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VICENTE VERDÚ
La pareja mixta
La vieja regla del amor dice que las parejas suelen ser más
felices si se componen de miembros parecidos. Es decir, que
pertenecen a un estatus social semejante, que han recibido
conocimientos de nivel equivalente o que nacieron dentro de la
misma región. Con ese patrimonio común se garantizaría un mejor
entendimiento, una inclinación hacia lo mismo, una avenencia más
fácil en los momentos de compartir el ocio y los intereses.
Pertenecer a religiones y razas distintas, haber nacido en
regiones distantes entre sí, estar habituados a alimentaciones
incompatibles, puede saldarse, obviamente, en frecuentes
desacuerdos. Pero ¿qué sucede cuando el mundo se convierte en
multicultural y los viajes, las mescolanzas, forman el mismo
estilo del mundo? De una parte que las uniones, por lo general y
de acuerdo al talante de las cosas no son muy duraderas. Y, de
otra, que el sentido de la pareja altera su antiguo carácter
familiar para cobrar una naturaleza nueva, entre la amistad y el
romanticismo, la pasión, el juego y la sociedad mercantil.
Cuando los noviazgos eran del todo endogámicos, la idea de
familia, los lugares de vacación y hasta las ubicaciones de los
mausoleos se reproducían. Ahora, en cambio, el otro de la pareja
puede representar en sí un viaje de aventuras dirigido al exterior
exótico y no al interior. En Estados Unidos, donde a pesar de la
contigüidad de razas, cada uno se casaba con los de su color, ha
empezado a explotar el número de matrimonios interraciales hasta
triplicarse en los últimos años. Una razón, según un reciente
informe de L'Express, se debe a que las mujeres negras son mucho
más numerosas que los hombres blancos disponibles. Son más
numerosas en parte debido al censo y en parte porque los jóvenes
negros viven en la cárcel. Hasta una tercera parte de los negros
padecen algún pleito con la justicia a lo largo de su vida y por
cada blanco en presidio hay siete negros en las celdas.
Este es un factor de cantidad. Pero, a su lado, coopera un
elemento de calidad. Como viene sucediendo con frecuencia, las
mujeres, una vez acceden a los estudios, trabajan con más
asiduidad y se revelan más responsables en la culminación de las
titulaciones. La consecuencia, entre las negras, es que acceden
más a puestos relativamente elevados que sus compañeros negros y
en ese nivel se relacionan con los jefes blancos. De esta forma,
el ascenso social se produce no insistiendo en el propio color
sino aliándose con el otro. Coreanas, chinas, japonesas siguen el
mismo itinerario en una sociedad multicultural a la que han
accedido como emigrantes.
A diferencia de lo que antes se veía como un obstáculo para la
armonía amorosa, cada vez más el mundo internacionalizado demanda
parejas internacionales, hablando sólo en inglés y ejerciendo una
independencia constante. Los datos diferenciales, que antes
podrían tenerse por negativos en el diagnóstico sobre la
felicidad, se han transmutado en indispensables para el
funcionamiento flexible, móvil y variante de la actualidad. Las
comidas no son de un lugar u otro, sino internacionales. Las
religiones no pertenecen a uno u otro rito duro, sino que son
sincretismos acomodados. ¿Las preferencias? Las parejas
multiétnicas reproducen en la variedad de su composición la
constelación de elecciones fuera de ella. Las diferencias dejan de
ser el motivo de grescas para traducirse en golosinas. Un mundo
sin mixturas reclama la homogeneidad pero en la cultura del
mestizaje ganan las uniones heterogéneas. La única experiencia
pionera de los españoles en la contemporaneidad fue la moda de los
progres en los sesenta a casarse con francesas, suizas o belgas.
Con ellas se accedía a otro mundo, exótico entonces y por vía
sexual. Ahora, vía sexual, se accede a la realidad misma, patente
en nuestro mundo e incluso podría estimarse que elegir hoy a
alguien de la misma condición, la misma creencia, la misma piel,
roza el incesto. El único tabú que permanece vivo tras la última
revolución sexual y que ahora se muestra repulsivamente en la
ofuscada voluptuosidad de los movimientos nacionalistas.
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