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Argumentos para el cambio #50, abril, 2002
Para existir necesitamos la palabra
¿Sabía usted que los idiomas tienen sexo? ¿Que el árabe y el
español son los idiomas
más sexistas y el finlandés el menos sexista? Esto que parece tan
extraño, se debe a
la casi inexistencia dentro de algunos idiomas de términos neutros
que permitan
nombrar algo sin asociarlo a lo femenino o lo masculino y en la
práctica se usa el
masculino como sinónimo de lo universal.
Tal vez usted nunca se ha detenido a pensar en esto y no le choca
que se use el
género masculino para referirse a hombres y mujeres y que la
palabra niños se refiera
a niños y niñas. Este uso aparentemente inofensivo no sólo
invisibiliza a las
mujeres, tampoco da cabida a sus experiencias y vivencias en las
actividades en que
participan conjuntamente.
El lenguaje es un atributo que diferencia a los seres humanos de
los animales,
gracias al cual pueden tomar distancia del presente, de su
realidad inmediata,
recordar el pasado y anticipar el futuro. Gracias al lenguaje las
personas comunican
sus sentimientos, sus valoraciones e interpretaciones de la
realidad.
En la medida en que reconstruye la realidad, el lenguaje expresa
las desigualdades
que caracterizan a una sociedad. El uso del género masculino para
referirse a las
personas pone al descubierto el mayor poder y prestigio de los
hombres en casi todas
las sociedades.
El idioma es algo vivo, está en permanente cambio y la experiencia
de las nuevas
generaciones lo va enriqueciendo y modificando.
Un significativo movimiento de mujeres ha puesto en cuestión el
sexismo del lenguaje
y se ha propuesto no sólo cambiar la posición de la mujer y
transformar positivamente
las relaciones entre hombres y mujeres sino que también se ha
comprometido a plasmar
estos cambios en el lenguaje. Esta tarea reviste gran importancia,
ya que el lenguaje
contribuye a perpetuar la discriminación.
ARGUMENTOS PARA EL CAMBIO quiere contribuir al proceso como una
forma de avanzar en
la democratización de las relaciones entre hombres y mujeres en
todos los planos,
desde la intimidad, la familia y la economía... hasta el lenguaje.
El poder de la palabra
Como dice la investigadora catalana Eulalia Lledó "la lengua,
además de expresar la
realidad, la estructura". La lengua condiciona y limita el
pensamiento, la
imaginación y el desarrollo social y cultural. Ampliar y
flexibilizar el lenguaje
para lograr que nombre las nuevas realidades sociales resulta
fundamental.
Cuando nombramos a una persona, le damos nombre a un paisaje, a
una sonata, a un tipo
de viento, resaltamos su existencia, la individualizamos,
afirmamos su singularidad.
Al contrario, las personas o cosas que no se nombran permanecen
como telones de
fondo, ocultas y entreveradas. Este proceso de reconocimiento a
través de la palabra
no sólo trasluce las representaciones de la realidad que tiene una
cultura sino que
influye en el poder y estima personal de las distintas
colectividades e individuos.
El hecho de que frecuentemente los profesores recuerden más los
nombres de los
varones del aula expresa no sólo la mayor valoración y las
expectativas frente a
ellos, sino también se constituye en un mecanismo de desmotivación
de las mujeres
frente a su futuro. Al hablar sólo de médicos, arquitectos o
ingenieros se está
negando la existencia de las profesionales mujeres e induciendo a
un menor
reconocimiento y confianza hacia sus capacidades por parte del
medio social.
Ahora bien, los idiomas actuales tienen una historia, emergieron
en períodos en que
la realidad era diferente. Por eso mismo, cuando las nuevas
generaciones aprenden una
lengua están interiorizando un conjunto de valores, actitudes,
conocimientos y
prácticas sociales que aunque no se correspondan con los del
presente, influyen en la
organización e interpretación de su experiencia, su medio y las
personas que les
rodean. Todavía opera la percepción de la mujer como propiedad del
hombre en noticias
periodísticas del tipo "la mató porque la amaba". Si se trata a
las trabajadoras de
señoritas o a sindicalistas mujeres de féminas se las está
desvalorizando como
trabajadoras y banalizando su participación en acciones públicas a
favor de los
trabajadores.
No obstante, al mismo tiempo que permanecen expresiones que no se
adecuan a la
realidad actual emergen nuevas expresiones y conceptos que
cristalizan las
transformaciones sociales en curso y las nuevas relaciones de
poder en las
sociedades. Hace veinte años por ejemplo, la palabra "ministra" no
tenía su reflejo
en la realidad chilena, hace diez años, muchas veces se hablaba de
la "señora
ministro", pero hoy ya no es extraño decir ministra porque hay
cinco en el Gabinete.
