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Tomado de TERTULIA
www.geocities.com/guatertulia
El feminismo como imperialismo
Katharine Viner
The Guardian (Inglaterra), 21-IX-2002
George W. Bush no es el primer imperialista que inicia una guerra
en nombre de las mujeres
"¡El respeto hacia las mujeres... puede triunfar en Oriente Medio
y más allá!" exclamó el líder del mundo libre en las Naciones
Unidas la semana pasada. "La represión contra las mujeres [está]
en todos lados y es siempre incorrecta", dijo al diario The New
York Times estusiasmado con su tema de que Occidente debería
atacar a Irak por el bien de las mujeres.
Así como bombardeó Afganistán para liberar a las mujeres de sus
burqas y envió a su esposa Laura a denunciar cómo se tortura a
las afganas por usar pintura de uñas, ahora Bush ha tomado la
hasta ahora desconocida causa de las mujeres de Irak -basta con
ver
las citas: ¡las mujeres aparecen en todos lados!- para justificar
una guerra más. ¿Adónde irá después? ¿A China, por su política del
hijo único anti-niñas? ¿A India, por la inmolación de las viudas?
¿A Gran Bretaña, por su criminalmente baja tasa de sentencias en
casos de violación?
En Estados Unidos, Bush no es feminista. En su primer día en la
Casa Blanca, canceló los financiamientos para cualquier
organización internacional de planificación familiar que ofrezca
servicios de aborto o consejería sobre éste (lo que muy
probablemente costará las vidas de miles de mujeres, niñas y
niños); este año, rebautizó el 22 de enero -el aniversario de la
ley Roe
versus Wade que permitía el aborto a solicitud- como el Día
Nacional de la Santidad de la Vida Humana y comparó el aborto con
el
terrorismo: "El 11 de septiembre vimos claramente que el mal
existe en este mundo, y que no valora la vida.. Ahora nos
involucramos en una lucha contra el mal y la tiranía para
preservar y proteger la vida".
Sin embargo, este plagio de la retórica feminista no es nuevo,
particularmente si su función es la expansión nacional; de hecho,
tiene
un sorprendente paralelo con otra generación de hombres a quienes,
en forma similar, poco les importaba la liberación de las
mujeres. Los hombres del 'establishment' victoriano, que condujo a
las grandes conquistas imperialistas en el siglo XIX, lucharon
ferozmente contra las cada vez más beligerantes demandas
feministas de las mujeres y sus ocasionales éxitos (unas cuantas
iban a la
universidad, y había nuevas leyes que permitían a las mujeres
tener propiedades); pero a la vez, alrededor del mundo, utilizaban
el
lenguaje del feminismo para adquirir el botín de las colonias.
El clásico ejemplo de uno de esos colonizadores fue Lord Cromer,
cónsul general británico en Egipto de 1883 a 1907, tal como lo
describe Leila Ahmed en "Women and Gender in Islam" (Mujeres y
género en el Islam). Cromer estaba convencido de la
inferioridad de la religión y la sociedad islámicas, y tenía mucho
qué decir sobre "la mente de los orientales". Pero su condena era
más estruendosa en el tema de cómo el Islam trataba a las mujeres.
Según Cromer, la forma en que el Islam degradaba a las
mujeres, su insistencia en que usaran en velo y en ocultarlas
constituían el "obstáculo fatal" para que Egipto "alcanzara esa
elevación de pensamiento y carácter que debía acompañar a la
introducción de la civilización occidental". Los egipcios debían
ser
"persuadidos u obligados" a "civilizarse" eliminando el velo.
¿Y qué hizo este pensador de avanzada, aparentemente feminista y
quemador de velos cuando regresó a Gran Bretaña? Fundó y
presidió la Liga de Hombres Opositores del Sufragio Femenino que
intentó, por cualquier medio posible, impedir que las mujeres
pudieran votar.
Los patriarcas coloniales como Cromer creían que las tradiciones
de la clase media victoriana representaban la cumbre de la
civilización, y se dispusieron a implementar este modelo a cada
lugar donde iban - por supuesto manteniendo a las mujeres en su
lugar de subordinación. Todo lo que querían era reemplazar la
misoginia oriental con la misoginia occidental. Pero, al igual que
Bush, plagiaron el lenguaje feminista a fin de denunciar a la
cultura indígena; y, dice Ahmed, de esta manera el feminismo le
sirvió al
colonialismo como "una criada". "Ya fuera en manos de hombres
patriarcales o de feministas", escribe, "las ideas del feminismo
occidental funcionaron, en esencia, para justificar moralmente el
ataque a sociedades nativas y apoyar la noción de la superioridad
integral de Europa".
