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Martes, 9 de abril de 2002
El País de Madrid, España
ROSA MONTERO
Bobadas
Ya sé que no está de moda hablar del machismo y que vivimos como
si el
feminismo fuera una extravagancia de tiempos pretéritos, la manía
obsoleta
de unas cuantas locas. Es verdad que la situación ha mejorado
mucho en
Occidente y que, en el brevísimo lapso de un siglo, hombres y
mujeres hemos
conseguido cambiar costumbres milenarias. Pero siguen existiendo
unos
prejuicios ramplones que, de puro desconectados con la realidad,
resultan
grotescos. Por ejemplo, una cosa que me saca de mis casillas es el
distinto
rasero con el que algunos juzgan las parejas de edad desigual,
dependiendo
del reparto de sexos. Hablando del rumor de que Sara Montiel, de
74 años, se
había casado con su novio cubano, de 38, El Mundo decía lo
siguiente: 'Es
admirable la vitalidad de esta mujer, aunque quizá no ha calibrado
la
dificultad que implica la diferencia de edad'. Imaginen que algún
medio se
hubiera atrevido a hacer este comentario sobre Cela y Marina
Castaño, sobre
Borges y María Kodama, sobre Anthony Quinn y su mujer...
Impensable,
¿verdad?
Y no es sólo el tema de los años: en la última página del diario
Sur, un
escritor publicó un meritorio artículo pidiendo firmas para salvar
a Safiya
de la lapidación. Lo cual está muy bien, pero el caso es que en el
texto
decía: 'Hay que reconocer que Safiya es más fea que pegarle a un
padre
paralítico. El que se acostó con ella tenía un par, pero eso no
hace al
caso...'.
Por último, y no porque no haya montones de burradas parecidas
todos los
días, sino porque el espacio se me acaba, quería recordar cómo ha
tratado la
prensa a la etarra Idoia López Riaño, La Tigresa. Y no lo digo por
defender
a Idoia, que me parece una persona abominable, sino por defender
la dignidad
de todas las mujeres y por consiguiente también la de los hombres,
porque no
hay indignidad social que no nos manche a todos. Y es que los
medios se
fascinaron hablando de la voracidad uterina de Idoia, y de cómo
hacía el
amor a diestro y siniestro ('como si tuviera conectado el gatillo
con el
clítoris', dijo El Mundo), con un regodeo febril que resultaba
chocante y
que no he visto aplicado a ningún etarra varón, aunque seguro que
habrá
alguno rijoso. ¿O no?
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