El clítoris: La llave del placer femenino
Por desconocimiento de la función del clítoris en la vida sexual, muchas mujeres tienen problemas para lograr la excitación o para llegar al orgasmo. Algunos hombres creen que la estimulación vaginal a través de la penetración es instancia exclusiva de goce sexual para la mujer. ¿Cuáles son las causas de que sigan pesando sobre el clítoris prejuicios y tabúes?
Para las mujeres, hablar de clítoris es hablar de orgasmo. Para un hombre, se llame José García o Sigmund Freud, el clítoris todavía hoy es un misterio incomprensible. Muy pocos saben dónde está y mucho menos para qué sirve o cómo estimularlo.
Hay un chiste que ridiculiza esa ignorancia. Dice así: ¿Cuál es la diferencia entre el clítoris y un bar?... Que cualquier hombre es capaz de encontrar un bar... Aunque no habla bien de los hombres con respecto al goce femenino, el chiste podría hacer pensar que las mujeres sí conocen bien el clítoris. Sin embargo, una encuesta realizada en los Estados Unidos por Natalie Angier, ganadora del premio Pulitzer y autora del libro Mujer, ediciones Temas de Debate, demuestra que la mayoría femenina de los Estados Unidos (el 73 por ciento de las mujeres) no sabe qué tamaño tiene su clítoris o el clítoris medio, cómo es su configuración anatómica y si sirve para alguna otra cosa además de ser el cerebro femenino del placer.
Jimena Morales (29, soltera, empleada de banco) explica ese teorema insoluble (por qué muchas mujeres saben pero no saben): "Desde chiquitas nos dimos cuenta de que si te tocás ahí llegás al orgasmo. Después con el tiempo le ponés nombre a ese ahí, pero ese ahí es el famoso anónimo...", razona sin sombra de duda sobre el hecho de que el placer va por un lado y el saber por otro.
No en pocas mujeres entrevistadas por la cronista de Luna aparece ese tipo de disociación u alguna otra similar. Verónica Giacardi (24, estudiante de escenografía) invoca razones estéticas para condenar al clítoris a un cono de sombra, de silencio o de ceguera: "A mí me provoca cierta cosa hablar del clítoris, y a la mayoría de las mujeres también: no es como los varones que hablan del pene todo el tiempo y hacen chistes y qué sé yo entre ellos. Las mujeres no hablamos mucho de ese tema. Además, a mí me parece que es feo, es feo estéticamente hablando... No sé... ¿No les dará asco a los tipos?"
Miranda Nardelli (39), como la mayoría de las entrevistadas, no cree que los hombres puedan sentir tanto rechazo. "Eso sí –propuso–, a veces necesitan un mapa para encontrarlo. Depende de la sensibilidad que tenga cada tipo.
Depende de si está abierto para aprender. Claro que es difícil encontrar un chico así. En cuanto al placer, yo no encuentro diferencias entre el orgasmo vaginal y el del clítoris. Son dos cosas que parece que van separadas pero que en realidad van juntas, es como parte de la misma sensación. Influye mucho lo previo, la conexión previa con la otra persona. Vos te tenés que dejar fluir, no preocuparte por si él te estimula bien o mal, si te toca en el lugar justo y toda esa técnica que en realidad lo único que hace es desconcentrarte. A mí, por ejemplo, no me gusta para nada que me hagan una presión muy fuerte, conmigo tiene que ser todo suave, una caricia".
Nervio sexual
Sean cuales fueren sus deseos o requerimientos (algunas mujeres prefieren que se les presione el clítoris, otras no aceptan de ninguna manera que lo toquen), lo cierto es que una inmensa mayoría de argentinas sabe que "ahí" está la fuente del placer sexual.
El 69 por ciento de las encuestadas por luna.com.ar (ver recuadro) confesó que por estimulación del clítoris se llega al orgasmo. Sin embargo, Claudia Carabajal (32, soltera, profesora de educación física) reconoce sus limitaciones: "A mí me duele. Que ni me lo toquen, porque no me gusta. Es que soy demasiado sensible, así que prefiero que lo eviten. Es más, trato de ponerme en posiciones en las que ni me rozan, porque me duele demasiado. Yo no lo veo como un problema: cuando yo me toco lo hago con mucha suavidad y lo disfruto, pero no me gusta que me lo toquen ni que me rocen cuando tengo relaciones porque los golpes bruscos o demasiada presión me lastiman".
Es razonable. El clítoris, como se verá luego, es puro nervio.
