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Revista El País, España. 7-7-2002

¿QUÉ SUPONDRÍA PARA LAS MUJERES TRANSFORMAR LAS RELACIONES SEXUALES?

Por Shere Hite

Existen muchos tópicos sobre la nueva mujer sexual y lo que le agrada. Se supone que "se lo monta como un hombre", es decir, que no tiene inhibiciones, busca el sexo y le encantan los "penes grandes" y "follar todo lo posible". Pero eso parece más un tópico de la nueva mujer de los sesenta que una novedad del siglo XXI.
Otro tópico ya viejo: que las mujeres se cansan fácilmente del sexo, que rehúyen acostarse con su pareja siempre que pueden. Como escribe un joven: "Quiero a mi pareja, llevamos juntos ocho meses, pero a ella no le interesa el sexo tanto como a mí. Aunque lo he intentado todo, no tiene orgasmos cuando nos acostamos, ni ha tenido orgasmos con nadie más. Me gustaría poder hacer algo para que disfrute más del sexo, pero ella no quiere ni intentarlo, dice que en todos los demás sentidos es feliz, que no tenemos ningún problema en nuestra relación y que todo irá bien si no insisto en mantener relaciones demasiado a menudo".
Si bien es cierto que, para muchas mujeres, el orgasmo no es la parte más importante de una relación sexual con su pareja, también es estadísticamente cierto que, con frecuencia, las mujeres se retraen de la relación sexual con su pareja al cabo de un periodo de tiempo; de ahí ha nacido el tópico de que "a la mayoría de las mujeres el sexo no les interesa tanto como a los hombres". Existe un motivo, un motivo que podemos cambiar; esa diferencia en el apetito sexual no se debe a las hormonas o a la biología, sino a la cultura. La definición cultural del sexo refleja un prejuicio anticuado contra las mujeres, que da prioridad a la eyaculación masculina. Y el contexto moral que rodea la actividad sexual también afecta a la percepción que tiene la gente de lo que hace.
La razón de que tantas mujeres pierdan el interés por el sexo al cabo de un tiempo con la misma pareja no es que la pareja sea imperfecta, sino que lo que llamamos sexo, muchas veces, excluye los auténticos sentimientos de la mujer. Lo que llamamos sexo no parece corresponder a la verdadera identidad de la mujer; muchas mujeres sienten que no están siendo fieles a sí mismas cuando mantienen una relación sexual y dicen que el acto sexual parece algo diseñado por otra persona para ellas, una actividad que deben llevar a cabo para hacer feliz a un hombre, pero es como si vivieran en una casa escogida y decorada por otros.
Las mujeres atraviesan un momento histórico en el que tienen la gran oportunidad de transformar la forma y la función del sexo, pero dicha oportunidad exige gran cantidad de energía y voluntad; muchas se preguntan si el resultado hará que valga la pena el esfuerzo. La forma de avanzar no es sólo que los hombres se vuelvan más sensibles y aprendan más sobre el cuerpo femenino -que es en lo que muchas veces se cree que consiste el nuevo sexo-, ni sólo que las mujeres se vuelvan tan atrevidas como los hombres. Lo que se necesita ahora es que las mujeres encuentren el significado real de sus deseos sexuales, creen una nueva manera de expresarlos, un nuevo vocabulario de gestos y actos, y luego convenzan o seduzcan a su pareja para que los haga realidad. No es tarea fácil.
Si no aprovechamos esta oportunidad, históricamente, es posible que no vuelva a haber otra hasta dentro de mucho tiempo. La definición de sexo, con frecuencia, desanima a las mujeres. A muchas le parece que no incluye sus verdaderos sentimientos ni sus emociones sexuales más profundas, ni tampoco se centra en las actividades que necesitan.
También los hombres dicen -aunque con mucha menos frecuencia- que les gustaría una transformación sexual, que las relaciones sexuales son demasiado rígidas y, con el tiempo, se vuelven aburridas.
Desde el punto de vista histórico, la situación exige que las mujeres asuman una posición enérgica respecto al sexo si es que quieren darle un nuevo significado. La institución que conocemos actualmente no siempre es perfecta para la genuina expresión sexual del hombre, pero, al menos, es más conveniente para él que para la mujer, porque culmina en el orgasmo masculino y se centra en la estimulación del pene. Las mujeres se enfrentan a circunstancias distintas. Aunque a la mayoría les gusta sentir excitación sexual, saben que esa excitación se verá interrumpida por un modelo sexual que, en algún momento del proceso, parece dejarlas de lado, completamente excitadas y deseosas de algo más. ¿Qué pueden hacer? Hoy está surgiendo una nueva opción: los seres humanos tienen derecho a decidir que el sexo consista en unas actividades individualizadas, que cambien cada día y que no siempre incluyan el acto.
¿Y usted? ¿Le gustaría cambiar su definición de sexo? ¿Lo está haciendo ya? Para avanzar sexualmente, para superar las barreras en una pareja, es preciso cambiar drásticamente lo que se considera sexo, y actuar con arreglo a ese cambio.

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