¿De qué se habla en "Monólogos de la vagina" cuando se habla de la vagina?
Anabella Acevedo - laCuerda
Nadie que lea en el título de un libro la palabra "vagina" puede
dejar de
sorprenderse/intimidarse/avergonzarse o buscar en la obra algo
prohibido. Seamos
honestos: a pesar de los espacios que han ido conquistando las
mujeres tanto a nivel
profesional como cotidiano, a pesar de cierto nivel de apertura a
la tolerancia de la
sociedad en general en muchas -aunque nunca suficientes- partes
del planeta, a pesar de
que la voz de las mujeres se ha ido escuchando cada vez más, la
palabra "vagina" en el
título de un libro aún causa sorpresa, no digamos escándalo en
algunas personas, tanto
hombres como mujeres. Supongo que si el título fuera "Monólogos
del corazón" o hasta
"Monólogos del estómago" nadie protestaría. Sin embargo, el
tratamiento de ciertas
partes del cuerpo sigue siendo uno de esos espacios discursivos
todavía oscurecidos por
el temor y, por lo tanto, uno de esos espacios del ser cuyo
tratamiento abierto es por
lo general rechazado. Habría que preguntarnos cuáles son las
implicaciones de este
rechazo, es decir, ¿qué es lo que en realidad se rechaza cuando
existe resistencia a
hablar del tema?
En los "Monólogos de la vagina", de Eve Ensler (1998), "vagina" es
también una ventana
que nos conduce a consideraciones como el aprendizaje acerca de
nuestros cuerpos, del
placer a partir de la sexualidad, del respeto al individuo, pero
también es motivo de
reflexión sobre los miedos y traumas que pueden estar relacionados
cuando se violenta
-física, verbal o emocionalmente- a una persona, es decir, cuando
la sexualidad pasa de
ser un aspecto fundamental de nuestro ser-mujer a un espacio de
descontento o agresión.
Pero que quede claro: "Monólogos de la vagina" no es un tratado de
sexualidad ni un
libro escrito por una mujer para convencer a nadie de nada. Es,
por encima de todo, una
hermosa compilación de reflexiones acerca de la sexualidad,
especialmente la femenina,
lo cual no quiere decir que un diálogo sobre el tema les concierna
sólo a las mujeres.
Y, sin embargo, pareciera que la incomodidad para hablar
abiertamente de la sexualidad
de manera respetuosa y natural no se da fácilmente entre sexos
diferentes, y a veces ni
entre miembros de un mismo sexo.
La versión teatral de "Monólogos de la vagina" se presentó hace
poco en Guatemala.
Alesky Monroy, de 17 años, y su hermana Valeria, de 14, la fueron
a ver con sus padres
y me comentaban lo interesante que les había parecido. No veían en
la obra nada
ofensivo; por el contrario, consideraban que "hablar de la vagina"
de manera tan
abierta era algo necesario. Sin embargo, también me comentaban lo
difícil que era tocar
este tema con sus compañeros y compañeras de colegio.
Desgraciadamente, la abierta
actitud de Alesky y Valeria no refleja la norma en un país tan
conservador como
Guatemala, cuya educación formal y familiar han hecho que para la
mayoría de
adolescentes el tema de la sexualidad sea un tabú.
Finalmente, "Monólogos de la vagina" es también un libro escrito
de manera sencilla,
confesional y directa que intenta que las estructuras del lenguaje
reflejen las maneras
de abordar el tema, algo así como ese "escribir con el cuerpo" del
que nos ha hablado
Helene Cixous. Y a quien se interese por este libro también le
recomiendo "Tengamos el
sexo en paz", de Darío Fo, Japoco Fo y Franca Rame (1996), que, al
igual que el de
Ensler, nos enseña a tratar las cosas por su nombre, con la
naturalidad y la dignidad
que exige la naturaleza humana.
laCuerda
Una mirada feminista de la realidad
Año 5, No. 44
Guatemala, abril/2002
|