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LA PERIODISTA MARIANA CARBAJAL, SOBRE
SU NUEVO LIBRO
"Hablar del aborto genera mucha incomodidad"
El aborto en debate, aportes para una discusión pendiente, de
Editorial
Paidós, recopila las crónicas sobre la problemática del aborto
publicadas en
Página/12 por Mariana Carbajal. Aquí, la periodista aporta sus
reflexiones a
partir de su experiencia en la cobertura de un tema que,
explica, no es sólo
de salud pública sino de derechos humanos.
Por Luciana Peker
La periodista de Página/12 Mariana Carbajal acaba de publicar El
aborto en
debate, aportes para una discusión pendiente, de Editorial
Paidós, un libro
que reúne su cobertura sobre la despenalización del aborto,
realizada en
este diario. El texto recopila aportes de especialistas y las
historias de
mujeres, jóvenes y niñas, forzadas sexualmente e impedidas de su
derecho a
decidir la interrupción del embarazo. El libro pone de relieve
que las
muertes por aborto no sólo son un problema de salud pública,
sino también
una violación a los derechos humanos. "Hablar del aborto genera
mucha
incomodidad -subraya la cronista-. El aborto sigue siendo un
tema tabú, que
está envuelto en mucha hipocresía, fundamentalmente, porque las
que padecen
la prohibición del aborto son las mujeres pobres, no son las
mujeres de
clase media que pueden pagar un aborto seguro en una clínica
privada",
apunta. El libro muestra que, con una lectura amplia de las
vidas dramáticas
reflejadas en las crónicas, esas historias pueden dejar de ser
vistas como casos aislados y generar un punto de partida para mejorar la
vida de todas
las mujeres.
- ¿Cómo surge el libro?
- Marta Alanís, coordinadora de Católicas por el Derecho a
Decidir en
Córdoba, me conminó cariñosamente a publicar un libro con toda
la
información que había ido recolectando, investigando y
profundizando sobre
la problemática del aborto en la Argentina y con los procesos de
liberalización en el acceso a esta práctica que se han dado en
otros países
latinoamericanos como Colombia, y también en la Ciudad de México
y España. A
partir de ahí tomé el impulso para empezar a revisar el camino
recorrido en
los últimos años. El resultado es este libro.
- ¿Por qué se habla poco en los medios del problema del aborto,
cuando --como
usted destaca desde el comienzo en el libro- se trata de un
problema de
salud pública?
- No es un tema del cual se hable habitualmente en los medios,
aunque en los
últimos años pueden observarse algunos cambios: el tema ingresó
en los
medios masivos a partir de una sucesión de casos de abortos no
punibles,
donde mujeres jóvenes, con discapacidad mental, tuvieron que
atravesar un
largo proceso judicial ante los obstáculos que les pusieron
tanto en el
ámbito médico, en hospitales públicos, como en la Justicia para
poder
acceder a ese derecho. Estos casos pusieron la temática en la
primera plana
de los diarios. Son dramas. Pero hay un aspecto de fondo que se
aborda poco
y es el que tiene que ver con las vidas que se ponen en riesgo y
que se
pierden en un marco normativo de acceso restringido al aborto.
La
prohibición del aborto no ha servido más que para que cada año
mueran
alrededor de cien mujeres por abortos inseguros y muchas más
sufran graves
mutilaciones porque no pudieron pagar un aborto en una clínica
privada, como
lo hacen históricamente tantas mujeres de clase media o media
alta. Ese
escenario de profunda inequidad me conmueve. Ninguna mujer deja
de abortar,
una vez que tomó esa decisión, porque el Código Penal se lo
prohíba. Sobre
este aspecto poco se habla en los grandes medios. El temor a las
presiones
de los sectores conservadores y particularmente a la Iglesia
Católica es
enorme y prefieren el silencio. Las mujeres que ponen en riesgo
su vida son
las más pobres. En provincias del Norte todavía se recurre a
métodos
precarios como la introducción de una aguja de tejer, un tallo
de perejil o
una sonda, que terminan en gravísimas infecciones. Lo que pasa
es que de esa
inseguridad que afecta particularmente a las mujeres pobres no
se habla.
Estamos a mitad de año y ya debe haber un promedio de 50 mujeres
que
perdieron la vida en todo el país por esa causa. A fin de año
serán
alrededor de cien. El aborto inseguro es la principal causa de
muerte
materna en la Argentina desde hace más de dos décadas, pero es
un dato que
no conmueve a funcionarios y legisladores, que prefieren mirar
para otro
lado y evitar la apertura de un debate en torno de la
despenalización del
aborto. El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas
acaba de
definir a las altas tasas de mortalidad materna que hay en el
mundo como un
problema de derechos humanos. Ya no sólo como un problema de
políticas
sanitarias, sino de derechos humanos, porque está en juego la
vida, el
derecho a la salud, a la integridad física de las mujeres. Una
política
integral de derechos humanos debería incluir el problema de las
muertes por
abortos inseguros. El tema tiene que entrar en la agenda
parlamentaria.
- ¿La despenalización del aborto no se discute en el Congreso
porque los
políticos tienen temor a las presiones de la jerarquía
eclesiástica o porque
la sociedad está dividida y todavía no está preparada?
