarlos por otros que la emparentaran con la perversión.

Con las leyes modificadas y la medicina desvinculada de la discusión, la discriminación hacia un sector creciente de la población perdió los fundamentos científicos y pasó a situarse en el campo de las convicciones. Hasta hoy en día, tanto en Uruguay como en la mayor parte de los países del mundo, se dejó de perseguir la homosexualidad como delito, para pasar a la homofobia por omisión. Esta omisión está directamente vinculada con la negativa a considerar a los homosexuales iguales en tanto personas, y se expresa en la continua discriminación de la que son objetos las comunidades de gays y lesbianas.


HOMOSEXUALIDAD Y GENERO

Para Graciela Sapriza la construcción histórica del género forjada por las civilizaciones ha redundado en discriminaciones e inequidades hacia las formas o manifestaciones de la raza humana distintas a las consideradas "normales".

El concepto de género apunta a una construcción histórica basada en la construcción cultural "tonta" que hacen las sociedades sobre la diferencia sexual.

Partiendo de esa base se construyen las simetrías y jerarquías de poder, vinculadas con sexo, raza y opciones.

Sapriza destaca que el género se muestra como una "categoría interesante para poder deconstruir desigualdades".

Vinculada a la construcción de género del siglo XIX, la historiadora encuentra a la eugenesia, que se constituye en una ideología "disfrazada de ciencia", cuyo principal precepto era regular la natalidad con el fin de obtener la población ideal.

En esa búsqueda de la purificación de la raza, se entendía que sólo los elegidos debían reproducirse, mientras que el resto de la población era considerado "desechos humanos que llevarían a la destrucción de la raza".

Paralelamente, y se podría decir que por decantación, se empieza a construir la intolerancia racial y sexual.

La vinculación de nuestro país a esta ideología tiene que ver con que este territorio era visto como "un desierto a poblar", y en algún momento se discutió acerca del tipo de población que se buscaría para la región. La regulación se haría generando una política de inmigración que permitíera el ingreso sólo a los elegidos, para posteriormente comenzar a aplicar planes de natalidad.

La humanidad ha estado continuamente vinculada a la discriminación racial y social, y obviamente nuestro país no estuvo ajeno al tema. Muestras de esta intolerancia de una civilización construida en base a premisas falsas son los dichos de José Pedro Varela, quien en una oportunidad afirmó que "Partiendo de bases falsas y fomentando afirmaciones sin fundamento se ha creído y se cree aún en la perpetua igualdad de las razas humanas, y como consecuencia en su igualdades de actitudes para seguir todas las etapas del progreso. La falsedad de esa afirmación y de esa doctrina ha podido demostrase con cifras con respecto a los indios".


HISTORIA VISIBLE

A Fernando Frontán le correspondió hacer una puesta a punto de la historia de la homosexualidad, a partir de que tomaron cuerpo los movimientos homosexuales hasta la situación a la que arriban al siglo XXI.

En este sentido explicó que en un principio, y teniendo en cuenta la discriminación y persecución de la cual eran objeto, los movimientos surgían tímidos y ocultos. Durante todo el siglo XX los hechos de discriminación se suceden y la persecución continua, marcada principalmente por los continuos ataques de los nazis, que se estima mataron a cincuenta mil homosexuales en los campos de concentración.

En 1969 los movimientos se visibilizan debido a un hecho que se desparramó por el mundo como reguero de pólvora: en la ciudad de Nueva York una veintena de homosexuales y lesbianas resisten una racia policial con sus propias manos, en lo que se denominó "la rebelión de Stonewall".

Lo sucedido sirvió para que en todo el mundo los grupos - hasta entonces ocultos- se visibilizaran para repudiar el hecho.

De allí en más se abre otro camino, que en América Latina se ve resentido durante las dictaduras.

En 1984 surge en Uruguay la Fundación Skorpio, para frenar la persecución que la dictadura y los partidos políticos estaban practicando contra la población homosexual. De allí en más, la organización va tomando forma en las comunidades gays y lesbianas, que comienzan a visibilizarse para exigir el cumplimiento de sus derechos.

El siglo XXI descubre entonces a este sector de la población organizado y buscando tomar partido contra de las discriminaciones de las que han sido objeto.

Sin embargo, la homofobia sigue en pie, y desde todos los sectores surgen actos o dichos que visibilizan las miserias de una sociedad incapaz de comprender a quienes hicieron una elección distinta a los parámetros de normalidad concebidos culturalmente.

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