Mujeres de libreto
Por Sergio Octavio Contreras Padilla*
En las últimas décadas ha destacado en el mundo el papel de la
mujer en su
lucha por la igualdad de derechos, la decisión personal frente al
aborto y
la búsqueda de reformas jurídicas ante la violencia familiar. Si
bien
cierto que en algunos países se han dado pasos decisivos
promovidos en la
mayoría de los casos por los sectores sociales, este avance
político es
prácticamente inexistente en América Latina, donde el mayor atraso
se
refleja en el lenguaje mediático.
Un ejemplo es lo que ocurre hoy en día en México, donde gran parte
de los
contenidos difundidos por los medios de comunicación que van desde
los
noticiaros deportivos donde lo que vende son las piernas de sus
conductoras
hasta las telenovelas con el argumento de la Cenicienta, muestran
mensajes
sexistas como resaca de un machismo exacerbado heredado por el
cine de la
década de los cuarenta, que en nada abonan la creación de una
cultura de
equidad y respeto a los derechos humanos.
Una de las series más exitosas en el país y que se ha mantenido
por 17 años
en la televisión es "Mujer... casos de la vida real", conducida y
producida
por la actriz Silvia Pinal, a quien se le recuerda por sus filmes
en la
"época de oro" al lado de Pedro Infante o bajo la dirección de
Luis Buñuel
en películas como "Viridiana", "El ángel exterminador" o en 1965
"Simón del
desierto", cinta donde realizó un desnudo que escandalizó a grupos
puritanos.
Desde 1985, "Mujer... casos de la vida real" ha estado al aire en
el canal 2
de Televisa con repetición en otros medios incluyendo cadenas
latinas en
Estados Unidos. El programa, considerado como uno de los pioneros
que dio
origen a los "reality show" nacionales, según ha anunciado durante
todos
estos años la productora, presenta "casos reales" de mujeres que
se
convierten en las heroínas ante los abusos y las injusticias de
las cuales
son víctimas. Sin embargo, desde el punto de vista del análisis de
contenido, más que ser las protagonistas pareciera ser que este
tipo de
programas son una apología al sufrimiento femenino, donde para
alcanzar la
felicidad se tiene que pasar por un valle de lágrimas.
Los capítulos, con media hora de duración, abordan temas que van
desde el
robo de infantes, violaciones, abusos sicológicos y suicidios
hasta abortos,
donde las historias que de acuerdo a los realizadores son tomadas
de cartas
enviadas por el teleauditorio, muestran a mujeres que son siempre
las
víctimas de un mundo para el cual no nacieron. Las protagonistas,
que son
caracterizadas por actrices que participan lo mismo en telenovelas
que
anunciando algún cosmético, representan papeles cuyos roles son el
de
mujeres sumisas, pasivas, de escasa educación formal, con
profundos
sentimientos de culpa, apegadas a valores morales religiosos y
machistas.
En otra cadena nacional, TV Azteca, se transmite una serie similar
titulada
"Lo que callamos las mujeres", donde el tema también gira en torno
a la
vejación de la mujer. Al final de este tipo de emisiones el drama
concluye
en una tragedia donde el rating está determinado por el dolor y la
decadencia de las heroínas, mensajes que poco ayudan a las mujeres
mexicanas
a reivindicar su existencia ante una cultura adversa donde los
criterios
tienden a unificarse a través de los medios de comunicación
masiva, como
señala Enrique Lynch en su obra "La Televisión: el espejo del
reino": "Todo
el mundo tiene la bendita máquina encendida a la misma hora, lo
cual
significa que todos los hogares se alumbran del mismo fuego".
* Comunicólogo y columnista de Zacatecas, México.
Correo electrónico:
analisismedios@yahoo.com
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