K.O. al Test Tyson
difundido por RIMA - Red Informativa de Mujeres de Argentina
Por Eva Giberti *
La voz de alarma en el periodismo surgió en Página/12 con la
firma de Mariana Carbajal refiriéndose a la “nota” “Madura el
K.O. Test Tyson”, título en la revista Hombre que alude al
conocido boxeador que fue sentenciado en un caso de violación, y
que propone a los varones cómo evaluarse según sea su modo de
golpear a las mujeres.
El primer argumento esgrimido en favor de esta publicación será
la libertad de prensa. También podría ser el humor. Dicho test
se inventó, se publicó, se colgó en una página web
–posteriormente se descolgó– y circuló en esa revista.
¿Qué pretendía? Proponer a los varones su propia evaluación para
cotizarse según fuera la oportunidad en la que corresponde
golpear a sus compañeras –esposas, novias, amantes– y de acuerdo
con cuáles tácticas. Esta alternativa oscila entre dejar
evidencia mediante una marca o moretón o golpear sin que queden
rastros. El Punto 2 sugiere o recomienda:
“En cuanto a métodos:
A) Un puño envuelto en un repasador no deja marcas (...)
C) Tirás el plato (el de los fideos fríos, por ejemplo) al suelo
y cuando se agacha a limpiar el enchastre la aleccionás con un
puntapié en las costillas.”
Es decir, se trata de aumentar el espacio del que dispone el
potencial de la violencia masculina y achicar los márgenes de
lucidez necesaria para desactivar la vocación golpeadora que se
entabla entre el victimario y su víctima. De este modo la
revista introduce la terceridad, al aparecer un “escritor” que
al mismo tiempo se inscribe como un réferi que dirige la tortura
al mismo tiempo que legitima el delito y autoriza a disfrazarlo
como una travesura entre machos. Son todos protagonistas que
disfrutan del placer que golpear y humillar produce, creando
además la corporación de golpeadores que se leen a sí mismos, se
interpretan y se proponen alternativas para compaginar diversas
formas de disfrute. Por ejemplo, en el punto 7 del test que
recurre al adoctrinamiento de la víctima propone:
“En una sesión adoctrinante:
A) Le das hasta que quede morado.
B) Aflojás cuando se te acalambra la mano.
C) Versión Ginóbili: períodos de 10 minutos con descanso de dos.
D) El balcón está cerrado, Monzón dixit.”
Estas violencias –fácilmente reconocibles por sus huellas
físicas o en esta oportunidad por la exaltación del homicidio
convocado– están muy lejos de depender exclusivamente de la
brutalidad de algunos. Se golpea a las mujeres porque son
mujeres. Porque son diferentes de los varones y esta diferencia
les resulta insoportable porque es interpelante y con frecuencia
define impotencias y carencias masculinas de las cuales las
mujeres son-somos testigos incómodos para la ilusión de
superioridad masculina. Esa diferencia que se tramitó como
inferioridad encubriendo la insoportable presencia de una
testigo de claudicaciones y miserias que muchos hombres no
reconocen en su condición de seres humanos, la heredamos desde
historias antiguas. Recordemos a Tertuliano (vivió entre los
años 155 y 230) que escribió, dirigiéndose a las mujeres a
propósito del Juicio Final: “Porque también a vosotras se os ha
prometido para ese momento la misma sustancia angelical que a
los hombres, el mismo sexo (idem sexu qui et viris) que os
garantizará el mismo poder de juzgar”. O sea, la posibilidad de
las mujeres de transformarse en varones para ganar una capacidad
de juicio de la cual carecerían.
Este oculto y transparente afán de aniquilar la diferencia con
la que no pueden convivir conduce en la redacción del Test a
ocupar el lugar de la mujer para reproducir sus palabras
imaginando conocer sus respuestas complacientes ante la tortura
que la victimiza:
“Punto 5. Cuando le preguntan por sus "marcas de amor", ella:
A) Dice que se cayó por las escaleras.
