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Le agradezco a Eva el haber tenido la intuición suficiente para permitir que la humanidad ingresara a la ciencia, es decir, al universo de la curiosidad que da paso a los saberes y las diversidades.
Lo que una lectura convencional del mito de la creación para las sociedades occidentales y cristianas, traduce como causa de la expulsión de la pareja original del Paraíso y motivo del dolor al parir que tenemos las mujeres, es para mí y para muchas otras, el inicio de la liberación de ese estado del puro placer y la contemplación que deviene cárcel, y de la búsqueda de la felicidad real como utopía.
En mi lectura del mito, Eva no deja de ser, sin embargo, un ser inconsciente de su propia apertura, y más bien cargó, durante su existencia y la de su descendencia femenina, la culpa del pecado original: haber cedido, por tan solo una manzana, a la tentación del demonio. Ergo: ¿cómo es posible que se sacrifique, por el conocimiento, la paz y la seguridad que proporciona el paraíso, como metáfora del hogar? El paso de los siglos se ha encargado de demostrar la ideología de la culpa y también de que el ámbito familiar no es paradisíaco para siete de cada diez mujeres que, según promedios mundiales y nacionales de hoy, sufren violencia física, sexual y psicológica proveniente de sus parejas.
Pero volvamos al mito, terreno más placentero de cualquier manera. Por esta inconsciencia de Eva, agradezco más a Lilith, la primera mujer de Adán, que se salió del Edén porque pedía igualdad. ¿No lo sabía? Pues sí, según esta leyenda del folklore judío, también reinterpretada para hacer de Lilith la primera malvada de la historia, ella no permaneció mucho tiempo junto a su marido.
Los ángeles la encontraron en el Mar Rojo, después de que Adán se quejara ante el Señor por este abandono (por si acaso, en nuestras Comisarías de la Mujer, millones de años después y a miles de kilómetros de distancia del lugar en el que se ubica el mito, las denuncias de los hombres se dan por abandono de hogar: cualquier parecido es pura coincidencia). Ella rehúso volver.
El castigo divino la convirtió entonces en demonio para los niños. Y dicen que "este monstruo de la noche", significado de su nombre, deambula por los campos y amenaza. Es que osó decirle a Adán: "Si fuimos hechos del mismo barro, ¿por qué tú?
Este mito se ha perdido, sin embargo. Y no es difícil imaginar por qué. Ha sido preferible mantener la creencia de una mujer pecadora y culpable, Eva, que la de una liberadora e insumisa, Lilith. O ha sido preferible, quizás para satisfacer nuestra extraña condición humana, construir el criterio del sabor de las conquistas luego de sacrificios.
Digamos, entonces, que millones de mujeres en el mundo, herederas de Eva y Lilith al fin y al cabo, saboreamos hoy muchas conquistas en la búsqueda de la igualdad y la equidad, de que se nos considere seres humanos con pulsiones y deseos y no solo madres o esposas dispuestas siempre a la renuncia en función de los demás. Y como todavía queda mucho por hacer, se celebran los 8 de marzo.
Recuerdan que los "días de la mujer" serán necesarios mientras existan mujeres como las afganas, por ejemplo, sometidas a los fundamentalismos de signo islámico que les arrebatan su condición de humanas. Por esto seguimos existiendo las lilíes. Felizmente.
Por Alexandra Ayala Marín
Ecuador
Somos Mujeres Perú
www.somosmujeresperu.com
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