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Homofobia en América Latina
De Porfirio a los Montoneros
Una persecución institucionalizada, tanto por el Estado como por
la sociedad civil.
Por Norma Mogrovejo
06-06-2003
América Latina, heredera de la tradición judeocristiana, no está
exenta de la persecución de lesbianas, gays, transgéneros y
bisexuales. Los pocos registros históricos que existen dan cuenta
de una persecución institucionalizada, tanto por el Estado como
por la sociedad civil.
Tres casos históricos en tres países latinoamericanos, en tres
épocas diferentes, ilustran la virulencia de esta persecución.
Perfidia porfirista
A principios del siglo pasado se registra en el México del
dictador Porfirio Díaz un célebre caso de humillación de
homosexuales. El 20 de noviembre de 1901, la policía irrumpe en
una casa particular para acabar con un “baile de invertidos”,
arrestando a cuarenta y un “catrines lagartijos” [dandies,
petrimetes] ataviados, algunos, con ropas de mujer.
Los grabados satíricos de José Guadalupe Posada los muestran en
parejas, elegantes y bigotones, del brazo de grotescas “damas” que
ostentan chongos [moños de pelo] y vestidos largos. En la calle se
les insulta y apedrea. Sirven, por un rato, para reactivar el
ingenio popular y la inagotable capacidad de escarnio que de
inmediato instituye la cifra de 41 como una señal infamante,
alusiva al número de “raritos”, muchos de los cuáles, después de
aquella fiesta, terminan exiliados en la península de Yucatán,
condenados a varios años de trabajos forzados.
Medio siglo más tarde, en Chile, ya no bastan el arresto y la
humillación. En la década de 1950, bajo el régimen del ex dictador
militar Carlos Ibáñez del Campo, se promulga una ley que persigue
y encarcela a homosexuales y mendigos. En una de las razzias en
contra de los primeros, un grupo de aproximadamente cincuenta
travestis son subidos a un barco y lanzados al mar, según informó
la activista lésbica chilena Marloré Morán en diciembre de 2002.
Odiados a diestra
En la Argentina, a mediados de 1975, el semanario fascista El
Caudillo, ligado al gobierno peronista, llama a acabar con los
homosexuales y propone que se les linche.
La publicación hace abierta referencia al Frente de Liberación
Homosexual (FLH), que había apoyado la segunda subida al poder de
Perón, en 1973, e intentado, sin éxito, sensibilizar a los
sectores políticos sobre la relación entre liberación nacional y
liberación sexual.
Poco después, el ala fascista del peronismo empapela a Buenos
Aires con carteles contra el izquierdista Ejercito Revolucionario
del Pueblo (ERP), los homosexuales y los drogadictos.
Simultáneamente, se reanudan las razzias contra bares gays y
militantes gays son detenidos y golpeados por la policía,
llegándose a allanar el domicilio de uno de ellos.
En un reportaje público, la Juventud Peronista niega la
participación gay en sus filas. En un acto, militantes de los
Montoneros, grupo armado de la izquierda peronista, lanzan la
consigna: “No somos putos, no somos faloperos [drogadictos]”.
Despreciados a siniestra
Desencantado del peronismo, el Frente de Liberación Homosexual
intenta volcarse a la izquierda, pero las agrupaciones
izquierdistas se corren de lugar en las manifestaciones callejeras
para no quedar cerca de ellos. El FLH logra arengar desde los
micrófonos de un club nocturno gay, pero es expulsado de él bajo
la acusación de comunista. Poco después ese club, Monjil, es
baleado por comandos derechistas, sus concurrentes son agredidos
y, finalmente, el local es clausurado.
Producido el golpe militar de marzo de 1976 que derroca a Perón,
los últimos miembros del FLH consideran que carecen de toda
posibilidad de seguir funcionando y deciden disolver el grupo en
julio de ese año. Algunos de los militantes huyen a España, donde
organizan un FLH argentino en el exilio.
En la Argentina, mientras tanto, la dictadura militar de Videla
desata una persecución sistemática contra los homosexuales. Además
de imposibilitar toda forma de organización, la represión obliga a
lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros argentinos a destinar
todas sus energías a la supervivencia individual.
En 2001, cien años después de la humillación de los 41, la
Comisión Internacional de los Derechos Humanos de la Comunidad Gay
y Lésbica documentó en México 275 asesinatos relacionados con la
orientación sexual de la víctima. A decir de la coordinadora para
América Latina de la Comisión, si se quiere tener una verdadera
aproximación al tema de la homofobia, esta cifra debe
multiplicarse por cinco, “porque mucha gente vive y muere en el
clóset”.
Norma Mogrovejo, investigadora en la Universidad de la Ciudad de
México y el Archivo Histórico Lésbico "Nancy Cárdenas", es la
autora de Un amor que se atrevió a decir su nombre. La lucha de
las lesbianas y su relación con los movimientos homosexual y
feminista en América Latina.
Sentido G
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