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9 de julio de 2002
Mario Vargas Llosa desmenuza la arrolladora personalidad de Flora
Tristán
El escritor dicta en la UIMP un curso sobre la coprotagonista de
su nueva novela
JOSÉ ANDRÉS ROJO | Santander
'He debido tener un cuidado escrupuloso para no contar todo lo que
le he ido inventando a la
vida de Flora Tristán', comentaba Mario Vargas Llosa (Arequipa,
Perú, 1936) después de la
rueda de prensa que ofreció ayer en el palacio de la Magdalena de
Santander. Se refería al
curso que había iniciado horas antes con su primera lección, Flora
Tristán en su tiempo:
entre París y Perú. El escritor se ocupará durante dos días y
cuatro clases de la
personalidad de uno de los dos grandes personajes de El paraíso en
la otra esquina, su última
novela. El otro es Paul Gauguin, nieto de Tristán.
'En 1838, el marido de Flora Tristán, André Chazal, la espera en
una calle de París armado
con dos pistolas. Sólo dispara una bala, que se aloja al lado del
corazón de su mujer. Pero
no la mata'. Ése fue uno de los episodios que Mario Vargas Llosa
contó en la primera lección
del curso que, con el título Flora Tristán, agitadora y feminista,
inició ayer en la
Universidad Internacional Menéndez Pelayo.
Serán cuatro lecciones. A las dos que impartió ayer seguirán las
que dicte hoy, Paseos por
Londres (París 1840) y La Unión Obrera. El Diario de Viaje
(1843-1844). Cuatro miradas para
resumir la vida de una mujer 'a la que siempre le fue mal'. Y que,
sin embargo, fue capaz de
convertir sus desgracias en otra cosa. 'Nunca se rindió. Y gracias
a la fuerza de su
carácter, a su imaginación y sensibilidad, transformó las miserias
que le tocó vivir en la
materia que inspiró su obra. Una obra que estuvo marcada en todo
momento por el afán de
liberar a la mujer de las servidumbres a las que estaba atada',
explicó Vargas Llosa.
'No soy biógrafo, soy novelista', dijo el autor en la rueda de
prensa. Durante su lección,
sin embargo, se comportó como biógrafo, como estudioso de la
figura en la que se ha inspirado
para construir uno de los personajes de El paraíso en la otra
esquina, que Alfaguara
publicará este año (y el escritor prefirió no dar ninguna fecha).
¡Vaya biógrafo! Vargas
Llosa siguió paso a paso las vicisitudes de Tristán, pero el genio
del escritor surgía en
todo momento. 'Era una mujer menuda, muy vivaz. De cabellos negros
y tez muy blanca. Cintura
de avispa. En Arequipa la llamaban la andaluza y todos cortejaban,
halagaban y seducían a la
francesita'. Con cuatro brochazos, el retrato de una dama.
Vida proletaria
Flora Celestina Teresa Henrietta Tristán y Moscoso nació en París
en 1803. Fue hija de un
coronel peruano adscrito al ejército español que se casó en Bilbao
con una francesa. No lo
hizo de una forma muy ortodoxa. Su padre muere cuando tenía cuatro
años y la familia no
reconoce el matrimonio. Primera desgracia: la niña y su madre
pierden el desahogo burgués en
que vivían en París, y se ven condenadas a proletarizarse. 'Vivían
en un barrio miserable, en
una calle repleta de vagabundos, prostitutas y bares de mala
muerte'.
Siendo muy joven, Flora empieza a trabajar en un taller de
litografía, y en 1821 se casa con
su propietario, André Chazal. Segunda desgracia: es empujada a un
matrimonio que la hace
infeliz. 'De esa experiencia surgiría su odio al sexo y al
matrimonio, que consideró una
institución intolerable, en la que la mujer es vendida a un hombre
que la convierte en su
esclava y sirvienta', apostilla Vargas Llosa.
Cuando Flora Tristán está embarazada de su tercer hijo, abandona a
su marido. Tercera
desgracia: 'Dejar el hogar suponía para una mujer de entonces
convertirse en una perdida y
una delincuente'. Vienen años oscuros, de los que se sabe poco.
Tristán vive en la
clandestinidad, se traslada a Inglaterra, donde probablemente
trabaja como sirvienta.
De regreso a Francia, en 1829, una casualidad tuerce el rumbo de
sus días. En un bar, un
marinero escucha el nombre de Tristán y se presenta a Flora. Le da
noticias de una familia
que con ese nombre vive de forma opulenta en Arequipa, Perú. Es la
familia del hermano menor
de su padre. Flora le escribe. Más adelante, y tras seis meses de
viaje, la francesita
desembarcaría en 1835 en Arequipa para reclamar su herencia.
Cuarta desgracia: su familia del
otro lado del Atlántico no comparte esa opinión. Pero la tratan
bien. Nada más llegar, le
regalan una esclava.
'Flora Tristán regresa a París transformada en otra persona',
sentencia Vargas Llosa. La
mujer menuda que llevaba aguantando desgracia tras desgracia se ha
transformado en una
agitadora. 'Como habían hecho otros grandes utopistas de su época,
se propone diseñar la
sociedad perfecta desde el punto de vista de la mujer'. Tristán ha
comprendido en Perú que la
mujer puede ser independiente. Frecuenta círculos intelectuales.
Estudia, trabaja, escribe.
Publica sobre la necesidad de prestar una ayuda a las mujeres
extranjeras. Comienza a ser
reconocida.
Quinta desgracia: su marido le pega un tiro. Le ha intentado
quitar a sus hijos, la ha
llevado a juicios, ha desatado el escándalo público. La bala que
no la mata en realidad la
libera. Su marido va a la cárcel. Flora Tristán puede dedicarse a
su radical desafío
político.
Le quedan unos cuantos años de actividad desenfrenada hasta su
muerte, en Burdeos, en 1844.
Viaja a Inglaterra. Se convence allí 'de que la mujer por sí sola
no va a conseguir la
emancipación', comenta Vargas Llosa, ese biógrafo que está a punto
de concluir su primera
lección.
No se oye una mosca en el aula Bringas del palacio de la
Magdalena. Flora vuelve a Francia.
'Sabe ya que la lucha por la liberación de la mujer sólo puede
tener éxito al lado de otros
oprimidos, los obreros'. Publica varios libros, entre ellos La
Unión Obrera. Quiere cambiar
el mundo de forma pacífica. Se vuelca a crear comités de obreros y
mujeres. El mundo empieza
lentamente a cambiar gracias al carácter arrollador de una joven
feminista. 'Cuando las
utopías han intentado plasmarse en la realidad han producido
muchos infiernos', dice Vargas
Llosa. 'Pero algunos de sus elementos son los que poco a poco han
conseguido transformar el
mundo'.
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