No acoses a Eva
Texto: Aleksandra Krzyzaniak-Gumowska
Publicado por Gazeta Wyborcza el 24 de agosto de 2008
Traducción del polaco para RIMA de Bárbara Gill
En el autobús, con toda la calma del mundo, le puso una mano
sobre el pecho.
- Perdón, ¿qué está haciendo? Silencio. El tipo mir para otro
lado. -¡Eh,
diga!, ¡conteste! Fue un incidente. Había mucha gente en el
autobús.
A las 9 de la mañana un hombre corrió hacia Sushma, 31 años, le
apretó un
pecho y se fue corriendo. A Gayatra, de 53, otro tipo le puso la
mano entre
las piernas cuando subía a un atobús. El taxista arregló el
espejito para
tener una mejor visión sobre el busto de Rehvati, de 48.
AJasmeen un tipo la
siguió 15 km. Ella subía al autobús, y él detrás en un
ciclomotor; ella iba
a una tienda, él espera su salida. Ella dice: "Llamo a la
policía". Él se
ríe: "Veremos qué hará la policía con un hombre que quiere
hablar con una
mujer". Aunque las leyes hindúes están del lado de la mujer
(concretamente a
favor de su "dignidad"), en la realidad la policía no hace nada.
El acoso
sexual callejero es llamado por los hindúes, paquistaníes y
bengalíes con el
eufemismo 'Eve teasing' -'molestar a Eva'-. Los mayores
simplemente no ven
el problema, para los jóvenes es lo cotidiano. El psicoterapeuta Vijay
Nagaswami consider que esto se relaciona con la división de
roles dentro de
la familia, la separación entre los sexos durante la infancia y
el modo en
que se presenta el amor en la literatura y las películas de
Bollywood. Pero
son cada vez más las indias a las que eso les revienta.
Prohibido para varones
Hace mucho que Bombay -18 millones de habitantes- está tan
orgullosa como
Tokio o Seúl por los vagones reservados alas mujeres. ¿Un lujo?
Subamos: son
las 18, estación Andheri, a mitad del recorrido norte-sur de la
metrópolis.
Un grupo de varias decenas de mujeres esperan juntas con la
esperanza de que
el vagón especial se detendrá donde siempre. ¿Listas? ¡A correr!
Las que
vienen del norte y bajan en Andheri, saltan cuando el tren
comienza a
frenar. Tres estaciones atrás han comenzado a acercarse a
empujones a la
puerta. De otro modo, la multitud que pugna por subir, no les
permitiría el
descenso. Están apiñadas sobre bancos de plástico o madera. De a
cuatro, a
veces con un crío en brazos. La situación de las que viajan
paradas es peor.
Ni hablar de moverse un pasito o buscar algo en la cartera. Hay
más aire
junto a las puertas siempre abiertas; viajás colgada ahí, con la
esperanza
de que la multitud de la próxima estación no te empuje haga
caer. En las
horas pico, en 30 segundos entran al tren alrededor de 3 mil
personas;
aunque los fabricantes de los vagones hayan previsto de que
entrarían sólo
mil 200. Los ferrocarrileros lo llaman "super densa carga de
multitud" o "la
productiva compresión humana". Ninguna mujer en sus cabales
subiría a un
vagón de varones. Allí el apretujamiento es igual, pero ellos no
dejan las
manos quietas. Por eso cuando el ferrocarril suprimió los tres
únicos
vagones para mujeres en el tren de las 9.13, las pasajeras
mandaron cartas a
la dirección. Durante los días siguientes esperaron inútilmente,
por lo
tanto, llegaron a la conclusión de que había que adoptar medidas
más
radicales. Difundieron información de boca en boca, invitaron a
los medios y
en una estación, entre el destello de los flashes, bloquearon el
acceso de
los varones a los vagones "generales". Después de tres días, el
ferrocarril
cedió. Restituyó los vagones "sólo para mujeres".
Llamá un forsche
Ravathi Roy, espiada por un taxista, se enojó y decidió que
fundaría su
propia empresa de taxis: mujeres llevando mujeres; basta de
mugre, miradas
obscenas y malos ratos. En la ciudad hay 55 mil taxis
negro-amarillos, son
Fiat 1100 de los '60. Puertas y ventanillas que no cierran bien.
Asientos
cubiertos con una mezcla de arena y barro. Los choferes duermen
sobre los
asientos o el capó y ganan poco. Hasta ese momento no había una
taxista.
