Mujeres fuera del harén
MARIA-ÀNGELS ROQUE*
26/03/2003
En el cruce de miradas entre Oriente y Occidente, la mujer emerge
casi siempre como un factor clave, tanto en la
configuración de los estereotipos, como a la hora de identificar
elementos de modernización. La mujer musulmana se
enfrenta a un doble reto: romper los mitos orientalistas y ganar
espacios de libertad desde su identidad.
A pesar de la alergia de los políticos, las mujeres musulmanas
están invadiendo en masa el mundo científico y el de las
profesiones técnicas.
La exitosa televisión Al Jezira gana público cada noche gracias a
la elocuencia de sus nuevas presentadoras y a su
experta en economía.
La actualidad internacional nos lleva constantemente a volver la
mirada hacia el Islam, y cuando del plano político
pasamos al sociocultural el primer elemento distintivo con que
solemos encontrarnos es el tema de la condición
femenina. ¿Hasta qué punto la situación de la mujer delata serios
condicionantes culturales? ¿Y hasta qué punto es su
avance el que mejor define su factor de progreso? Este es el tema
central que abordaré a continuación.
Cuando hablamos de países árabes, normalmente incorporamos a otros
países que no lo son, como Turquía, Irán o
Pakistán, o que lo son poco, como los del Magreb, que son más
bereberes que árabes, porque el peso cultural del
islam es muy importante y también sus secuelas jurídicas. También
es cierto que el peso del patriarcado en el
Mediterráneo tiene una larga sombra y que no es suficiente
conseguir la igualdad jurídica, ya que los procesos de
cambio resultan mucho más lentos en los sectores tradicionales.
No obstante, en el último informe de la Unesco sobre el desarrollo
humano (2002) se manifiesta que, si bien las
reformas democráticas han sido relativamente modestas en los
países árabes, en los que persiste la tendencia
generalizada de una alta desigualdad de género, sin embargo se da
un hecho sorprendente: todos los países de los que
se dispone de datos están en camino de conseguir el objetivo de
matriculación en educación primaria y mejora la
educación secundaria. Túnez lo ha conseguido completamente y
Argelia está en un 81% de escolarización de niñas
entre los 6 y los 14 años. Es cierto que hay diferencias entre las
zonas urbanas y rurales, especialmente en Marruecos, y
que el 50% de las jóvenes son excluidas de la escuela a partir de
los 14 años. Sin embargo, estos conocimientos
escolares les permiten leer revistas y comprender los documentales
de la radio y de la televisión en los que se habla de
su identidad como mujeres. Esto también les pasa a los chicos, lo
cual permite que se alejen del ámbito familiar en
busca de trabajo, con lo que se crea un mayor número de familias
nucleares, menos endogámicas y por lo tanto con un
menor peso de la tradición. Por otro lado, existe una relación
clara entre los años de escolarización de las mujeres y el
descenso de la natalidad; también influye la adecuación económica
y laboral, por supuesto, pero los datos son
contundentes especialmente en los países del Magreb, donde se
retarda considerablemente la edad del matrimonio y
donde nos encontramos con tasas de natalidad correspondientes al
2000 de 2,89 en Marruecos, 2,05 en Túnez y 2,77
en Argelia, cuando hace treinta años era, en este último país, de
7,8.
Fatema Mernissi, en la conferencia introductoria al seminario
“Mujer y ciudadanía en el Mediterráneo” realizado
recientemente en el Institut Europeu de la Mediterrània, comentaba
que si definimos como “islam digital” todos los
productos informativos que llegan a los consumidores de los países
islámicos vía satélite, podemos afirmar que las
mujeres árabes están consiguiendo moverse con éxito en esta nueva
galaxia. Este es uno de los fenómenos más
sorprendentes, comenta Mernissi, acaecidos después del ataque del
11 de septiembre. La exitosa televisión Al Jezira
gana público cada noche gracias a la elocuencia de sus nuevas
presentadoras, Jumana Nammour, Kadija Bin Guna y
Muntaha Al Rumahi, y a su experta en economía Farah al Baraqaui. Y
los canales donde todo el día aparecen
cantantes, sean hombres o mujeres, son abominados por un público
interesado en saber lo que pasa en el mundo y en
problemáticas de ámbito más personal. Por otro lado, en cuanto a
la capacidad laboral en este sector, “sólo en Egipto
de las 80.000 personas que trabajan en la radio y en la
televisión, 50.000 son mujeres y han desarrollado con éxito
estrategias para conseguir ocupar puestos importantes en las
jerarquías directivas”.