El porcentaje de ciudades norteamericanas donde se habla español y
la aparición de
palabras en este idioma en el uso corriente son consecuencias de
la migración de
latinos y de la fuerza de sus costumbres. La generalización del
idioma inglés
manifiesta la hegemonía de Estados Unidos y de Inglaterra sobre el
resto del mundo.
Su hegemonía en la producción de tecnología y su generalización se
expresa en la
cantidad de palabras inglesas que hemos introducido en el
castellano. En épocas
pasadas el latín era la lengua más prestigiada expresando el poder
de la iglesia.
El lenguaje también crea realidades
El lenguaje es un producto social que acumula y expresa la
experiencia de las
comunidades concretas. La lengua, socialmente construida, influye
en la forma en que
una sociedad se percibe a sí misma y a sus integrantes.
La palabra escrita y los medios de comunicación amplían la
influencia del lenguaje
cuyo alcance no se limita ya a la relación cara a cara, cotidiana,
de las personas.
Los libros, las revistas, la radio y la televisión transmiten una
serie de creencias,
valores y actitudes que configuran nuestras concepciones del mundo
y nuestra
percepción de la realidad. Decir dama a las profesionales, madres
a las mujeres, en
el primer caso subordina las profesionales al hecho de ser mujer,
y en el segundo,
reduce a la mujer a su única dimensión de madre.
A través de las palabras, los mitos y las narraciones se va
moldeando la subjetividad
individual y colectiva en una sociedad. Cuentos como el de la
cenicienta, por
ejemplo, estimulan la sumisión y entrega de las mujeres, mientras
que el gato con
botas desarrolla el espíritu aventurero y audaz de los hombres. A
lo largo de la
historia es más común encontrar la palabra "bruja" referente a un
personaje femenino
que la palabra "sabia", aunque en ambos casos estamos hablando de
alguien que tiene
acceso a conocimientos poco comunes. En el primer caso la
connotación es negativa y
en el segundo positiva y es evidente que en la imaginación de las
generaciones de
niños y niñas que han escuchado esos relatos se perfila "sabio"
como un hombre bueno
y "bruja" como mujer mala.
Podemos decir entonces, en palabras de Mercedes Bengoechea, "todo
cambio lingüístico
tiene su origen en transformaciones sociales y éstas, a su vez, se
ven reforzadas y
alentadas por los cambios en la lengua". Esto quiere decir que en
la medida en que
las mujeres se han incorporado fuertemente en todos los espacios
de la vida social
han surgido nuevas palabras destinadas a nombrar esa nueva
realidad como por ejemplo
"Embajadora" ya no quiere decir "esposa del embajador" sino "una
representante de su
país en otro". Esto es algo que comprendió la UNESCO cuando
promovió la feminización
de todas las profesiones y consideró correcto decir
"abogada""ingeniera" y otras.
Un cambio voluntario
De manera voluntaria podemos contribuir a eliminar los rasgos
sexistas en el lenguaje
que usamos todos los días y paulatinamente enriquecer el idioma
con nuevos términos y
nuevas expresiones. En la conversación diaria podemos estar
atentos a los términos
que implican discriminación hacia las mujeres; cuando escribimos
podemos hacer
esfuerzos por buscar sinónimos y frases que hagan más clara la
comunicación, por
ejemplo no decir niños, sino la infancia, no decir ciudadanos sino
la ciudadanía, no
decir "el hombre" sino "la humanidad". También es importante que
aprendamos a hacer
humor basado en otros temas y situaciones que no sean
necesariamente "la suegra", "el
gay" o "la mujer" considerada como un estereotipo. Hay muchas
situaciones a las
cuales es posible sacarle su lado divertido, sin necesidad de
recurrir a las típicas
situaciones sexistas, pero se necesita más imaginación. De eso se
trata, de innovar.
SABIA QUE...
v
es sexista decir "el hombre" cuando se quiera hablar de "la
humanidad".
v
es mejor demorarse un poco y decir "niños y niñas".
v
es correcto decir "abogada", "ingeniera" y "rectora".
¿HUMOR?
El género cambia el significado:
Zorro: Espadachín
Justiciero
Zorra: Prostituta
Perro: Mejor amigo del
hombre
Perra: Prostituta
Aventurero: Osado, valiente,
arriesgado
Aventurera: Prostituta
Ambicioso: Visionario, enérgico, con metas
Ambiciosa: Prostituta
Cualquier: Fulano, Mengano,
Zutano
Cualquiera: Prostituta
Regalado: Participio del verbo
regalar
Regalada: Prostituta
Callejero: De la calle,
urbano
Callejera:
Prostituta
Hombrezuelo: Hombrecillo, mínimo, pequeño
Mujerzuela:
Prostituta
Hombre público: Personaje prominente
Mujer
pública: Prostituta
Hombre de la vida: Hombre de gran experiencia
Mujer de la
vida: Prostituta
ARGUMENTOS PARA EL CAMBIO
Centro de Estudios de la Mujer
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en internet:
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