"Recomponer la honra" es gratis en Bélgica
Las musulmanas europeas reparan su himen con cirugía. Una
argucia legal
permite hacerlo con ayudas públicas
ANA CARBAJOSA - Bruselas - 28/01/2008
"Hola. Busco con urgencia un sitio donde me puedan reconstruir
el himen
antes de mi boda con un musulmán. Es muy urgente; si no, será el
fin de mi
vida. Cuento con vosotras". Bajo seudónimo, Sabby, como Nana o
Farida,
cuelgan en un foro de Internet frecuentado por musulmanas
francófonas de
Europa su grito desesperado. Shimen1, una ciberamiga acude al
rescate:
"Entré por la mañana y salí por la tarde. La intervención me
costó 300 euros
y todo fue bien. El ginecólogo es supersimpático y no te juzga.
Dos meses
más tarde me casé, y la noche de bodas fue un éxito. Me dolió
como la
primera vez y sangré".
El consejo francés de ginecólogos rechaza las himenoplastias
"Antes de arruinar el 'honor familiar', buscan la solución",
dice un médico
Defensores y detractores piden a Europa que tome partido
"Si vas a la discoteca, ¿qué vendrá luego?", señala una madre de
origen
marroquí
El trasiego de testimonios en la Red saca a la luz el dilema de
muchachas
musulmanas europeas, criadas en entornos religiosos, que viven a
caballo
entre el mundo en el que se mueven a diario y las exigencias
culturales de
sus familias. Han nacido y crecido en Europa, han compartido
pupitre, recreo
y centro comercial con los chicos y chicas belgas de su edad,
pero un abismo
les separa cuando el casamiento comienza a vislumbrarse en el
horizonte.
En Bélgica, la llamada himenoplastia no figura entre las
operaciones que
financia la seguridad social, pero vericuetos legales hacen
posible el
reembolso si el médico accede a inscribirlo en la casilla de las
reconstrucciones vaginales - propias de complicaciones posparto-,
que la
sanidad pública sí contempla, según explica Marleen Temmerman,
del centro
para la salud reproductiva del hospital internacional de Gante.
El Inami, la
institución que gestiona los pagos sanitarios de la seguridad
social cifró
en 2.760 las reconstrucciones vaginales en 2004, casi el doble
que las
registradas en el año 2000, según datos obtenidos por el diario
Le Soir. Los
expertos advierten además de que la mayoría de las mujeres que
deciden
operarse prefiere permanecer en el anonimato y que sus nombres
no figuren en
los papeles de la Administración.
"Como cualquier joven, tienen relaciones sexuales a espaldas de
sus padres.
El problema es cuando a partir de los 20 años sus padres buscan
a alguien
para casarlas en su país de origen. Allí les hacen un chequeo
para comprobar
que son vírgenes. Y antes de arruinar el honor familar, buscan
una
solución". Rock Goerdin sabe de lo que habla. Es ginecólogo y
ofrece esa
"solución" por 2.100 euros. En una clínica belga de Genk, cerca
de la
frontera con Holanda, reconstruye el himen a unas 30 mujeres al
año. Goerdin
calcula que el 75% de sus pacientes son inmigrantes de segunda y
tercera
generación cuyas familias llegaron a Europa desde Marruecos o
Turquía
buscando una vida mejor.
Es el caso de los padres de Mina Chebaa que, como buena parte de
los 600.000
musulmanes que viven en Bélgica - unos 20 millones en toda Europa-,
emigraron
desde Marruecos. Chebaa, de 38 años y miembro de la Plataforma
para la
emancipación de las mujeres musulmanas, tiene tres hijas a las
que trata de
educar como "buenas musulmanas", aunque reconoce que no es fácil
debido a la
vida que llevan las chicas de su edad en Amberes, ciudad
flamenca en la que
viven. Dice que su hija mayor, de 15 años, a veces se queja
porque le
gustaría hacer lo que las demás. "Si vas a la discoteca. ¿Qué
vendrá luego?
Allí puede conocer a gente que no le conviene. Ella sabe que
tiene que ir a
fiestas donde sólo haya mujeres y que un día encontrará a la
persona con la
que se vaya a casar. Cuando llegue ese día, tendrá que estar
limpia", cuenta
esta mujer sonriente que se considera a sí misma "una musulmana
moderna".
Además, muchos de los jóvenes musulmanes europeos optan por
casarse con
mujeres marroquíes o turcas que no han pisado Europa y están
libres de la
"contaminación occidental".
Desde el Ejecutivo de musulmanes de Bélgica, el organismo
interlocutor ante
el Estado, su presidente, Coskun Beyazgül, explica que el
Profeta aconseja
no beber alcohol y expresó su preferencia por los matrimonios
con mujeres
vírgenes, pero tiene muy claro que la integración de los jóvenes
"no tiene
nada que ver con ir a la discoteca o beber alcohol; hay muchas
otras cosas".
A Beyazgül le preocupa mucho más la "discriminación laboral,
entre otras,
que sufren las musulmanas en Europa por llevar el velo". Las
llamadas dos
uves, velo y virginidad, se han convertido en señas de identidad
de una
comunidad que busca reafirmarse ante los ataques y la
incomprensión.
El presidente del Ejecutivo de musulmanes reconoce que las
familias
musulmanas europeas conviven con el conflicto a la hora de
educar a sus
hijos en los valores del islam, pero no sólo en Europa. "Los
chicos ven las
series americanas, la publicidad y quieren vivir como los que
salen en la
tele". Beyazgül dice que "hay que respetar a los hombres que
sólo quieran
casarse con una mujer virgen", pero que su institución respeta
cualquier
opción individual.
De vuelta en Genk, el doctor Goerdin explica que seis semanas
después de la
operación de reconstrucción de himen, la chica esta lista para
la gran noche
de boda. Hace 12 años que Goerdin hace este tipo de operaciones,
pero
gracias a Internet la han llovido la clientas en los últimos
años. Para este
cirujano, la reconstrucción del himen es una suerte de "trabajo
social"
gracias al cual salva "del deshonor" a las jóvenes.
Pero no todos los médicos en Europa piensan igual y algunos se
niegan
incluso a realizar una intervención que consideran un ataque a
la libertad
sexual y la integridad física de la mujer sin justificación
médica alguna.
Se quejan además de que en muchos casos cuente con financiación
del Estado.
El Consejo Nacional de Ginecólogos de Francia recomendó en 2006
a sus
médicos que "rechacen radicalmente las himenoplastias y animen a
sus
pacientes a que se opongan a esas tradiciones machistas". No
existen cifras
oficiales sobre el número de intervenciones en Bélgica ni en
otros países
europeos con fuerte presencia de población musulmana como
Francia o
Alemania. Algunas estimaciones locales apuntan a que se trata de
un fenómeno
considerable que va en aumento. Marleen Temmerman, del centro
para la salud
reproductiva del hospital internacional de Gante, piensa que es
a las
mujeres musulmanas a las que les toca acabar con el mito del
himen. "¿Es que
no se dan cuenta de que hay mujeres que nacen sin himen?". En su
hospital se
opera a una veintena de mujeres al año; sólo los casos en los
que "la mujer
esté desesperada, sufra mucho estrés y no haya otra solución".
Defensores y detractores de la himenoplastia piden que de una
vez por todas
el debate salga a la luz y los países europeos adopten una
posición clara
respecto a lo que consideran un creciente problema social,
difícil de medir
precisamente por su naturaleza semiclandestina.
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