|
29 de diciembre de 2001
¿Lesbianas?
por Vicente Verdú
Hace unos días asistí al pase de una película titulada "A mi madre
le gustan las mujeres". Tal cual. La denominación no es un
eufemismo ni algún efecto de marketing. Lo que anuncia el título
constituye el punto real de partida de la cinta y también de su
trama y su culminación. Las madres, como las hijas, tienen derecho
a que les gusten las mujeres, porque a las mujeres, según se ve en
el filme y fuera del filme, no parece haberles repelido tanto como
a un hombre la homosexualidad. En el guión, esta falta de aversión
dentro de la humedecida feminidad es un elemento clave para que el
asunto fluya. Y el asunto se desliza gracias a la admisión
implícita de esa cuestión por el público general, pero sobre todo
por el público femenino, al que se orienta preferentemente la
obra.
Entre los hombres, la homofobia sigue actuando como una visión
horrenda. Las cosas cambian, los sexos se intercambian, la
bisexualidad llegó a la moda, la cultura gay ha ganado culto en la
estética de nuestros días, pero, con todo, la aversión que un
hombre llega a sentir hacia el trato sexual con otro hombre
permanece como un robusto legado patriarcal. Debe de ser también
por esto por lo que se dice que las mujeres lideran un porvenir
flexible. A diferencia de lo que ocurría hace poco, las mujeres
circulan mucho. Antes se estancaban en el quieto recinto de
esposas o madres, mientras ahora, si se desea rodaje, si se desea
rodar una película moderna, multifacética, polivalente, es preciso
incorporar un amplio elenco de actrices como en A mi madre le
gustan las mujeres. A la madre le gustan las mujeres, pero ha
estado casada veinte años con un tío, ha conocido supuestamente a
más hombres, no ha probado la homosexualidad, pero, de golpe,
cuando en la madurez se enamora de nuevo, lo hace de una mujer.
¿Lesbianas? Esto sería lo ordinario y tradicional. El caso es que
si la película interesa es porque discurre como un testimonio
donde la amante de la madre podría ser también un amante, y la
amante de la amante resulta ser una amante con amante, dentro de
un calambur que, sin embargo, dista de resultar una promiscuidad.
Todo lo contrario: la promiscuidad tiende a ser farragosa o
espesa, y aquí todo es claro, sencillo, muy fácil de tragar.
© Copyright DIARIO EL PAIS
|