ABORTOS
por Fabián Di Nucci*
Las rabietas de la naturaleza, cansada del desparpajo humano en
recoger sus dones, nunca
vienen solas. Saben acompañarlas estupideces de otra calidad,
imposibles de ser previstas
mediante cálculos decenales o centenales: son milenarias y nadie
se atrevería a tomar tantos
recaudos con afán preventivo por una elemental ecuación costo
beneficio. En consecuencia,
cuando ocurren, se agrava el rapto violento de la Pacha Mama sin
darnos tiempo de correr a
guarecernos.
Quiso el reparto orográfico eliminar de nuestros mapas los
volcanes activos. Temo decirlo,
entonces, pero hasta ahora no habido padecimientos provocados por
erupciones o fumarolas,
géiseres vomitivos, lavas ardientes, cenizas tóxicas y otros
disgustos tan íntimamente
terráqueos. Demos gracias pero estemos atentos a cuanto humito
misterioso se eleve al cielo,
excepción hecha de los sacrificios a la divinidad y del famoso
fuego interior argentino.
Fuera de eso, diferentes manifestaciones de la ira planetaria
saben asolarnos cada tanto en
forma de terremotos, inundaciones, aludes, marejadas, tornados,
trombas, rayos, centellas,
luces malas y peajes.
Por suerte, con sabiduría propia de predestinados, diestros y
siniestros vigías de la cosa pública
son designados, a veces por voluntad popular y a veces por sus
herederos, al solo efecto de
calmar nuestros espíritus antes del próximo e inminente catafalco
bajo el sedante enunciado de
"tranquilos, que no pasa nada".
No ha querido la justicia aún que los lleve primero a ellos la
corriente ni les queme el jopo un
relámpago justiciero; sabio designio de la fortuna que intuye la
conveniencia de preservarlos
para evitar males menores: cuando actúan, en general el daño es
mayor y la tragedia bien vale
la pena y semanas de noticieros.
Éramos pocos... se decía y parió la jueza federal un mamotreto,
dicho esto con sumo respeto
por el derecho a la vida, sobre todo, y al de usía de dar a luz
trayendo al mundo su mejor
anhelo en forma de medida cautelar, en estricto cumplimiento de
sus funciones jurisdiccionales
pero sin rastros de hedonismo ni goce corporal alguno.
Nuestro país soporta estoicamente las peores desgracias. Menos
perder el mínimo de hipocresía
necesaria para andar sentenciando por ahí sin ser señalados por el
dedo acusatorio. Así que,
cordura, hay cuestiones delicadas, costumbres silenciosas y
hábitos discretos demasiado
sensibles a los que, como al vampiro, la luz del sol los
atraganta. Y la falta de dinero penaliza.
Como siempre, lo que no se paga con plata se paga con las
consecuencias.
Defendemos a muerte el derecho a la vida, carajo. Y en tal sentido
me pronuncio, carajo
también. Nuestra señora se ha quedado corta por el temor que
infunden algunos desalmados
con números fríos, estadísticas a mano y una eufemística salud
reproductiva.
Ha olvidado, en su enumeración apresurada, varios métodos y de los
más abortivos. Yo en su
caso, ampliaría el dictamen.
En primer lugar le recuerdo, aunque disculpo su cobardía: pasó por
alto la aspirina. Esa pastillita
asesina, bajo el disfraz inocente de analgésico, antipirético y
antinflamatorio (nótense todos los
"anti") y recientemente ascendida a antiplaquetario (otro más y
van...) esconde un potencial
criminal desmedido con el solo expediente de su colocación entre
las piernas, seguido por la
presión apropiada de ambas rodillas de la inhumana mujer que la
sostiene, impidiendo así la
fecundación. Es, ha sido y será su principal atributo la
anticoncepción y por lo tanto deberá ser
erradicada, prohibida su producción, secuestrado y destruido el
stock inmediatamente.
Es más, como hecha la ley hecha la trampa, sabemos de sobra que el
motivo intrínseco de su
objeto mortal no es una virtud de la droga base sino que su
maldición depende del diámetro
reducido. En tal convencimiento deberán prohibirse todos los
comprimidos cuyo radio sea igual o
inferior al de la mencionada. En adelante se permitirá fabricarlas
con circunferencias
aproximadas al de la prepizza promedio que se consigue en los
supermercados y comercios
minoristas del ramo. Jamás la vulgarmente conocida "pizzeta".
Acto seguido debe incluirse al perejil, vegetal de apariencia
ingenua que ha sabido revelar su
nociva esencia poniendo un llamado de atención en la humanidad
toda al advertirse sus efectos
sobre la población de loros, cotorras y papagayos.
Basta reparar en el uso vulgar y atorrante de la palabra "cotorra"
o en el inconfundible
diminutivo "cotorrita", que en algunos suburbios se utiliza para
aludir al órgano de reproducción
y, excepcionalmente, de evacuación de líquidos femenino. Este yuyo
liquida la actividad de la
cotorra.
Es una planta decididamente abortiva como bien lo saben las
abuelas y las matronas. Las
predios destinados a su cultivo deberán expropiarse y el colono
emplazado a sustituir su
explotación por otros vegetales que favorezcan la natalidad y el
crecimiento.
En tercer lugar se eliminará la producción, contrabando, canje y
préstamo de la aparentemente
inocua aguja de tejer en todos sus modelos, largos, grosores y
materiales. Se las suplantará por
el telar de lanzadera y el crochet, sin ninguna excepción.
Llegados a este punto es necesario ponerse serios y atacar a
fondo. Es hora de que la verdad
sea dicha y el drama resuelto en toda su magnitud sin dobleces ni
subterfugios. Con toda
dureza, podría insistirse, en toda la extensión -y la intención-
de la palabra.
Está demostrado sin la menor duda y con una sola excepción en la
historia que no existe
método abortivo más eficiente que la negativa al coito. Nuestra
falange "Hombres Eficaces"
promueve el coito a todo nivel y a toda hora, te guste o no te
guste, querida.
Consecuentemente quedan abolidos de pleno derecho: el dolor de
cabeza, la frase "ahora no",
el cansancio, la televisión por cable, la fidelidad, el jugueteo
previo, los chicos insomnes, la
tarifa del hotel alojamiento, las teorías malthusianas y el
período, argumento nefasto de muchas
mujeres que lo único que desean es no procrear. Se analizarán a
fondo además, y por las
dudas, esas dudosas etapas llamadas climaterio y menarca a efectos
de su más precisa
demarcación y evitar así otras excusas seudo terapéuticas para
evitar la sublime maternidad.
La medida no será aislada y se la acompañará con la distribución
de Viagra preventivo, desde el
8º año EGB hasta la tercera edad.
Nuestra Señora ha dado el primer paso. Dudando, sí. Temerosa, sí.
Y no exhaustivo, también.
No podemos dejarla sola y estamos de pie, erectos, para lo que
guste mandar.
Vale la pena reflexionar un instante sobre el páramo en que nos
debatiríamos de no atacar a
tiempo y bien hondo el flagelo si por un instante caemos en la
cuenta de que ella, nuestra
adalid, podría haber sido una víctima inocente más de la crueldad,
la desaprensión o el puro
placer intrascendente.
Incluso podría no haber nacido.
* fdinucci@hotmail.com
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