En busca de una intimidad satisfactoria
Adelma Bercián, guatemalteca, periodista
Levanten la mano quienes se han sentido como si se quedaran "con los colochos hechos" después de hacer el amor. O las que están empezando a disfrutar justo cuando el espectáculo llega a su fin.
No es casualidad que se crea que aproximadamente el 30 por ciento de las mujeres somos frígidas. La concepción generalizada del acto sexual se ha construido con base en el proceso físico de los hombres: calentamiento, penetración, clímax y relajación. La creencia popular es que las experiencias sexuales de las mujeres y los hombres son paralelas, sincronizables, y que se pueden resumir en dichas etapas.
Según la ginecóloga española Ana Carcedo, sólo hasta ahora se está tomando conciencia de que esa concepción de la sexualidad femenina está totalmente alejada de la realidad y, peor aún, cada vez es más claro que las mujeres tenemos menos capacidad de decisión en las relaciones sexuales, lo que nos relega a posiciones poco privilegiadas en las relaciones de poder y nos expone a grandes riesgos para la salud.
Incluso nosotras mismas hemos aprendido a autocensurar nuestro cuerpo, nuestro placer y nuestra necesidad del sexo como uno de los componentes que nos hacen seres humanos integrales. Abundan las historias de mujeres que abren las piernas sólo para contar los minutos antes que todo acabe. La masturbación es exclusividad de los varones, y si se habla de la femenina, está antecedida por millones de excusas fisiológicas que quieren tapar el sol con un dedo: masturbarse es rico.
Los sueños húmedos en las mujeres todavía son un tabú y es porque incluso la ciencia ha despreciado la existencia de las eyaculaciones femeninas.
La buena noticia es que los primeros acercamientos de la ciencia a este territorio virgen han revelado que la sexualidad femenina tiene sus propias lógicas e intereses. Por ejemplo, lo que para muchos hombres son "juegos previos", para las mujeres resulta el momento más satisfactorio de la relación. Está extensamente reconocido que tenemos una capacidad orgásmica no sólo múltiple sino que crece con cada orgasmo. Incluso hay estudios que reportan mujeres con decenas de orgasmos mantenidos por horas.
Sólo con estos números, los porcentajes generalizados de frigidez (entendida como la anorgasmia durante el coito, es decir, en un encuentro sexual entre un hombre y una mujer donde existe penetración) quedan reducidos a un 12 por ciento.
El camino es largo para que surja la posibilidad de que se aborde la sexualidad desde nuestra visión. Primero debe popularizarse la noción de que mujeres y hombres diferimos de nuestras búsquedas y hallazgos en los encuentros físicos.
Podría terminar diciendo que el sexo satisfactorio tiene que ver con la dimensión del afecto, del placer e incluso de las relaciones de poder. Y definitivamente que sí, pero hay exigencias sociales que drenan nuestras energías sin ningún beneficio y ¿para qué hacerles caso? Contamos con nuestra gran capacidad de sentir placer, podemos procurarnos intimidad sin sentirnos culpables, y si bien es cierto los necesitamos a ellos para complementarnos, hay que recordar que podemos procurarnos satisfacción de primera mano.
|