Revathi, viuda y madre de tres varones, fue la primera; Annahita,
su amiga,
fue la segunda. Tenían dos taxis a pagar y un nombre bastante
llamativo:
Forsche, algo así como Porsche y "for she" (en inglés: para
ella). Se
pusieron camperas rosas, el tradicional sari y se ataron al
cuello pañuelos
violetas -al estilo boy scout o como corbatas. En la sede de la
empresa, una
pequeña barraca junto al parque Shivaji, colgaron en las paredes
las notas
periodísticas sobre Forsche. Junto a la puerta pusieron un
altarcito con
fotos de la difunta madre de Revathi y de su marido rodeadas de
guirnaldas
de flores. En la radio suenan los éxitos de Bollywood. No les
fue fácil
conseguir empleadas: - Se presentaron 182 mujeres. Venían para
ver qué era
eso de los taxis "para mujeres", pero no buscaban trabajo. 40 de
ellas se
quedaron. A diferencia de los taxistas, ellas tienen educación,
incluso
educación superior. Revathi es economista, Annahita es
socióloga; también
tienen una artista plástica y una geóloga. Hay mujeres mayores,
con hij@sadult@s,
y otras recién casadas. A l@s suegr@s no les gusta demasiado que
hayan
tomado empleos "masculinos".
Suena el teléfono: - Una clienta
regular quiere
que vayamos a buscar a su hijo a la escuela. Un varón no goza de
esa
confianza. Sobre todo si se trata de llevar a niñas. Con
nosotras hablan de
otra manera. Revathi parte. Durante el viaje, prácticamente no
saca la mano
de la bocina. Un bocinazo puede significar: "Ojo, tengo un auto
más grande,
¡hacete a un lado!", o también: "Está bien, ya salgo de tu
camino", cuando
contesta al bocinazo de otro vehículo. Las pasajeras tienen
espejito,
maquillaje, revistas femeninas y un kit de manicuría. Un año
después de
comenzar, Revathi tiene 25 taxis y una escuela de manejo para
mujeres.
Planea expandirse a Delhi, Bangalore, Hyderabad y Chennai. Ella
misma
entrena a sus empleadas. Annahita reconoce que no tomó el
trabajo por el
dinero, sino por la aventura: "Para mí es como una misión.
Hacemos algo
nuevo, algo que ninguna otra india hizo antes". Revathi se ríe:
"Hacemos una
revolución. Una revolución en las calles".
¿Te quedás mirando? Vas a dar a un blog
Jasmeen Patheja estaba harta de los silbidos, chasquidos y
miradas
desvergonzadas; harta de pensar con qué vestirse para no llamar
la atención
-aunque hacía rato había llegado a la conclusión que daba igual.
Las mujeres
son acosadas así vistan un sari, un saco tradicional, jeans,
polleras hasta
las rodillas o hasta los tobillos, remeras y camisas masculinas,
e incluso
con el traje tradicional musulmán (que las oculta por completo).
No estaba
dispuesta a aceptar que las mujeres debieran viajar del trabajo
a casa con
la vista clavada en el suelo, o de la casa a la tienda, o de la
escuela a la
casa de una amiga. Por eso, cuando un tipo más, en un café no le
sacó la
vista de encima durante 20 minutos y no reaccionó cuando ella le
pidió que
dejara de hacerlo, se enojó en forma. Sacó una cámara, le sacó
una foto y le
avisó que la subiría al blog "Blank Noise"; un proyecto
artístico que
comenzó en 2003 con una amiga para llamar la atención sobre el
problema de
"acoso a Eva". También le entregó un volante con la definición
de acoso
sexual. En el blog comenzaron a aparecer las fotos de sucesivos
señores: con
bigote espeso, en camisa a cuadros y con prominencia abdominal,
un
treintañero en motoneta, con un pulóver a rayas grises y negras
sobre camisa
blanca (éste había seguido a Jasmeen repitiendo: "¡Pero qué
sexy!"), con
bigote finito, con camisa crema y auriculares, un vigilador
asustado con
gorra de visera.
Y finalmente el tipo de camisa roja. En un autobús, con toda
calma, le había
puesto la mano sobre un pecho. -¡Disculpe, ¿qué está haciendo?!
Silencio. El
tipo mira para otro lado. -¡Oiga, conteste! En el autobús había
mucha gente
y nada de lugar para moverse.
Se sentía tan impune que cuando le preguntó, le dio su nombre,
apellido y
profesión, agregando que era casado y con hij@s.
Al blog se siguen sumando mujeres: de Delhi, Hyderabad, Chennai,
Bombay,
Calkuta, Patna. Cuentan sus experiencias, fotografían los
lugares en los que
fueron acosadas, organizan marchas nocturnas por las calles con
fotos de los
delincuentes, se estacionan a lo largo de las veredas con
carteles que dicen
"¿Por qué me mirás?". Y finalmente, se quedan paradas en la
calle, con los
brazos cruzados, volantes en mano, mirando el infinito. Porque
las mujeres
no están sin necesidad en la estación del subte, en las calles o
en los
centros comerciales, Sólo lo hacen las mujeres de Blank Noise,
derribando el
viejo orden. Quieren recuperar las calles de la India. Y se
sienten cada vez
mejor en ellas.
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