Apenas a veintidós semanas de haber sido gestada, una beba ya tiene formado su clítoris y ese aspecto es el mismo que tendrá cuando la niña nazca.
El clítoris es como una pequeña columna griega clásica: se trata de una estructura cilíndrica con tres secciones, frenillo, cuerpo y glande. Pero no es fácil identificarlo a simple vista. Las dos primeras secciones, frenillo y cuerpo, son subterráneas, están ocultas bajo la piel de la vulva. La única parte que se puede ver claramente cuando se separa la vulva es el glande que, a su vez, está bajo una cubierta con forma de letra A, una capucha formada por la unión de los labios menores.
El glande se parece al pene por su forma de corazón, pero no tiene abertura alguna. Está sobre el cuerpo del clítoris, que es el que se extiende bajo el tejido muscular de la vulva. El cuerpo, recubierto por una especie de traje de látex que en realidad es un tejido fibroelástico, es la parte esencial del clítoris, el que hace danzar a las mujeres hacia el orgasmo, aunque a veces para estimularlo sólo se les acaricie suavemente el monte de Venus.
Como está tan oculto, el clítoris es muy difícil de medir. En una beba recién nacida llega a los cuatro o cinco milímetros, pero crece cuando la mujer crece hasta alcanzar una longitud adulta promedio, desde la base hasta el glande, de unos dieciséis milímetros. Su característica más notable: no tiene ninguna finalidad práctica. Es meramente un haz de terminaciones nerviosas, 8.000 para ser exactos, una concentración mayor que la que se da en el resto del cuerpo en un solo órgano, incluidas las puntas de los dedos, los labios y la lengua. Ese lujurioso entretejido nervioso (dos veces mayor que el del pene) es la razón por la que a veces duele, pero también el secreto de su éxito orgásmico: el clítoris es un órgano puramente sexual.
Semejante dedicación exclusiva no puede menos que causar asombro, sobre todo entre los hombres: "Es raro eso de que la mujer tiene una zona sólo para recibir placer –reflexiona Sergio Barcos (26, empleado administrativo)–, el hombre no tiene una parte que sea sólo para el goce, quizá los pezones, pero uno no goza tanto como la mujer con el clítoris. Tenemos cuerpos diferentes".
Goce precoz
¿Desbordaría su capacidad de asombro, la de Sergio y la de muchos otros hombres, saber que la estimulación del clítoris puede empezar a una edad tan precoz como los cuatro o cinco años?
"La niña se acuesta o se sienta sobre el dorso de su mano y provoca una fricción o bien utiliza una manta entre sus piernas –describe Regine Dumay en el libro El placer de las mujeres (Ed. Plaza & Janés)–. Aunque en Occidente el placer infantil está muy mal visto, en Asia, por el contrario, es muy bien aceptado. En China, por ejemplo, se daba a cada niña un pequeño cojín estrecho y largo para que jugase con él y desarrollase sanamente su sexualidad."
En muchas otras culturas, la sexualidad clitoridiana se ha considerado peligrosa y se ha reprimido, a veces de modo salvaje.
De hecho, el clítoris ha sido objeto de prohibiciones y crueles restricciones. En Africa, su ablación (clitoridectomía) es una costumbre muy extendida. El 95 por ciento de las mujeres del norte de Africa están impedidas de conocer la satisfacción sexual. Antes de la pubertad son sometidas al ritual de la circuncisión o clitoridectomía, que consiste en la extirpación cruenta del clítoris llevada a cabo con ayuda de instrumentos rudimentarios o por arrancamiento.
En algunos casos, lo que se hace es infibulación, cosido y cerramiento casi total de los labios mayores y menores de la vulva con diversos materiales: fibras vegetales, alambres o hilos de pescar. Las consecuencias resultan inevitables: infecciones y hemorragias que terminan muchas veces con la muerte. A largo plazo también puede provocar una retracción defectuosa de la piel que ocasiona una manera peculiar de andar (pasos cortos y rodillas juntas) y la incapacidad física de experimentar sensación placentera derivada del contacto sexual. En el continente africano, cada minuto, cuatro niñas menores de 15 años son sometidas a una ablación del clítoris. Alrededor de 137 millones de mujeres en todo el mundo han sido mutiladas de esta manera en los últimos 50 años.
El disparador
Quizá tanto temor al clítoris se deba a que es disparador de orgasmos. María del Carmen Bertazzi –sexóloga, directora del Centro de Urología y Urodinamia– reafirma: "El clítoris es un órgano que existe sólo para el placer... Pero los hombres necesitan un mapa completo sobre nosotras de la cabeza a los pies, porque el sexo no se trata sólo de que te pongan una mano en el clítoris".
