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Nicaragua
Zoilamérica Narváez: "La primera vez que me violó fue en 1982"
Tras perder las elecciones, Daniel Ortega se enfrenta a la
acusación de abusar sexualmente de su hijastra.
Managua, 9 de noviembre de 2001
(Juan Jesús Aznárez/El
País/Tertulia)
El comandante Daniel Ortega afronta su derrota en las
presidenciales del domingo y la admisión de la denuncia presentada
por su hijastra ante la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos (CIDH) contra el Estado de Nicaragua por negación de
justicia. Zoilamérica Narváez, de 33 años, fue vejada desde los 11
por el ex presidente de Nicaragua (1979-90) y jefe del Frente
Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). No tuvo valor, ni
fuerzas, según su testimonio, para resistirse a quien entonces
imperaba.
"Sus atrevimientos llegaron a grados tales que no le importó
citarme a la Casa de Gobierno, en el lugar de descanso de su
despacho, e intentar ahí mismo sostener relaciones en presencia de
terceros, obligándome a ingerir licor para vencer la vergüenza y
la timidez". Hace tres años, la hija de Rosario Murillo, pareja de
Ortega desde hace casi tres decenios, denunció el calvario
causado, desde 1978 hasta febrero de 1998, por el ex guerrillero
que lideró la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza.
"Estrenó en mí todos los instrumentos posibles de dominación:
físicos, psicológicos, políticos, familiares y militares".
La presentación de cargos, hace tres años, causó conmoción en las
filas sandinistas, pero fue inútil. Ortega negó todo e invocó su
inmunidad parlamentaria cuando rechazó comparecer ante tribunales
de justicia que respondían, según demostraron los hechos, a los
pactos suscritos entre el partido del presidente Arnoldo Alemán,
conservador, y el movimiento encabezado por Ortega. Su objetivo no
fue otro, según los analistas consultados, que satisfacer las
ambiciones políticas de los dos caudillos y cerrar el espacio a la
investigación de los abusos cometidos desde el poder y del manejo
fraudulento de los dineros y bienes públicos.
Los primeros manoseos contra Zoilamérica, socióloga, casada hoy,
con dos hijos, comenzaron a los 11 años, en Costa Rica, meses
antes del triunfo de una revolución que convocó una generalizada
solidaridad internacional. "Vos ya estás lista", le dijo Ortega al
conocer su primera menstruación. Después llegaron las
masturbaciones en presencia de la víctima, las violaciones, las
invitaciones al uso de vibradores o de películas pornográficas, la
obligada contemplación de la filmación de los abusos sexuales, el
maltrato verbal y físico, la progresiva sofisticación de las
perversiones. "Me trató peor que a una mujer que vende su cuerpo".
El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos aplaudió la decisión de
la Comisión Interamericana, publicada días antes de los comicios,
porque, si bien no prejuzga el fondo del asunto, "representa un
revés a los alegados del Gobierno del presidente Arnoldo Alemán,
que pretendió que el organismo conociera de las violaciones de
derechos humanos alegadas en la denuncia". Ni el Partido Liberal
Constitucionalista, al que también pertenece el presidente electo,
Enrique Bolaños, ni el FSLN, ni el Congreso, a sus órdenes,
tramitaron las imputaciones contra Ortega, que alegó disfrutar de
inmunidad. Tampoco se abordó el asunto en la campaña. Sólo el
cardenal Miguel Obando y Bravo pidió que se considerase la
"solvencia moral y profesional" de los candidatos.
El informe de Zoilamérica tiene más de 40 páginas y enumera las
afrentas padecidas durante 20 años, progresivamente degradantes.
La joven admite que se derrumbó psicológicamente y necesitó
terapia psiquiátrica de depresiones graves. Curas sandinistas a
los que pidió consejo le pidieron paciencia, resignación
cristiana, la inmolación en aras de la estabilidad emocional del
comandante y de su sacrosanta misión: la redención de los pobres.
María, una destacada periodista nicaragüense, siempre votó por el
FSLN, pero dejó de hacerlo el domingo. "No podía después de
conocer lo de Zoilamérica".
"Se me negó el derecho a existir como ser humano, se me mantuvo
como objeto de otro ser", resumió Narváez, todavía hoy militante
del FSLN, y añade: "Me manipuló y me concibió como el objeto
sexual de un líder que se lo merecía todo. Así fue que sucedió
durante seis años, haciéndome creer que con mi sacrificio aportaba
y protegía a la revolución".
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