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RIMA
Enero 23 del 2003
Las transversalidades del FSM
Irene León
ALAI-AMLATINA, 20/1/2003
Coherente con los nuevos
parámetros que el mismo ha sentado, al reavivar la idea de que
"Otro Mundo es posible", el Foro Social Mundial ha adoptado
los ejes transversales de género y diversidad en su proceso,
abriendo así todo un universo para el desarrollo de
estrategias, propuestas, análisis políticos y prácticas de
largo alcance.
Las implicaciones de este compromiso revisten en si mismas una
revolución, pues están relacionadas con una refundamentación
de todas las perspectivas sociopolíticas, culturales,
económicas, para visualizarlas desde un enfoque inclusivo,
contrario al paradigma dominante que ha tendido a ubicar al
centro de prácticas y teorías el referente masculino y blanco,
universalizándolo.
Al colocar estos ejes transversales, el Foro Social Mundial,
plantea el doble reto de, por un lado, romper con las visiones
y prácticas andro y etnocentristas, para transitar hacia
éticas inclusivas en todos los sentidos, y por otro, llamar a
los movimientos dichos específicos a ampliar su campo de
acción y propuesta, para incluir el conjunto de problemáticas
sociales en sus enfoques.
Asunto que, tratándose del principal espacio de articulación
de los movimientos sociales y de desarrollo de alternativas a
la globalización neoliberal, se transcribe en un impulso para
que el conjunto de movimientos sociales, evolucionen hacia el
desarrollo de estas visiones en el tratamiento de sus
problemáticas particulares, y de todos los temas inherentes al
desarrollo de alternativas a la globalización neoliberal.
El concepto género, acuñado por las feministas el pasado
siglo, está relacionado con la puesta en evidencia de
relaciones de poder y desigualdad estructural entre los sexos,
cuyas manifestaciones alcanzan todas las esferas de la vida
social y privada, a tal punto que su erradicación es parte de
los compromisos éticos impostergables de las sociedades y, más
aún, de los movimientos comprometidos con el desarrollo de
alternativas.
Por su parte, la propuesta de diversidad y pluralidad ha sido
planteada por múltiples sectores involucrados en la lucha por
la erradicación de todas las formas de discriminación, entre
ellos el movimiento indígena, como una alternativa y ética
para un convivir humano de paz.
Hasta aquí, por diversas circunstancias inherentes a las
realidades discriminatorias, el enfoque de género ha sido
percibido como algo de mujeres y el de diversidad como un
asunto de los grupos calificados de minoritarios y, aunque los
movimientos dedicados a estas causas han producido análisis y
propuestas de orden integral, pocas veces estos asuntos han
llegado a ser parte nodal de los procesos amplios.
Mientras tanto, las organizaciones de discriminados/as, en la
mayoría de los casos, han escogido sus propios caminos y
estrategias de lucha, muchas veces en condiciones de
aislamiento con relación a otros movimientos y actores.
Indígenas, afrodescendientes, mujeres, personas discriminadas
por su orientación sexual, y otras, han construido sus
movimientos haciendo de cada causa singular su universo de
acción, en casos, con poca interacción entre ellos mismos. A
la vez, quienes se reivindican de causas dichas generales han
hecho poco caso a estos procesos.
Por eso, la aplicación de estos ejes transversales en un
espacio de la magnitud del FSM, abre un espacio no solo para
el dialogo y la interacción, sino para la construcción de un
nuevo colectivo social, que de hacer concretos estos
propósitos, conducirá al desarrollo de alternativas reales al
mundo excluyente y discriminatorio actual. Pues la
transversalidad implica desde la participación abierta y
plural a los procesos y toma de decisiones, hasta la puesta en
marcha de una visión que incluya las cosmovisiones y
perspectivas de los/as discriminados/as.
El significado de este proceso en un contexto de incremento de
la exclusión social, que resulta del afianzamiento de la
globalización neoliberal, es uno de coherencia y
corresponsabilidad para quienes reivindican el cambio social,
pues, a estas alturas, el entendimiento de las causas y
efectos de las múltiples formas de discriminación, es
ineludible incluso para la comprensión de la geopolítica
global, la macroeconomía, la rearticulación de lo social, y
los cambios culturales.
¿Cómo enfocar, por ejemplo, problemáticas tales como las
migraciones o la pobreza, sin poner en perspectiva su
configuración étnica y de género? ¿Cómo plantear la vigencia
de los derechos humanos y de la ciudadanía plena, si en las
propias dinámicas sociales subsisten rezagos de racismo,
homofóbia, o sexismo? ¿Cómo plantear un mundo diferente si
este no se visualiza como inclusivo?
Por eso el reto planteado al conjunto por el Foro Social
Mundial es uno de avances colectivos, que permitirá el
surgimiento de nuevas dinámicas sociales y de nuevos
planteamientos políticos, que coloquen como sujeto de los
cambios y de construcción de la igualdad a todas y todos, y
que al hacerlo genere discursos y prácticas incluyentes, al
fin portadoras de valores forjadores de humanidad.
Con estas motivaciones, importantes redes y articulaciones de
mujeres, como lo son la Marcha Mundial de Mujeres, REMTE, la
Articulación de Mujeres de la CLOC/Vía Campesina, el Dialogo
Sur/Sur GLBT, y otras, están desplegando importantes
iniciativas para levantar estos temas en el Foro de Porto
Alegre (enero 2003), entre las cuales figura el Seminario:
"Género, diversidad y pluralismo: Estrategias frente a la
globalización", que se propone justamente a formular
estrategias concretas para afianzar el enfoque de género y
diversidad en el proceso del Foro.
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