Se puede objetar a la escritora que estas mujeres son una minoría
y que la mayoría está sometida, lo que también es
cierto, sobre todo en el ámbito jurídico privado. Pero un elemento
a tener en cuenta es que al hablar de mujeres árabes
estamos hablando de una mayoría de mujeres jóvenes y esto es
importante para el futuro, porque las menores de 24
años representan el 60%, mientras que en Europa son un 30%. La
socióloga argelina Souad Khodja se pregunta si las
reivindicaciones cívicas de las mujeres árabes y la tenacidad de
la tradición son un conflicto insoluble o si sólo lo es a
corto plazo. Los indicadores muestran hoy, por ejemplo, que la
mayoría de las argelinas han entrado en la modernidad
porque disponen de los instrumentos considerados necesarios para
el ejercicio de los derechos de ciudadanía y que en
este sentido los integristas han emergido demasiado tarde, lo que
produce un mayor enfrentamiento.
A pesar de que los políticos musulmanes todavía son alérgicos a la
presencia de las mujeres en los parlamentos, las
mujeres han organizado su venganza silenciosa y están invadiendo
en masa el mundo científico y el de las profesiones
técnicas: el 33,6% en Irán, 30,3% en Turquía, 27,6% en Argelia y
el 31,3% en Marruecos. En Argelia el profesorado
de primaria y secundaria es el 43% y en la universidad el 25%, y
también la magistratura es ocupada por un 25% de
mujeres en Argelia. Más importantes son estas cifras en el campo
de la sanidad: el 66% de los farmacéuticos, el 63%
de los dentistas y el 50% de los médicos son mujeres. Por lo que
podríamos decir que, a pesar de la poca ocupación
femenina asalariada en estos países, la representación de las
mujeres se hace patente en ocupaciones cualificadas y muy
cualificadas. Por otro lado, las bajas cifras de actividad
femenina no son del todo ciertas ya que una gran mayoría de
mujeres trabajan en economía sumergida.
Existe una dualidad entre tradición y modernidad que marca la
situación de la mujer en los países árabes. Encontramos
una elite moderna que reclama la plena ciudadanía de las mujeres
cara a la institucionalización de los derechos a través
de unas leyes justas y equitativas y otro sector conservador que
combate esos derechos. El asociacionismo emergente
puede facilitar la participación de la mujer en la vida pública y
económica, dando soporte a su integración en el mercado
de trabajo.
Si el patriarcado ha intentado en el Mediterráneo dominar a las
mujeres, no le ha sido una empresa fácil y, a pesar de
una cierta apariencia de éxito todavía reflejada en los códigos de
la familia de gran parte de los países
árabo- usulmanes, ahora se está desmoronando. Los nacionalismos
–no todos– fueron el último bastión que intentó en
nombre de la tradición contener a la mujer dentro de la esfera
privada; los fundamentalistas religiosos abogan con fuerza
por este estatuto convirtiéndolo en un falso dogma, pero la gran
floración de asociaciones feministas que luchan por la
reforma y la cada día más evidente participación de la mujer en la
esfera pública hacen que entren en contradicción las
aparentes constituciones democráticas de estos países. Sin
embargo, el estatuto privado de la mujer la considera una
menor y permite al marido aplicar muchas trabas hacia la esposa.
Esto se ve alentado por la falta de un mínimo estado
del bienestar que podría ayudar a las mujeres en su
responsabilidad de madres y ciudadanas. De hecho, los derechos
humanos vinculados a la mujer árabe son, según diversos analistas
de una y otra orilla, el gran proyecto del siglo XXI.
* Maria–Àngels Roque: Antropóloga, dirige el departamento de Estudios de Culturas
Mediterráneas del Institut Europeu de la Mediterrània. Ha
publicado entre otros trabajos “Dona i migració a la Mediterrània
Occidental” (Proa) y “La sociedad civil en
Marruecos” (Icaria)
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