A estos ladrones del lenguaje feminista no les interesa (ni les
interesaba antes) fingir que de hecho les preocupan las mujeres en
los
países colonizados o bombardeados. En Egipto, Cromer aseguró
activamente que la condición de las mujeres no mejorara: elevó las
cuotas escolares (impidiendo así la educación de las niñas) y
desalentó la capacitación de mujeres médicas. Y el "feminista"
George
W. Bush ha abandonado a las mujeres de Afganistán: ¿dónde está su
preocupación (o la de Laura, o la de Toni Blair, o la de Cherie
Blair, quien también fue sacada por su esposo para hablar sobre el
asunto) por las tantas afganas que viven temerosas de los
mujaidines que ahora gobiernan el país y que en numerosas formas
son tan represivos como los talibanes? ¿Dónde estaban sus
protestas cuando Sima Samar, la ministra de Asuntos de la Mujer de
Afganistán y apenas una de las dos ministras en el gobierno de
Hamid Karzai instalado por Occidente, fue obligada a dejar su
cargo este verano debido
a amenazas de muerte?
Esta cooptación del feminismo sin cuidado alguno hacia las mujeres
en el terreno no deja de tener sus consecuencias - aunque,
predeciblemente, no son los colonizadores quienes las sufren.
Ahmed escribe: "El uso que el colonialismo hace del feminismo para
promover la cultura de los colonizadores y socavar la cultura
nativa le ha... impreso al feminismo en sociedades no occidentales
la
mancha de haber servido como un instrumento de la dominación
colonial, convirtiéndolo en sospechoso ante los ojos árabes y
vulnerable a la acusación de ser un aliado de los intereses
coloniales".
De hecho, muchas mujeres musulmanas sospechan del feminismo de
estilo occidental justamente por esa razón, un hecho que es
crucial que comprendan las feministas de Occidente, antes de que
hagan como Cromer e insistan en que la eliminación del velo es el
camino para todo tipo de liberación. La creciente islamización de
las sociedades árabes y el impacto neocolonial de la guerra contra
el terrorismo han significado, según la académica Sherin
Saadallah, "el feminismo secular y el feminismo que imitan al de
Occidente
tienen problemas en el mundo árabe".
Sin embargo, el hecho de las mujeres árabes rechacen el feminismo
de corte occidental no significa que acepten la subyugación de
su sexo. Las musulmanas deploran la misoginia tanto como las
occidentales, y saben que las sociedades islámicas también las
oprimen; ¿por qué no habrían de saberlo? Pero, para ellas, la
liberación no implica destruir su identidad, religión o cultura, y
muchas de ellas quieren conservar el velo.
En reflejo de ello, un particular tipo de feminismo musulmán se ha
desarrollado en años recientes, el cual no es ni occidentalizado y
secular, ni islamista y ultratradicional. Por el contrario, está
tratando de desmantelar aquello que refuerza la subyugación
femenina
dentro del marco islámico. Leila Ahmed y Fatima Mernissi son voces
teóricas significativas, cada vez más relevantes e influyentes.
Y en Occidente, a las feministas les queda el hecho de que sus
propias creencias están siendo pisoteadas por líderes mundiales en
nombre de una causa que no hace nada por las mujeres a quienes
fingen proteger. Esto no es sino un abuso contra el feminismo que
desacreditará aún más la causa del feminismo occidental en el
mundo árabe, así como aquí. Cuando George W. Bush expresa
eslóganes feministas, es el feminismo el que pierde poder.
Pero ese plagio es congruente con el espíritu de estos tiempos. El
feminismo es utilizado para cualquier cosa estos días, excepto
para la lucha por la verdadera equidad. Es usado para vender
capacitadoras/es, para justificar las mutilaciones corporales,
para
conseguir que las mujeres hagan pornografía, para ayudar a los
hombres a librarse de acusaciones de violación, para asegurar que
las mujeres sientan que se respetan a sí mismas porque usan una
marca de champú que eleva la autoestima. No es extraño,
entonces, que también esté siendo utilizado como una razón para
bombardear a las mujeres, las niñas y los niños.
Traducción de Laura E. Asturias
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