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Trastornos del "ch'ujlel"

Gracia María Imberton, salvadoreña, antropóloga social

María padecía "calor y sudor" excesivos. Visitó al curandero y éste diagnosticó "vergüenza de lámina": los síntomas se asemejaban al calor y al sudor que se depositan en las láminas durante los cotidianos días calurosos y húmedos. La causa del mal -según el especialista- fueron los chismes y envidias de los vecinos por el nuevo techo de lámina que la familia de María había construido.

Entre los choles de Chiapas, México, muchos de los padecimientos físicos se atribuyen a las tensiones sociales que resultan de la convivencia cotidiana, como en el caso anterior. Así, los chismes y las envidias, las acusaciones de robo o de incumplimiento de compromisos y las ofensas, entre otros, son señalados -desde la perspectiva local- como la causa de la enfermedad de la "vergüenza", en sus diferentes manifestaciones (vergüenza de pollo, puerco, carro, etc.). Si bien todos están expuestos a este mal, se dice que las mujeres y los niños y niñas son más vulnerables.

¿Cómo se explica esta susceptibilidad?
Los choles piensan que las personas están conformadas por un cuerpo y, además, un espíritu o alma ("ch'ujlel"). El cuerpo es la suma simple de carne y huesos; el "ch'ujlel" constituye la representación de las características particulares de cada individuo: su fuerza y vitalidad, los sentimientos y las emociones.

La presencia de una enfermedad denota generalmente algún trastorno del "ch'ujlel". Los males graves indican que éste se ha separado del cuerpo; los menores, que el "ch'ujlel" ha sufrido debilitamiento, pero aún permanece en su recinto. Sin embargo, en la gran diversidad de almas se establecen agrupaciones: se dice que mujeres, niñas y niños tienen almas "débiles", distintas a las "fuertes" de los hombres, y que por este motivo son más susceptibles a la enfermedad.

A diferencia de la explicación local que atribuye la "debilidad" femenina a las características intrínsecas del "ch'ujlel", sugiero explorar su condición en el campo de lo social. Es palpable que en la jerarquía social local las mujeres y los menores ocupan una posición inferior a la de los hombres, quienes en este caso conforman el polo de la "fortaleza". En estas comunidades choles que viven principalmente de la agricultura, la tierra y el trabajo que se ejerce sobre ella son del dominio masculino. Las leyes confieren principalmente a los hombres la propiedad sobre la tierra. Asimismo, las actividades asociadas a la agricultura gozan de mayor reconocimiento que las domésticas o la crianza de animales, correspondientes al dominio femenino.

Igualmente ocurre con los puestos administrativos, ocupados en su totalidad por hombres, y con los cargos religiosos en los que participan mujeres, pero en calidad de esposas de los mayordomos. Tampoco se da la participación femenina en las asambleas, con excepción de algunas viudas que deben defender los derechos de sus hijos varones menores de edad.

Resulta entonces que la "debilidad" de las almas de las mujeres va de la mano con su situación social. Sin embargo, encontré que las curanderas y las parteras, por ejemplo, son consideradas poseedoras de almas "fuertes", generalmente más que las de los hombres. Ellas ocupan prácticamente la única posición de prestigio a la que pueden adscribirse las mujeres. Recientemente otras han adquirido reconocimiento como maestras y enfermeras y se dice que también sus almas son fuertes. Esto abre la perspectiva de que las mujeres pueden adquirir un "ch'ujlel" fuerte cuando conquistan nuevas y mejores posiciones en el entramado de relaciones sociales locales. La búsqueda de muchas jóvenes va en ese sentido.

http://www.geocities.com/lacuerda_gt

 

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