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Cortarse el clítoris

Andrés Zepeda, activista del Colectivo Radical Marilyn Monroe

12 de febrero. Una señora va por la calle con sus cuatro hijos. Al más pequeño lo lleva en la espalda, envuelto en su rebozo; el más grande, de unos ocho años, camina cerca de ella, y a otros dos los lleva de la mano. Adelante (como es de esperarse) va el marido suelto de brazos, severo, dando de gritos, apurando a "su" mujer. Yo me dirijo en dirección contraria, observo la escena y me acuerdo de una plática sobre género que recibí justo la semana anterior.
6 de febrero. Una destacada feminista expone sus puntos de vista sobre cuestiones de género. Escucho con un interés no exento de cierto escepticismo. Tengo mis dudas y mis prejuicios al respecto. Me hincha las pelotas ese remedo de corrección política del tipo "ellas y ellos, las y los, guatemaltecas y guatemaltecos". Me parece pomposo, superficial e innecesario. El hábito no hace al monje. Para que este país deje de ser machista hace falta mucho más que sustituir una "o" por una "a". (Pero nada más insoportable que esa moda reduccionista y esnob de usar el signo de arroba para referirse indistintamente a lo masculino y a lo femenino).
Tomo notas en mi cuaderno: Estereotipos. Las mujeres consumen más y sólo sirven para tener hijos y ser amas de casa. Atribución social de roles. Discriminación en los medios. Objetos sexuales. Cultura dominante. Control. Poder.
21 de febrero. Reviso mis apuntes. Bajo libros. Tribus que amputan el clítoris a sus mujeres. Afganas en burkas. Imágenes bíblicas. Lapidación de adúlteras. Abuso físico. Acoso sexual.
Sin embargo, una parte de mí sigue pensando que las mujeres dominan el mundo. Son el poder detrás del trono. Ejercen una supremacía -poderosa en cuanto solapada- cuya perpetuidad está asegurada justamente por el hecho de no ser manifiesta. Mientras tanto, el hombre hace alarde de una fuerza bruta a la que recurre para, según él, subyugar a la mujer (con lo cual no hace otra cosa más que evidenciar su complejo de inferioridad), y se jacta de una capacidad racional que las féminas no han tenido ninguna dificultad en igualar, e incluso en aventajar.
Es obvio: las mujeres son seres más evolucionados. Poseen mayores habilidades para la intuición. Son más aptas para resolver problemas al margen de la razón. Dominan mejor eso que últimamente han dado en llamar "inteligencia emocional". Tienen una asombrosa capacidad para hacer, eficientemente, varias cosas a la vez.
Ante lo cual los hombres reaccionan con machismo. Patadas de ahogado que, en última instancia, atentan estúpidamente no sólo contra ellas, sino también contra ellos mismos. ¿O es que acaso no es castrante reprimir la emotividad y obligarse a imitar un modelo de carácter rudo, temple recio y corazón insensible?
Negarse la posibilidad de sentir. Algo así como cortarse el clítoris. ¿O no?

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