Hay una contradicción notable entre lo que sostiene Bertazzi y lo que opina el sexólogo Luis Itzcovich, autor del libro Sobre sexo y salud, ediciones Midi. Frente a lo que ella afirma ("las mujeres preguntan sobre su sexualidad, ellas consultan mucho más que los hombres; es más, muchas veces se encargan de resolver y de consultar por problemas que tiene el esposo o el novio"), el doctor Itzcovich retruca: "Los que más consultan son los hombres. En toda mi carrera como sexólogo debo haber recibido un total de 100 consultas femeninas, lo que es igual a casi nada en comparación a las consultas masculinas que atiendo. En muchos casos, sin embargo, los problemas por los que consultan los hombres son en realidad un problema de la mujer. Hay hombres que no tienen eyaculación precoz, pero como su pareja tarda tanto en llegar al orgasmo creen que sí lo tienen. Ese es un problema de la mujer trasladado al hombre".
La visión masculina de cómo es la sexualidad femenina difiere en forma notable de lo que opinan y sienten las mujeres. En El libro de la mujer, el gurú Osho, uno de los sabios más respetados de la India, da su explicación con un claro dominio de la ironía: "El hombre tiene capacidad para un solo orgasmo, la mujer para múltiples orgasmos. Entonces él se asusta de la mujer por la sencilla razón de que si provoca un orgasmo en ella, entonces ella estará lista para media docena más de orgasmos y él será incapaz de satisfacerla. La única salida que el hombre histórico encontró es ésta: no des a la mujer ni siquiera un orgasmo. No toques jamás su clítoris".
Necesidad espiritual
Osho describe luego que el orgasmo es una necesidad espiritual y un camino hacia la meditación profunda, con lo cual le da al clítoris una resignificación que los hombres occidentales en su gran mayoría desconocen, absortos como están por problemáticas genitales, muchas veces distantes del verdadero goce sexual. "El hombre –acusa Osho al aconsejar a las mujeres– se preocupa por la eyaculación, no por su orgasmo: déjalo que el muy idiota se quede en ese territorio. Tú deberías ser auténtica contigo misma y buscar la experiencia orgásmica, la cúspide del placer, con pareja o sin ella, disfrutando del juego en su totalidad, del clítoris en todas sus posibilidades orgásmicas".
El clítoris, sin duda alguna, es –para quienes pueden reconocerlo y aceptarlo– como la capa mágica de las mujeres. Les confirma que la alegría es un asunto serio porque es el órgano que integra información desde las más diversas fuentes, conscientes e inconscientes: a él llegan todos los impulsos, desde la corteza cerebral, del hipotálamo, del sistema nervioso periférico. Por eso, si una mujer se asusta, él permanece insensible. Si siente indiferencia o rechazo por el ser que desea acercársele sexualmente, se queda mudo. Si está excitada, en cambio, se convierte en una pequeña batuta de dieciséis milímetros de longitud que le va mostrando el camino: andante, allegro, crescendo...
Pero no sólo es el emperador orgásmico del cuerpo femenino. Según los investigadores británicos Robin Baker y Mark A. Bellis, el orgasmo clitoridiano les ofrece a las mujeres una forma de controlar el esperma masculino.
Casi nada: al parecer, si una mujer llega al clímax poco después de que su pareja haya eyaculado, su cuello uterino hace algo espectacular. Se abre hacia abajo –producto de sus rítmicas contracciones– y, como la boca de un pez, absorbe el semen depositado. En un video filmado desde el pene de un hombre (presentado por ambos científicos en el último Congreso Mundial de Sexología realizado en Londres en noviembre de 1999) pudo observarse cómo el cuello se inclinó sobre los espermatozoides eyaculados y con movimientos ondulantes y viscosos empezó a impulsar el semen hacia el útero.
El responsable, como es obvio, de semejante obra maestra de la naturaleza es el clítoris, cuya capacidad para producir orgasmos aumentaría sutilmente la fecundidad. Si a todo ello se le suma que las 15.000 terminaciones nerviosas de toda la pelvis se interaccionan con las del clítoris, pueden entenderse las razones de su fortaleza erógena insuperable... porque los nervios –ya se sabe– son como los pájaros: si uno empieza a cantar, los demás lo siguen.
Artículo publicado en revista Luna (Argentina), Año XVI No. 862, 5 de enero del 2001. Edmundo Ambas. Informe: María Laura García.
http://www.luna.uol.com.ar/esta_edicion/dossier.htm
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