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Manuel Puig y el error gay. La Homosexualidad No Existe

por Juan Pablo Sutherland
6-06-2003



Manuel Puig siempre sorprenderá. Algunos activistas gays históricos en la Argentina cuentan de su estrecha cercanía en los inicios del movimiento homosexual por los 70'. Estuvo ahí, pero privilegió su talento literario y se mantuvo aportando desde su creatividad a la cultura de esos años. En esos tiempos; la discusión política de la diversidad sexual estaba cruzada por las sucesivas dictaduras, y la ferocidad de la represión política, escenario que sirvió de vuelta para crear una de sus mayores novelas "El Beso de la Mujer Araña".

El error gay, es el ensayo escogido de Puig para abrir un debate que sin duda sigue más actual que nunca entre activistas gays, lesbianas, intelectuales e investigadores homosexuales. La idea básica de Puig se relaciona con su crítica al ghetto gay, y la creación de la homosexualidad como categoría. Puig es claro, si no existe la homosexualidad no existen los homosexuales: solo existen las prácticas sexuales.

Quizás el error gay tenga que ver con la peligrosa cercanía entre el consumo gay, el mercado y su debilidad para cuestionar los dispositivos de poder y homofobia que vivimos a diario.



El Error Gay*

Por Manuel Puig

La homosexualidad no existe. Es una proyección de la mente reaccionaria. Lamentablemente, creo que en materia de sexo somos casi todos bastante reaccionarios: para nosotros la homosexualidad existe, ¡y cómo¡ Pero nos hacemos ilusiones, igual que los que creían en la tierra plana.

Me explico: estoy convencido de que el sexo carece absolutamente de significado moral, trascendente. Aún más, el sexo es la inocencia misma; es un juego inventado por la Creación para darle alegría a la gente. Pero solamente eso: un juego, una actividad de la vida vegetativa como dormir o comer, tan importante como esas funciones, pero igualmente carente de peso moral. Los homosexuales no existen. Existen personas que practican actos sexuales con sujetos de su mismo sexo, pero este hecho no debería definirlos porque carece de significado.

Lo que es trascendente, y moralmente significativo, en cambio, es la actividad afectiva. Pues bien, creo que hemos pasado ya la Edad de Piedra, y así como hemos aprendido a no comer veneno y a no dormir dentro de la cueva de los lobos, hemos aprendido también a hacer hijos cuando queremos, y no cuando la casualidad lo quiere.

Parece que el gran malentendido empezó hace ya muchos siglos, por obra de un patriarca que habría inventado el concepto de pecado sexual, con el fin, entre otras cosas, de controlar a las mujeres. El concepto de pecado hizo posible la creación de dos roles diferentes de mujer, el ángel y la prostituta. Es decir, una sirvienta en casa y una cortesana afuera para divertirse. Y, desde entonces, el peso moral del sexo fue descargado exclusivamente sobre las mujeres, o quien como las mujeres es penetrado, como los llamados homosexuales pasivos. Extrañamente, alguien un día decidió que la penetración era degradante, vaya uno a saber por qué. El falo tenía para estos extraños moralistas un sentido colonizador y no de simple cómplice del placer.

No recuerdo haber oído decir que un hombre fuera promiscuo como un factor degradante. Se decía siempre que un varón que tenía actividad sexual con muchas mujeres era un homme a femmes, expresión simpática y para nada negativa. En cambio mujer promiscua quería decir una cosa mala. Significaba un desprecio, una condena, una crucifixión, o por lo menos una degradación. Pero volvamos a la homosexualidad. Una vez establecida la artificial trascendencia de la vida sexual se volvía importante, significativa, cualquier elección sexual. Y se establecían así los roles sexuales. La mujer iba a tener solamente derecho a ser penetrada y el hombre a penetrar. Y apenas llegado a la pubertad, el ser humano, más bien limitado diría yo a ser objeto sexual, debía descubrir enseguida lo que le gustaba y adoptar en consecuencia el rol correspondiente, para llegar a ser. Vale decir, para lograr una identidad a través del sexo. La dramática elección entre una cosa y la otra era exasperada además por el hecho de que la masculinidad era identificada con el concepto de dominación y la feminidad con el de sumisión.

De cualquier manera, pienso que es imposible prever un mundo sin represión sexual. Me esfuerzo en imaginar como resultado una gran disminución de la llamada homosexualidad exclusiva y una gigantesca disminución de la llamada heterosexualidad exclusiva. Y nada de esto tendría ninguna importancia; todos estarían demasiado empeñados en su propio goce para preocuparse por contabilizarlo. Por eso yo admiro y respeto la obra de los grupos de liberación gay, pero veo en ellos el peligro de adoptar, de reivindicar la identidad homosexual como un hecho natural, cuando en cambio no es otra cosa que un producto histórico-cultural, tan represivo como la condición heterosexual.

La formación de un ghetto más no creo que sea la solución, cuando lo que se busca es la integración. Y por esto me parece necesaria una posición más radical, si bien utópica: abolir inclusive las dos categorías , hetero y homo, para poder finalmente entrar en el ámbito de la sexualidad libre. Pero esto requerirá mucho tiempo. Los daños han sido demasiados. Sexualmente hablando, el mundo es una disaster area. En el futuro muy probablemente nos verán como un rebaño tragicómico de reprimidos: un montón de curas y de monjas sin el hábito, pero disfrazados de grandes pecadores, todos víctimas de nuestras represiones.


* Articulo publicado en revista mexicana Debate Feminista, Octubre, 1997.


Manuel Puig: Escritor argentino (1932-1990). Vivió varios años en Brasil y luego en México, donde murió. Su escritura, de gran prestigio internacional, tiene un registro cercano al kitsch y presenta un uso novedoso del lenguaje popular así como de los géneros literarios más difundidos. Obras: La traición de Rita Hayworth; Boquitas pintadas; The Buenos Aires affaire; El beso de la mujer araña; Maldición eterna a quien lea estas páginas; Cae la noche tropical, etc., (novelas). Varias de sus obras fueron llevadas al cine y al teatro.


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