La anorexia: mostrar el cadáver, perder el alma
Triste evidencia del deseo
Por Liliana Vazquez*
Argentina, 25 enero 07 (CIMAC/Artemisa)
En los últimos meses, la anorexia
cobró nuevas víctimas en nuestro país y en Latinoamérica, la
mayoría
pertenecía al mundo de la moda, pero no son la regla: cuatro
modelos
brasileñas y una uruguaya murieron a causa de la enfermedad,
mientras una
joven de San Luis sigue peleando por su vida.
Este análisis nos acerca la forma en que las presiones culturales
moldean
el ideal de belleza con las formas delgadas y la confrontación con
la
propia pérdida del apetito sexual.
Quienes se han acercado al tema de los transtornos alimentarios,
conocen la
presión que ejerce la cultura con relación al ideal de las formas
delgadas,
como sinónimo de lo bello, de la capacidad de ejercer atracción y
de
obtener una notoria delgadez a través de la dieta y ejercicios
agotadores;
de esta manera "se vuelven deseables", pero esta "deseabilidad"
las
confronta con la propia pérdida del apetito sexual.
El adelgazamiento continuo conduce a una pérdida del significado
sexual de
la atractividad. Todas las formas corporales que tienen
significado sexual
deben desaparecer: pechos, muslos, nalgas. De esta manera, el
adelgazamiento estaría persiguiendo un ideal corporal y una
segunda meta,
más novedosa: la resolución del conflicto creado por la pérdida
del interés
sexual.
Eric Laurent se pregunta: ¿qué es hoy una modelo para nuestra
sociedad de
consumo? Es una anorexia que se "hace los senos", donde la
anorexia de las
modelos se instaura como modelo físico e idealización de lo bello.
La anorexia es la evidencia del deseo, no hay nada que pueda
colmarla o
satisfacerla. La saciedad es el goce. Eso conduce a una
construcción fálica
del cuerpo que está profundamente ligado a la delgadez.
Un libreto muy similar puede tener otra manera de apertura. Esta
variante
no empieza con un trauma sexual, sino con la incapacidad para
enfrentarse
con las demandas sexuales de la pubertad, intentando liberarse de
esa
carga. Entre las que habían informado rechazo a la sexualidad y a
la
intimidad aún antes que se declarara la enfermedad.
El trauma sexual, luego ocupa el papel central y abre el juego.
Desde el
cuerpo como "manchado" o "sucio", las pacientes tienen la
motivación
explícita de "desexualizar" su cuerpo, algunas veces hasta de
"descorporizarse".
EL CUERPO DESNUDO
El ideal estético ha cambiado enormemente, especialmente en los
últimos
treinta años, hacia formas y medidas cada vez más extremas de
delgadez,
pero los cánones de belleza actual no se aplican sólo a la ropa
que cubre
el cuerpo sino, y muy especialmente, al cuerpo mismo; más aún, al
cuerpo
desnudo.
Nunca como en la actualidad el cuerpo de las mujeres fue más
expuesto al
ojo del otro, y a través de ese otro, mirándose a través de él, a
la propia
observación. El cuerpo desvestido es el eje de la forma en que la
mujer
debe ofrecer su cuerpo a la mirada (la mujer en el espectáculo y
en la
publicidad actual lo reflejan).
Las mujeres ya no pueden manipular sólo lo que adorna el cuerpo,
la
apariencia, pues ésta ya toca su propio ser, la intimidad de su
cuerpo. En
el escenario público los cuerpos deben adecuarse a la función
perfecta y
para esto la sociedad ofrece las recetas para lograrlo: gimnasias,
cirugías, laxantes, diuréticos, dietas, psicofármacos.
El vacío y la insatisfacción que oferta el culto por el cuerpo se
lo
rellena con compulsiones alimentarias, en el decir de Levi Strauss:
"La
cocina de una sociedad es un lenguaje que denuncia
inconcientemente su
estructura".
Como se ha dicho con frecuencia, el trastorno alimentario es una
especie de
punta del iceberg. Muchas de estas pacientes padecen de extrema
labilidad
yoica lo que las conduce al riesgo de una rápida fragmentación.
En este sentido, el trastorno alimentario aparece como un
mecanismo de
defensa. Las sensaciones emergentes de esta situación consisten en
aburrimiento, vacío, debilidad y depresión. Hay poco entusiasmo y
alegría
de vivir en estas jóvenes.
Tales vivencias impactan negativamente cuando estamos en presencia
de una
amenaza de fragmentación del Yo: aparecen furia, ansiedad,
vergüenza.
Rechazan exhibirse desnudas ante sus parejas y carecen de la
capacidad de
obtener placer; pareciera que al evitar ver sus propios cuerpos
creyeran
que eluden la fragmentación.
Las pacientes con trastornos alimentarios, en especial las
bulímicas,
pueden buscar parejas promiscuamente para evitar esta
fragmentación interna
y para hacerse la ilusión de obtener un cuidador omnipotente.
Muchas de
ellas establecen una especie de relación "madre-hija" con su
pareja, más
que una relación adulta entre pares.
IMAGEN, SEXO Y ANGUSTIA
La imagen se constituye en el rasgo del soporte social y en la
condición
del vínculo, el sexo genera una angustia nueva en la posmodernidad.
El
placer sexual, hasta ayer nocturno y secreto hoy se vuelve
obligatorio, los
medios de comunicación hablan de él todo el tiempo.
El orgasmo se convirtió en un deber, esta insistencia plantea
cuestiones
inéditas, no solamente las de un crecimiento, sino que algunas
personas
enfrentadas a la conjunción del amor y del erotismo, sin "un
padre" que
tranquilice pueden preferir el fuera-del-sexo, el exceso que las
deja ex-sexo.
Comidas exageradas o nada, no hay que preocuparse por la comida,
en el
plato el erotismo y la alimentación hacen pareja. Los rituales
alimentarios
le quitan frenos al deseo sexual y si bien estos trastornos de la
alimentación no son patologías nuevas, (la humanidad siempre usó
diversas
recetas para cocinar su angustia), hoy impactan por su número.
La bulimia y la anorexia ponen en escena una lucha contemporánea
donde el
"cuerpo ideal" parece ser el cuerpo mutilado sacralizado a falta
de
rituales, que va a ser torturado y de esta manera se volverá
verdadero.
Lo bello, según Lacan, es la imagen del cuerpo como envoltorio de
todas las
formas posibles del deseo, el cuerpo es por excelencia el tener el
sujeto y
no la condición de su ser. ¿Un cuerpo que para ser bello muestra
su cadáver
y pierde el alma?
Rostros de la histeria, que siempre se nutrió de los avatares de
la cultura
para el envoltorio de sus síntomas y hoy toma esa dimensión de
"ser".
En el universo del "todo se debe mostrar" que irrumpe socialmente
como
imperativo de goce, lo bello ya no conduce a la excitabilidad
sexual sino
que muestra, obscenamente, las formas actuales de la represión y
sus
consecuencias. Así, como vaticinaba el genio de Rimbaud: "En
efecto, pronto
los nervios van a empezar a fallar".
*Psicóloga y socióloga. Directora de AABRA, Centro de Día en
patologías de
consumo.
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