- Es un cuento decir que la sociedad no está preparada para dar
este debate.
Es cierto que el tema divide a los bloques. Con excepción del
Partido
Socialista, ninguno tiene una posición unánime. En algunos
diputados juegan
las creencias personales y, en otros, el temor reverencial a la
jerarquía
católica. En las provincias del NOA, el poder eclesiástico es
fuerte y tiene
mucha influencia sobre los políticos. Pero los últimos estudios
de opinión
pública marcan que hay un amplio consenso en la sociedad en
torno de la
despenalización del aborto en algunas situaciones, como los
casos de
violación. El año pasado se quiso avanzar con un proyecto muy
interesante
que aclaraba los alcances del Código Penal en ese punto, para
que no hubiera
más dudas y quedara saldada la discusión sobre si sólo se
considera no
punible la interrupción de un embarazo producto de una violación
cuando la
mujer tiene una discapacidad mental o ese derecho alcanza a
cualquier mujer.
El proyecto tenía el visto bueno del presidente de la bancada
oficialista.
Lo presentaron e impulsaron tres diputados kirchneristas, que
además son
presidentes de tres comisiones clave, involucradas con la
temática: Nora
César, titular de Legislación Penal; Juliana Di Tulio, de Mujer,
Familia y
Adolescencia, y Juan Héctor Sylvestre Begnis, de Salud. La
iniciativa tenía
apoyo de legisladores de todos los bloques, salvo del PRO. Justo
el día que
se iba a firmar un dictamen de mayoría, que lo habilitaba a
votarse en el
recinto, se levantó la reunión de las comisiones y el proyecto
quedó
archivado. Hay mucha hipocresía porque seguramente alguna hija,
tía,
sobrina, esposa, de los legisladores que se oponen a abrir la
discusión en
un ámbito parlamentario para proteger la vida de las mujeres
alguna vez
tuvieron una experiencia cercana de un aborto. Pero prefieren
decir "de eso
no se habla". Y es importante aclarar que nadie quiere que una
mujer aborte.
Sería deseable que ninguna tuviera que recurrir a un aborto.
Pero hay
ciertas circunstancias que enfrentan a una mujer a un aborto,
como la falta
de educación sexual, de acceso a anticonceptivos, una relación
sexual
violenta u otras experiencias o coyunturas. El punto es que
todas las
mujeres puedan acceder a una práctica segura y que la diferencia
entre la
vida o la muerte no sea cuestión de tener o no tener dinero
suficiente para
pagar el procedimiento en una clínica privada.
- Una de sus crónicas más fuertes, incluidas en el libro, es el
relato del
ingreso de integrantes de un grupo fundamentalista de Mendoza en
la
habitación de un hospital donde estaba internada una nena
violada para
presionarla y convencerla de que no interrumpiera el embarazo,
después de
que había reclamado su madre el acceso a un aborto no punible.
¿Qué opina de
que estos grupos se denominen "pro vida"?
- Yo ya empecé a llamarlos "antiderechos", como los denominan en
otros
países. Llamarlos "pro vida" genera una confusión semántica.
Quienes
defendemos la despenalización del aborto también defendemos la
vida: la de
las mujeres. Hace pocas semanas asesinaron a un médico muy
conocido en
Kansas, que tenía una de las dos clínicas que realizaban abortos
en
embarazos avanzados en Estados Unidos, donde están permitidos.
Lo asesinaron
en la puerta de un templo, cuando iba a practicar su religión,
mientras
estaba acompañado de su mujer. Lo mató un fundamentalista.
¿Quiénes
defienden la vida? Por supuesto ninguno de esos grupos que
pretenden
llamarse "pro vida" se adjudicó ese homicidio, pero han
promovido otros
asesinatos de médicos que realizaban interrupciones voluntarias
de
embarazos. Esos grupos pretenden obligar a una mujer que ha sido
violada a
una maternidad forzosa. Eso no es defender la vida. Esa actitud
tiene tintes
de tortura.
- ¿Por qué le interesó el problema del aborto y particularmente
el del acceso
a los abortos no punibles?
- Me interesa visibilizar un tema silenciado. Pienso que como
periodista
tengo un compromiso en darles voz a las y los que tienen voz y
no los
escuchan. En ese sentido, creo que es muy importante acompañar
el reclamo de
una mujer que pide acceder a un aborto no punible tras haber
sido violada y
tiene que enfrentar trabas y obstáculos arbitrarios. Las cortes
de las
provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Mendoza se pronunciaron
en los
últimos años señalando que en los casos de aborto no punibles
contemplados
en el Código Penal los médicos no deben exigir una autorización
judicial,
sino que la interrupción del embarazo debe plantearse y
resolverse en la
privacidad de la consulta médica. Pero esto rara vez ocurre. Me
interesa dar
cuenta de la violación de los derechos de estas mujeres. Cuando
entrevistás
a una mujer o a su familia en esas circunstancias, en algún
sentido le estás
robando su intimidad, porque te está contando cosas de su
privacidad.
Siempre pienso que el costo de revelar sus dramas y miserias
tiene que tener
una compensación; a esa mujer, a su familia, les tienen que
servir para
mejorar algo de su vida.
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