Remover el velo no empodera a las mujeres
Kalpana Sharma - Bombay, India
Women's Enews (Estados Unidos), 19-XI-2001
Una de las primeras imágenes que vimos de la "liberada" ciudad de
Kabul fue la de una mujer "liberada" de la burqa. ¿Liberada? Es
posible que, para satisfacer el capricho de un reportero
fotográfico occidental, ella se haya levantado el velo
momentáneamente. Y la imagen, que recorrió el mundo, reforzó la
creencia de que todo lo que se interponía entre las mujeres
afganas y la liberación era un pedazo de tela.
Resulta extraordinario que tantas veces, y tan fácilmente, los
difíciles asuntos del empoderamiento de las mujeres sean reducidos
a este tipo de simbolismo, que permite a legisladores y a los
medios desviarse de las preocupantes cuestiones sobre los derechos
de las mujeres. En el contexto de los países musulmanes, en
particular, "liberal" y "conservador" se han convertido,
respectivamente, en sinónimos de "occidental" e "islámico". El
hecho de que existan opciones en el medio, que combinan el
verdadero espíritu de la religión sin violar los derechos de las
mujeres, raras veces se considera.
Presumimos, por tanto, que una mujer que lleva un velo no podría
estar empoderada; que la subyugación y la forma en que una mujer
se viste van juntas; que, si se les da la opción, a todas las
mujeres les gustaría usar faldas y blusas cortas y pantalones.
Así, en las secciones occidentalizadas de nuestras ciudades
metropolitanas, el "empoderamiento" ha sido reducido a otro tipo
de maquillaje o una línea de vestuario. Es lo externo lo que llega
a simbolizar aquello que de hecho comprende un tejido mucho más
amplio.
Este asunto del vestuario es algo importante para discutir pues
expone muchos mitos. Tomemos, como ejemplo, a las mujeres de Irán:
después que el ayatola Jomeini derrocó al régimen del Shah de Irán
e introdujo una república islámica, los derechos de las mujeres
fueron inmediatamente reducidos. Ellas tuvieron que cubrirse en
público; la policía de la moralidad las golpeaba tanto como lo
hacían los talibanes en Afganistán. No podían salir a la calle con
hombres con quienes no estuvieran relacionadas. Sin embargo, su
derecho a la educación y al trabajo no fue eliminado. Y hoy, con
un régimen más liberal en el poder, las mujeres son evidentes en
casi cada profesión y aun en el gobierno.
Algo de esto fue destacado en una impactante película de la
cineasta iraní Rakshan Bani-Etemad que fue presentada
recientemente en el Festival Internacional de Cine en Mumbai
(Bombay). Es improbable que la película, "The May Lady", gane
algún premio. Pero es importante porque abre una ventana hacia la
vida de una profesional iraní y al hacerlo rompe numerosos
estereotipos. La historia es de una cineasta divorciada que cría
por sí misma a su hijo adolescente. Ella dirige películas que
reciben mucho reconocimiento por las realidades que despliegan.
Maneja su propio auto y vive en un apartamento bien ubicado en
Teherán, una ciudad con altos edificios y mucho tráfico, pero
también con áreas pobres y niñas y niños que venden flores en las
esquinas.
El hijo de la mujer se ha occidentalizado, escucha música pop y
prefiere reunirse con sus amigos en lugar de estudiar. La madre,
por su lado, se siente dividida entre el amor de un hombre y la
hostilidad de su hijo hacia cualquiera que pretenda reemplazar a
su padre. Aunque el tema no es particularmente nuevo, lo diferente
fue la forma en que fue presentado.
En países donde no existen restricciones para cineastas, el hombre
y la mujer serían presentados juntos, tratando de que su relación
funcione. En esta película, el hombre nunca aparece; únicamente se
escucha su voz por el teléfono o se le percibe en las cartas que
le escribía a la mujer. Sólo podemos entender por qué la cineasta
recurrió a este mecanismo si recordamos que en Irán no es
permitido mostrar escenas románticas entre hombres y mujeres en la
pantalla. De hecho, ni siquiera la madre y el hijo se abrazan,
pese a que las familias iraníes son cálidas y demuestran afecto.
Esto se debe a que hombres y mujeres que no están relacionados no
pueden tener contacto físico, aun cuando sólo estén actuando.
Durante toda la película, la madre usaba el "manto", la túnica de
largas mangas que todas las mujeres deben usar, así como un
pañuelo en la cabeza. Sin embargo, también se la muestra corriendo
con pantalones claramente visibles debajo del manto, dirigiendo a
un camarógrafo durante una toma, editando la cinta, comiendo sola
en un café y hablando con los hombres en su oficina. Estas
imágenes desafían las concepciones erradas que surgen acerca de
las mujeres iraníes en la limitada cobertura noticiosa sobre ese
país.
Imaginamos que con las restricciones acerca del vestuario, a las
mujeres también se les niegan otros derechos. Esta imagen ha sido
grandemente reforzada debido a las acciones de los talibanes en
Afganistán. Pero cada país musulmán no es igual a Afganistán. Y en
Irán, como se muestra en la película, una mujer profesional urbana
puede sobrevivir dentro de estas restricciones aunque la gente en
los campos creativos querría una mayor libertad de expresión.
Otra cosa que también surge es el hecho de que los dilemas que
esta mujer iraní enfrenta son universales: cómo ser una "buena"
madre y a la vez encontrar una forma de satisfacer sus propias
necesidades profesionales y personales, además de cómo proteger a
su hijo sin hacerlo incapaz de manejar las duras realidades fuera
del hogar. La película suscitó algunas preguntas comunes: ¿Bajo
cuáles normas deberíamos juzgar las vidas de las mujeres en un
país y una cultura diferentes? ¿Son lo liberal y lo occidental
necesariamente lo mismo? ¿Acaso no han llegado desde Occidente
algunas de las tendencias más conservadoras e intolerantes,
basadas en el odio y la exclusión por razones de raza o color de
la piel?
Mary Dejevsky, en un artículo en El Independiente (Londres,
20-XI-2001), expresa algo de lo que se siente después de mirar la
película "The May Lady": "El quemar la burqa no generará
automáticamente derechos para las mujeres donde éstos no existan.
Las mujeres pueden carecer de poder estando cubiertas o
descubiertas, y en sociedades de abierta dominación masculina
pueden ser más vulnerables". La autora se refería a Afganistán. De
hecho, esas palabras (con uno que otro cambio) podrían aplicarse a
cualquier sociedad, en el Este o en Occidente.
Kalpana Sharma es subdirectora de The Hindu, un prominente
periódico en inglés.
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