Milena
Lucy Garrido *
No había nada que llamara la atención en ese avión igual a todos.
Nada. Salvo el cuerpo de una mujer enfundada desde el cuello a los
pies en un traje de cuero negro que la apretaba como un guante.
Nada. Salvo la larga melena, las cuidadísimas uñas y esa risa
increíble que desde su boca mulata, hacía que las azafatas
parecieran más plásticas que de costumbre.
Me había sentado atrás, con los fumadores y en la fila del medio,
donde después de la cena podría estirarme y dormir durante toda la
noche del viaje a Montevideo, pero ella eligió la butaca que la
separaba de mí por el pasillo y cuando vio que, en español, yo
pedía un vino tinto, en español también pero con un tono muy
brasilero, empezó una conversación que me haría postergar el
sueño.
- Voce é Argentina o é Uruguaya?
- Uruguaya.
- Qué suerte, querida. i Ellos son tan estirados! Ustedes, en
cambio, son gente como uno aunque muy serios, sí, más cálidos.
Claro que ellos tienen grandes cantantes, ¿nao? Susana Rinaldi,
Mercedes Sosa, esa mujer María Marta que canta boleros... Mais
disculpa, soy de Río, me llamo Milena ¿e vocé?
Luego tuve que contarle de dónde venía, a qué me dedicaba, cuántos
años tenía, etc., etc., pero al ver que no había probado su comida
encontré la oportunidad de cambiar el tema.
- ¿Se siente mal?
- No, no, mi amor, es que yo no como nunca. Por mi profesión,
¿sabes? Y me tuteas, por favor.
- Bueno, pero ¿qué profesión es ésa que prohibe cenar a las
personas? Con ese cuerpo no podés ser fakir...
- ¡Fakir! ¡Meu deus ... ! ¡Qué loca! Me dedico al espectáculo.
¡Soy artista! Ahora mismo vuelvo a Río por unos días a ver a mi
familia pero siempre estoy viajando de un lado a otro. Te explico,
cuando me levanto por la mañana, salgo a correr y hago una hora de
aparatos, luego desayuno un yoghurt y en la mitad de la tarde una
fruta, en la cena una ensalada y eso es todo.
- ¿Cómo, si no, tendría esta cintura?
- Ajá.. Artista...
Y ahí, asociando tanto viaje con el vestido de cuero negro
enfundado y recordando un seminario sobre tráfico de mujeres,
preguntó:
- Y...¿no tenés problemas con las visas?
- No mi vida. Yo fui una de las primeras que se vino a trabajar a
Europa. Antes era más fácil la profesión pero ahora las nuevas
artistas tienen muchas dificultades. Yo tuve suerte y pude juntar
mucho dinero, además mi marido me cuida mucho.
- ¿Y él en qué trabaja? ¿administra tu carrera?
- No, mi carrera la administro yo y me ha ido muy bien. Él está en
el directorio de una transnacional muy importante. Si no, ¿cómo
podría regalarme este tapado? Mira... ¿no es bonito?
Y se levantó a mostrarme un abrigo de visón plateado que le
llegaba a los tobillos y me dejaba sin entender nada. Después
empezó a cantar en voz baja parte de¡ repertorio que usaba en sus
shows y cada canción era acom pañada con los gestos exactos que
hubiera usado Paloma San Basilio, Rocío Jurado, Sara Montiel,
María Bethania...
- Yo me visto igual a ellas y hago play back pero tengo que tener
siempre este cuerpo, siempre esta cara. ¿Sabes qué edad tengo?
Cincuenta años, querida. (Milena, te juro que parecían 30) y mi
marido es un poco más joven. Pero quiero confesarte algo... me has
caído tan bien! No quiero que cambies por lo que te diga...
Y bajando la voz, agregó:
- Soy un hombre.
- Ajá. ¿Y qué es lo que me querías decir?
- Eso... que soy un hombre.
- Me parece muy bien, pero además, sos una mujer preciosa.
- ¡Santa mía! Qué lindo que podamos hablar así porque con algunas
personas no se puede. Mis suegros, por ejemplo, los compañeros de
mi marido... Pero Dios siempre me ayuda y te devuelve bien por
bien. ¿Ves estas joyas? Me las fui comprando con mi trabajo
durante 25 años y se las f u¡ regalando a mi suegra porque quería
que me quisiera, ¡era adorable! Ella me decía «Milena, un día
estas joyas y las mías serán tuyas» ¿y sabes qué? cuando murió,
pobrecita, me las dejó todas. Dios me protege.
- ¿Y con tu propia familia cómo es la relación?
- Soy yo que los protejo a ellos. No puedo tener hijos, claro,
pero tengo 15 sobrinos y en Brasil la situación económica es muy
difícil. Viven con mis hermanas en mi casa de Río y los ayudo a
todos.
- Digamos que entonces no tienen más remedio que aceptarte tal
cual sos. Si dependen de vos no son quiénes para criticarte.
- El problema fue cuando era joven y recién me iniciaba. Pero
también Dios me ayudó con la fama.
- Contame eso. ¿Cómo terminaste haciendo espectáculos por toda
Europa? ¡Ah mi amor! Hombre como me ves (porque yo no estoy
operada, que conste ... ) gané el concurso Miss Brasil 1969.
- ¿Quééé? ¿En serio? ¿Y la prensa nunca se enteró?
- ¡Claro que se enteró! Por eso me hice famosa. Al otro día de¡
concurso los titulares de los diarios decían «La mujer más bella
del Brasil es un hombre» y bastó con eso para que japoneses y
alemanes me contrataran para viajar y montar los espectáculos.
Después charlamos de miles de detalles que no quiero contar.
Luego, llegó Elizabeth Taylor haciendo de Cleopatra, seguimos
recordando viejos boleros, le cantamos el repertorio completo a
Tito Rodríguez, a Lucho Gatica, se nos colaron varios tangos, el
feminismo, los prejuicios, («Más vino por favor, Srta.») Caetano
Veloso, Maysa Mattarazo, Luigi Tenco... Nos intercambiamos las
direcciones y, finalmente, pude tenderme a todo lo largo de la
fila y dormir.
Cuando desperté, ya estábamos cerca de Montevideo y su butaca
estaba vacía. Me dio lástima no haberme despedido. Sobre todo
cuando recordé que en la mitad de la noche alguien había corrido
mi manta para taparme los pies.
Gracias, Milena.
* Lucy Garrido, uruguaya, es escritora.
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