B) Dice que sos un amante temperamental.
C) Te pide permiso para contestar.
D) No la dejás verse con otras personas, no tienen por qué
inmiscuirse en tu relación.”
Pudo escribirse de este modo porque los filtros informativos (Amartya
Sen) que calibran lo repugnante de una producción escrita
dejaron pasar los contenidos que describen por ejemplo en el
Punto 3:
“Es su día especial (aniversario, cumpleaños, etc.):
A) La maltratás menos que de costumbre y le pedís perdón luego
de hacerlo.
B) La llevás a pasear para humillarla en público.
C) Le pegás con el cinto, pero sin la hebilla.
D) No tenés idea cuándo es ese día y la golpeás si te insinúa
algo.”
En lo que se refiere a violencia contra las mujeres el potencial
masculino ha logrado que en organismos internacionales se hable
de una peligrosa epidemia; lo cual advierte que, ante las
estadísticas que describen las muertes de las mujeres como
efecto de la violencia masculina, los esfuerzos de cada país se
orientan hacia la fiscalización y sanción de la misma. ¿Cuál es
entonces la posición de esta revista ante estos compromisos
internacionales que involucran a nuestro país?
Podría pensarse que el Test constituye incitación al delito y
también deberíamos concluir que en realidad se está tramando una
asociación ilícita entre quienes incorporan, mediante sus
lecturas, la idea de que se puede decir, escribir cualquier cosa
respecto de las mujeres porque “no pasa nada”, ya que en la
revista resulta que “no pasa nada” si se violenta a una mujer.
De otro modo no se recomendarían técnicas de violencias contra
ellas-nosotras porque se temerían los efectos de las mismas.
Discernir acerca de estas perspectivas podría instituirse como
intervención de la Justicia.
Nuestra capacidad selectiva debe saber qué hacer con la
información que se transmite por un medio de comunicación.
También saber que con estas publicaciones se arriesga crear
nueva información para los interesados en refinar sus violencias
contra las mujeres.
Ante ello contamos con un proyecto de repudio ante la
Legislatura porteña relativo a la publicación de
“Madura el K.O. Test Tyson” firmado por la diputada Diana Maffía y aprobado por
unanimidad; también presentaron proyectos de repudio la diputada
Amendolara, de la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos
Aires; la senadora Marita Perceval, el Consejo de la Mujer de
Mendoza y alzaron sus voces el Inadi, el Consejo Nacional de la
Mujer, la Red de Monitoreo de Políticas Públicas para prevenir,
sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, integrada
por varias ONG, y el Movimiento de Mujeres de Córdoba, que
inició la protesta.
Permanecer indiferentes ante una publicación que contraviene la
Convención sobre la Eliminación de toda Forma de Discriminación
Contra la Mujer (Cedaw) y a la Convención Interamericana para
Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, de
la Convención de Belem do Pará, además de lo establecido en los
art. 16 y 75 inc. 22 de la Constitución de la Nación Argentina,
implicaría consentir con la transgresión que esta publicación
significa y desconocer la infiltración ideológica que esta
índole de pretendidas humoradas promueve en favor de la
violencia contra el género mujer.
Quienes desde la práctica cotidiana enfrentamos a hombres
golpeadores, acompañamos a sus víctimas para que se opongan
activamente a las violencias y propiciamos una educación para
que los varones aprendan a convivir en paridad de derechos con
las mujeres, advertimos la necesidad de reaccionar activamente
ante la gestión de esta índole de violencias. Las proveen los
tejedores de estrategias que aparentan divertir a sus lectores
mientras en sus páginas traman –construyen tramas– que buscan
generar una carcajada ante la violencia y la muerte que esta
masculinidad golpeadora desparrama contra las mujeres.
* Coordinadora del Programa “Las Víctimas contra las
Violencias”, Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos
Humanos de la Nación. |